MaxPosterEn un mundo postapocaliptico una mujer se revela contra el tirano que domina con mano de hierro la Ciudadela, huyendo de la misma con un grupo de mujeres. En su camino se cruzará Max.

Casi dos décadas se llevaba hablando sobre una nueva entrega del personaje creado por George Miller e interpretado por Mel Gibson allá por 1979 que se convirtió en todo un icono del cine de acción y ciencia-ficción, además de en todo un fenómeno del cine australiano que dio para dos entregas más, la soberbia “The Road Warrior” y “Beyond Thunderdome”. En un principio siempre se especuló sobre el regreso de Gibson, pero los continuos retrasos del proyecto y sus problemas de cara a la opinión pública para cuando se quiso dar luz verde lo impidieron. En 2009 se anunció oficialmente el proyecto con Charlize Theron a bordo. Para sustituir a Gibson como Max Rockatansky se eligió al por entonces no tan conocido Tom Hardy. La producción comenzó en 2012, llegando a las pantallas tres años después.

Un proyecto como “Fury Road” tenía todas las papeletas para ser un fracaso. Continuos retrasos en el inicio de rodaje. Larga postproducción con variaciones en el montaje. Cambios en la fecha de estreno. Nada pintaba bien. Pero llegó la Comic-Con de San Diego de 2014 y el director George Miller presentó un avance. Y las dudas se evaporaron. Aquello parecía ser grandioso. Y lo fue.

Poesía demencial

Un hombre está junto a su coche, observando el desierto que se expande a sus pies. Un escarabajo se le acerca. El hombre, sin inmutarse, pisa al insecto y se lo come. Ruido de motores lejanos. El hombre se sube a su vehículo. Comienza una persecución. Comienza el espectáculo. Arena con color a fuego. Coches de aspecto prehistórico. Hombres de tez pálida y rostro calaverico adictos a la sangre ajena. Una mujer marcada y con un brazo mécanico. Un cacique gigantesco con salpullidos y estrías atado a un respirador. Esclavos implorando agua. Velocidad. Tambores. Fuego. Ruido. Furia.
A sus ya 70 años George Miller da un golpe sobre el actual panorama cinematográfico y demuestra cómo se debe hacer cine de acción. Con vigor, energía, rabia, clasicismo y momentos poéticos. “Mad Max: Fury Road” sigue el canon que se estableciese hace ya más de 30 años para contarnos una road movie con aroma a western, vertiginosa, demente y explosiva, donde caben multitud de referencias mitológicas y lecturas que se pueden extrapolar a la realidad de hoy día.

Cada cual está libre de elegir la lectura del film que prefiera, a mi personalmente me gusta ver en ella un espectáculo de acción donde se vuelve a luchar contra la tiranía encarnada por el repugnante Immortan Joe y su familia. Una aventura donde una mujer toma las riendas y decide poner fin a la esclavitud que sufren las mujeres a las que Joe utiliza como meros envases reproductores. Y en medio aparece Max, tan apático como siempre, pesimista con respecto a la realidad en que vive. Un vagabundo del mundo que mira por sus intereses en todo momento. Pero que sigue siendo buena persona.
La imaginería del film es impresionante. Ese mundo desértico con ciudades de diseño industrial y arcaico que ya conocemos de las anteriores películas se amplia con unos personajes icónicos, rompedores. De entre ellos, y a parte del dúo principal, destacan el ejercito de soldados de Immortan. Calaveras andantes enganchadas a la sangre de esclavos que sólo sirven para conducir por su jefe. El volante es su arma y la muerte su destino. En un mundo donde unos luchan por subsistir, ellos buscan una muerte que los conduzca al prometido Valhalla. De entre sus filas encontramos a Nux, un ferviente seguidor que sufrirá la evolución más marcada de la cinta al darse cuenta que merece la pena vivir y ofrecer la posibilidad que otros vivan.

