JobsPosterEn Octubre de 2011 fallecía Steve Jobs, cofundador de una de las compañías más exitosas y conocidas en el terreno tecnológico, Apple. Su figura siempre ha levantado tanto entusiasmo e inspiración como rechazo y crítica, y no iba a ser muy tardía una película sobre su persona. De hecho se pusieron en marcha dos proyectos. A los dos años de su fallecimiento llegaría el primero, protagonizado por Ashton Kutcher, que recibió una recepción bastante fría por parte de crítica y público, a pesar de la labor del protagonista de “Colega, ¿Dónde está mi coche?”.
El segundo proyectó tuvo que pasar por más de un obstáculo. Nada más fallecer se dio a conocer el interés del guionista Aaron Sorkin en realizar una película sobre Jobs, con el cual había establecido contacto en el pasado, y para la que utilizaría también la biografía escrita por Walter Isaacson. El reciente éxito de “La Red Social” hizo que también se subiera al carro David Fincher, más aún cuando SONY era la interesada en lanzar el proyecto. Con Fincher dirigiendo y Sorkin escribiendo faltaba saber qué actor encarnaría al celebre genio de la informática. El elegido entonces fue Christian Bale. Pero todo comenzó a torcerse. El proyecto no acababa de despegar, y tanto Fincher como Bale no estaba dispuesto a esperar, embarcándose en nuevos proyectos. La SONY también abandonó impulsar el proyecto, con lo cual Sorkin tuvo que buscar una nueva casa para su visión sobre Jobs, encontrándola en Universal Pictures. El director escogido para realizarla sería el galardonado Danny Boyle, y Michael Fassbender sería el fundador de la compañía de la manzana mordida.

El Da Vinci del S. XXI

Lo reconozco, me gusta Apple. Cada producto suyo que he usado me parece el no va más en tecnología. No voy a hacer publicidad de una compañía de sobras conocida, y menos aún en los tiempos que corren, cuando para adquirir muchos de sus prodcutos parece que se tenga que hipotecar la casa, pero si hay algo que siempre me ha fascinado de la compañía es la expectación que crea a la hora de presentar nuevos productos. Luego podrán ser un timo u ofrecer pocas novedades con respecto a productos activos en el mercado, pero logran captar la atención. Como si del estreno de una película se tratara, usan una estudiada puesta en escena. Es por eso que la película escrita por Sorkin y dirigida por Boyle ya me resulta de entrada interesante.

“Steve Jobs” no es un biopic al uso, es más, a nivel comercial no es raro que haya fracasado del mismo modo que la protagonizada por Kutcher. Sorkin establece un esquema teatral en tres actos desarrollando la acción entre bastidores, justo antes de la presentación de un nuevo producto. El primero en 1984 cuando se anunció el ordenador personal Macintosh 128K; el segundo en 1988 con el NEXT, también conocido como El Cubo, como principal reclamo; el tercero con la llegada al mercado del iMac. El objetivo en conjunto es crear un arco psicológico de Jobs, no sólo por su personalidad sino por la gente que lo rodea.

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Sorprende el hecho de que la cinta no trate de elogiar al fundador de Apple, sino que muestre rasgos de su persona bastante cuestionables que lo llegaron a ganarse los calificativos de narcisista, huraño o distante. Cierto, en el film Steve Jobs se nos muestra como un genio a la hora de tratar de buscar en el campo informático algo que innove y ayude a la vida diaria del ser humano, pero como un auténtico patán cuando se trata de relacionarse emocionalmente (lo que lo entronca con el otro personaje de la informatica al que Sorkin retrató en “La Red Social”). Tal vez por eso busque sin descanso la perfección tanto estética como funcional en los ordenadores, tratando de arreglar aquello que le falta como persona a través de sus obras, las cuales, curiosamente, acaban siendo tan cerradas y exclusivas como él mismo. De hecho más que informático, diseñador o programador, Steve Jobs fue un artista. Como dice a su excolega Steve Wozniack él no necesita tocar ningún instrumento ya que hace que toque la orquesta al unisono hasta conseguir la más bella de las melodías.

