El Puente de los Espías (Bridge of Spies), de Steven Spielberg

BridgePosterDesde que sus caminos se cruzaran en la pantalla con “Salvar al Soldado Ryan” Steven Spielberg y Tom Hanks nos han regalado tres películas (dos soberbias, una correcta) y un díptico televisivo sobre la II Guerra Mundial (“Band of Brothers”, “The Pacific”). La excelente relación entre ambos auguraba que volverían a encontrarse en una nueva aventura cinematográfica. Afortunadamente así ha sido.

En plena Guerra Fría James Donovan, un abogado de Brooklyn, es contratado para defender al espía soviético Rudolf Abel y negociar su intercambiarlo por el piloto norteamericano Francis Gary Powers.

El hombre firme y el hombre tranquilo

De entre las maravillosas escenas que pueblan el film creo que una de las más representativas es aquella en que unos pequeños ven en el colegio una proyección sobre del efecto de la bomba atómica. El video alerta de lo catastrófico que sería si los rusos lanzaran una bomba contra ellos. Justo después los jóvenes se levantan y cantan el himno americano frente a su bandera. En esa breve secuencia, que fácilmente se podría catalogar de ensalzamiento americano, encontramos el mayor arma en toda contienda: el miedo, inyectado en el pueblo por medio de la manipulación.
La Guerra Fría fue una contienda tensa entre las dos mayores potencias del mundo. No se usaron ejércitos ni se invadió ningún país. Fue una batalla por la información ajena. Un peligroso juego de ajedrez en que cada bando tenía sus peones en forma de espías infiltrados en el país contrincante.

Dentro de ese contexto histórico la ficción se ha nutrido para crear historias ya míticas en el imaginario popular. Desde las novelas de John Le Carré hasta las historias de James Bond. Fue la época que popularizó la figura del espía. Spielberg viaja en esta ocasión a aquella época, ampliando así su visión cinematográfica de la Historia, para narrar, no la historia de un espía, sino la de un hombre que se vio envuelto en el conflicto y demostró que el diálogo consigue más que las armas.
Al contrario de lo que parece, “El Puente de los Espías” no es una película de espionaje, ni siquiera podría catalogarse de thriller, sería más bien un drama de aventuras con pequeñas pinceladas de suspense en donde el director vuelve a incidir en la figura del héroe. James Donovan personifica la honradez y la dignidad. Obligado a defender a un preso ya condenado, el abogado no cesará por darle la mejor cobertura legal que esté en su mano, ganándose así los insultos y desprecios de amigos y conocidos. Es un defensor de causas perdidas, un caballero sin espada que luchará sin descanso por conseguir el mejor resultado posible, al principio con Abel en los juzgados de Estados Unidos y luego en Berlín Oriental, cuando negocie a dos bandas el canje del espía sovietico.

Uno de los triunfos del film es saber criticar a los gobiernos ambos bandos. Casi siempre en el cine de espías los soviéticos acaban representados como villanos, pero en ésta ocasión los norteamericanos no resultan tan buenos como los suelen pintar. Se remarca esa sociedad paranoica y llena de miedo que, por desgracia, a día de hoy sigue existiendo y se ha llegado a globalizar de forma aterradora. Los encargados de las operaciones están más preocupados por conseguir resultados de manera urgente que por entablar un diálogo que llegue a buen puerto, mientras los ciudadanos de a pie no dudan en dar la espalda a uno de los suyos cuando ven que defiende honradamente al contrario.
La relación entre Donovan y Abel rompe el reflejo de enemistad que suele existir entre dos rivales. Ambos miran por los intereses de sus respectivos países, y, como bien dice Abel, “el jefe puede no llevar siempre la razón pero sigue siendo el jefe”, lo que quiere decir que por poco que les guste su cometido es el que tienen que cumplir. Tal vez por eso el recluso soviético se muestre siempre tranquilo, sin inmutarse ni cuando están a punto de condenarle. Sin embargo, entre ambos se establecerá una relación de cordialidad y dialogo que llegue a alcanzar incluso la amistad como bien demuestra ese precioso instante que viven juntos en el puente Glienicke, que sirve de título para el film.

BridgeAbel

La película consta de dos partes claramente diferenciadas gracias a la ambientación y fotografía. Una primera marcada por el juicio de Abel en donde se paladea todo el clasicismo propio del género, mientras en paralelo se van insertando fragmentos del piloto Powers y su adiestramiento para pilotar el avión U2 y su posterior derribo y captura. La segunda parte tiene lugar cuando Donovan recibe una carta que pondrá inicio a su aventura en el Berlín Oriental. En este fragmento tenemos también insertada otra historia, como es la del estudiante americano, la cual queda menos desarrollada que la del piloto.