“Mad Max: Fury Road” es pura artesanía. Miller y su equipo realizaron un trabajo titánico por crear una película que se sintiera real, con el uso del CGI restringido a momentos puntuales como la sobrecogedora tormenta de arena. Y el resultado es sobresaliente. La acción se palpa y se siente durante todo el viaje.

MaxFuriosa

Al igual que pasó con “Terminator 2”, “Mad Max: Fury Road” marcará época. Si hay algo con lo que puedo comparar a la cinta cuando la vi en cine es con un concierto de rock, y la presencia del rockero loco que escupe fuego a través de su guitarra ayuda a ello. Como un repertorio de canciones, las secuencias se suceden otorgando una variación de la anterior, sin lugar para la repetición, sorprendiendo. Es un viaje asfixiante, loco, una partida y regreso que ya le hubieses gustado realizar a Peter Jackson para su Hobbit.
Claro que la grandeza de la cinta no sólo radica en la fenomenal ejecución de sus escenas, sino en la sensibilidad con la que se narran los bloques dramáticos, con cimas poéticas como Furiosa gritando de dolor en el desierto oceánico o Max emergiendo de la arena. También la pelea entre Max y Furiosa me parece excepcional. Una danza de golpes y tirones de cadena que desemboca en tres rápidos disparos sobre la arena.

El guion de la cinta es tan sencillo como perfecto. Las acciones marcan la evolución de los personajes y no hace falta adornarlas con frases que suenen huecas. El montaje es un prodigio, logrando una narración tan agobiante como la que deben sufrir los personajes en la carretera. La fotografía impregnada de colores rojizos y anaranjados es otro logro que otorga más personalidad al film.
Y la Banda Sonora de Tom Holkenborg se acopla a la perfección a la trama, con predominio de la percusión, consiguiendo así que se pase de música diegetica a incidental en las escenas donde los soldados de Immortan marcan el ritmo. Si bien recuerda a su composición creada el pasado año para “300: Rise of an Empire” y a tramos de “Man of Steel” hay que reconocer que, hasta la fecha, es su mejor trabajo para cine.

Respecto al cambio de actor hay una teoría que circula por internet sobre el Max de la cinta presente que me gusta e incluso llegaría a compartir. Y es que aquí Max no es el Max que interpretó Gibson, sino el niño de “The Road Warrior” al que el personaje le dio la caja de música y con el que se llegó a crear una situación afectiva. Así ese niño tomó el testigo de su héroe como hermitaño. Miller y todo el equipo defienden que es el Max que siempre hemos conocido, pero algunos detalles (como las visiones que tiene el personaje de un niño echándole en cara que lo abandonasen, o el rumor de que Gibson aparecía en una escena) me hacen creer que es otro. Sea como sea Tom Hardy vuelve a demostrar grandes habilidades interpretativas en el terreno corporal, con cierta amargura y desencanto propio del personaje. Aún así tengo que decir que eché de menos a Gibson. Junto a él Charlize Theron se erige como la protagonista de la cinta. La actriz sudafricana compone un personaje fuerte que se alza en contra de las injusticias y que lucha por liberar a todos de lo que ella ha padecido desde niña. Imperator Furiosa ha nacido para estar en el panteón de grandes reinas de acción, junto a Ripley y Sarah Connor. Nicholas Hoult se encuentra perfecto como el enfermo Nux, el soldado que sufre la catarsis emocional en la cinta. Hugh Keays-Byrne vuelve a la Saga una vez más como villano dando vida a Immortan Joe, gobernante de la Ciudadela. El forzudo Nathan Jones es el hijo evolucionado de Immortan, Rictus Erectus.

La cinta tuvo su puesta de largo en el Festival de Cannes y fue recibida con todos los elogios, llegando a ser catalogada como la Mejor Película que se vio en el Festival junto a “Inside Out”, ambas fuera de concurso.
Emocionante, hermosa y demencial. “Mad Max: Fury Road” es la película de acción más emocionante desde aquella que dirigiera el Max original títulada “Apocalypto”. Una pasada.

Lo Mejor: Es cine de acción por todo lo alto.

Lo Peor: No está Mel Gibson.