Sustituir a David Fincher por Danny Boyle parecía lógico visto el estilo visual, cercano al videoclip, de ambos. Claro que para mi gusto compararlo sería como comparar a Steve Jobs con Bill Gates. Fincher es un genio, mientras Boyle siempre me ha parecido bastante competente y muy acertado en varias de sus películas (“Trainspotting” sigue siendo su mejor obra). Mi mayor temor fue que su estilo frenético hiciera mella en un producto que a priori no lo necesitaba en absoluto, y, una vez vista la cinta, puedo decir que estoy muy sorprendido. Boyle rueda su película más calmada y controlada de todas, consciente de que la verdadera estrella de la función es el guión, o lo que es lo mismo, Sorkin. Así, el director de “Una Historia Diferente” se subordina a las palabras y al buen hacer de su reparto, con leves destellos visuales tan atractivos como controlados, como por ejemplo la conversación entre Jobs y su directora de marketing Joanna Hofmann en que le explica la historia del Skylab. Tal vez la mayor aportación del director fue la de elegir diferentes formatos para narrar cada bloque (16mm para 1984; 32mm para 1988; digital para 1998), lo cual resulta interesante y ayuda al film.

Aaron Sorkin no sólo acaba siendo el guionista de la película sino su padre. Ante la negativa de SONY a realizarla no cesó en buscar quien financiara su personal visión hasta lograrlo. Como el personaje que ha tratado de entender en su última obra, ha luchado contra las fuerzas adversas, y se ha salido con la suya. “Steve Jobs” es muy suya por los diálogos sin freno y la gran cantidad de información que se ofrece. Es curioso que para narrar acontecimiento importantes en la vida del protagonista como la fundación de Apple en el garaje junto a Woszniack o su despido de la compañía se usen breves flashbacks, así como elipsis entre actos que luego traten de rellenarse con los diálogos. Es un acercamiento arriesgado a la par que original para tratar de desmenuzar la personalidad de uno de los personajes más fascinantes de finales del XX y principios del XXI, aunque para ello se vuelva a abarcar hasta el momento en que volvió a Apple por la puerta grande, sin entrar en muchos aspectos de su vida que también son interesantes (la creación de PIXAR por ejemplo). Eso si, me gustó como con una sencillas líneas de dialógo y unos refuerzos visuales se hace alusión a lo que serían los futuros éxitos de la compañía, como el iPad, o el iPod.

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Su naturaleza teatral no sólo se nota en la estructura en tres actos, sino en la similitud entre cada uno de ellos. En el desarrollo de cada uno Jobs entabla conversación con las mismas personas y casi en el mismo orden, lo cual llega a jugar en contra al resultar un poco monótona, en especial en el segundo bloque. Se ha comparado la cinta con la ganadora del Oscar “Birdman” al desarrollarse ambas entre bastidores y centrarse en un personaje principal antes de enfrentarse al público, pero no veo mucho más en común más allá de eso.

A nivel visual la cinta luce bastante atractiva gracias a la fotografía de Alwin H. Küchler, que vuelve a trabajar con Boyle tras “Sunshine”, y a un montaje bien controlado para que no decaiga el ritmo, obra de Elliot Graham. Aunque si hay algo que destacar es la potente música del emergente Daniel Pemberton, que mezcla lo sinfónico con lo electrónico consiguiendo un resultado excelente que se amolde ya no a las imágenes, sino a la personalidad del protagonista. Para mi gusto, de las mejores bandas sonoras del año.

El elenco interpretativo es el otro pilar sobre el que Boyle hace descansar la cinta, y lo hace sin preocuparse en que los actores se parezcan o no a los personajes reales que interpretan. Michael Fassbender no se parece en nada al fundador de Apple, y aún así nos lo tragamos en todo momento. El actor es tan bueno que haga lo que haga resulta verídico, y aquí recrea a Steve Jobs a través de la voz y un excelente control corporal. A su lado destaca la también excelente Kate Winslet como su directora de marketing, asesora y mejor amiga, un personaje que sirve como voz de la conciencia del protagonista, que sufre sus errores y celebra sus triunfos entre las sombras. Seth Rogen está muy correcto como Wozniack y Jeff Bridges vuelve a demostrar su gran profesionalidad como John Sculley, director ejecutivo de Apple. John Ortiz es el periodista Joel Phorzheimer, Katherine Watherston queda algo desaprovechada como Chrisann, la novia de Jobs con la que tuvo a su hija Lisa, a la que da vida en sus difrentes edades Ripley Sobo, Makenzie Moss y Perla Haney-Jardine. Michael Stuhlbarg es Andy Hertzfeld, miembro del equipo de desarrollo de Apple que al principio del film tiene un enfrentamiento con Jobs por que el Mac logre decir hola.

“Steve Jobs” está lejos de ser considerada un biopic, es más un acercamiento fascinante y original a un personaje sin el que entenderíamos la revolución tecnológica que ha cambiado nuestras vidas. Notable.

Lo Mejor: El guion. El reparto. La Banda Sonora.

Lo Peor: Los actos son muy similares.