Cuando una película lleva el sello de Steven Spielberg en el apartado de dirección puedo respirar tranquilo, porque sé que por menores que sean los resultados siempre tendrán una digna calidad. Por suerte, no hay nada menor en la cinta. Tres años después de “Lincoln” el director sigue demostrando su absoluto dominio en la narración cinematográfica. Desde ese inicio en que va abriendo el plano y encuadrando a Abel entre su autorretrato y su reflejo en el espejo hasta el final, Spielberg nos ofrece una nueva lección de cine. En ésta ocasión el director crea una cinta digna heredera del mejor Capra en su primera mitad, la del juicio, para después realizar un ejercicio más cercano al cine de suspense que ejercitarán Hitchcock o incluso Wilder en el bloque de Berlín.
Si hay una palabra que sienta bien al film a la hora de describirlo es Clásico. Spileberg ha alcanzado la madurez suficiente a nivel cinematográfico para catalogarlo como clásico vivo, pero cuando me refiero a que “El Puente de los Espías” es clásica es porque hay un ella un aroma como hacia años no se veía, como si fuese un vino que se ha tenido escondido hasta el momento justo para descorcharlo y catarlo. Es tal la elegancia, el cariño, la sencillez, el cuidado con el que está hecha que uno no puede sino sentir admiración. Un Gran Reserva cinematográfico por rematar el simil.
Entre las secuencias más remarcables del film encontramos la de apertura, la persecución bajo la lluvia, la construcción del muro de Berlín cuando se nos presenta al estudiante americano, el intento de huida a través del muro que contempla Donovan desde el tren y el tramo final en el puente. Sobre el final creo que hay que hablar del manido americanismo con el que a veces se quiere catalogar el cine de Spielberg, y más aún cuando tiene a Hanks de protagonista. Basta ese subrayado, tal vez caprichoso, en que unos niños de Nueva York corren para comprobar que siempre hay gente huyendo y saltando muros, además de que quien contempla la escena recordará de por vida los horrores que vio. Un final con más sombras que luces, aunque pudiera parecer lo contrario.

BridgeSpies

El guion está firmado por Matt Charman, pero posteriormente se pidió una nueva revisión de manos de los Hermanos Coen, quienes introdujeron elementos cómicos. Efectivamente destacan las situaciones de comedia, algunas de hecho bastante remarcadas (la familia de Abel), pero eso no desmerece al conjunto, que luce en especial en las conversaciones entre Donovan y Abel. En especial me encanta la presentación del abogado protagonista, en un dialogo que resume perfectamente tanto su personalidad como la trama de la cinta.
Algo que llama la atención, y que ya sucedía en “Munich” o “Lincoln”, es la escasa presencia musical en el film. A ello hay que añadir la ausencia del colaborador habitual de Spielberg en dicha índole, John Williams, cosa que no sucedía en su filmografía con la excepción de “El Color Púrpura”. En sustitución del maestro, que no pudo participar por problemas de salud y el tiempo que le robo la nueva entrega de “Star Wars”, se contrató a otro gran compositor actual como es Thomas Newman quien consigue suplir a Williams con una composición elegante sin perder su particular estilo característico.
El montaje de Michael Kahn vuelve a resultar perfecto, jugando con las elipsis, otorgando una fluidez al relato asombrosa. La fotografía de Kaminski encuadra a la perfección el contexto donde se desarrolla la acción, aunque volvemos a apreciar su cariño por los contraluces excesivos. La dirección artística está cuidada al detalle para transportarnos a ésa época histórica, en especial en la parte que se desarrolla en Berlín.

Siempre he considerado a Tom Hanks como digno heredero de los actores norteamericanos clásicos, y más en concreto como el James Stewart de nuestra época. Parece que conscientes de ello tanto él como Spielberg decidieron que Donovan debía tener cierto estilo James Stewart, y lo han conseguido. Es su trabajo que más rememora al del célebre protagonista de “Vértigo”. Además, como sucediese con Stewart, Hanks personifica a la perfección al ciudadano de a pie, al que puede otorgar su aire noble y firme de forma perfecta. James Donovan es la personificación del hombre recto, honrado, luchador de lo justo, buen padre y marido. Un héroe sin más armas que su diplomacia. A su lado Mark Rylance se muestra contenido como Rudolf Abel, el espía soviético. El prestigioso actor británico realiza una brillante interpretación llena de calma y sinceridad que consigue la simpatía del espectador desde el primer instante. Alan Alda es el jefe de Donovan en el bufete con una interpretación me recuerda a la que ya nos ofrecía en “El Aviador”. Amy Ryan está bastante desaprovechada como la esposa de Donovan, quien teme las represalias que puede sufrir su familia por culpa de la decisión de su esposo de defender a Abel. Sebastian Koch es Vogel, abogado de la familia de Abel y miembro de la República Democrática Alemana que quiere negociar con Donovan.

“El Puente de los Espías” recupera el aroma a cine clásico de manos del mejor Steven Spielberg. Su historia está narrada de manera sencilla y podemos encontrar en ella ecos que atemorizan el tiempo presente. Esperemos que sigan existiendo personas que, cuando azote la tormenta, medien y se descubran como héroes.

Lo Mejor: La dirección de Spielberg. Hanks y Rylance. El montaje. La dirección artística.

Lo Peor: La historia del estudiante americano, muy secundaria.

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