HatefulPosterA punto estuvo la última película de Tarantino de convertirse en el aborto más doloroso del director. El guion del film fue robado y filtrado en la red, provocando la anulación de la producción. Después el director de Knoxville decidió hacer un pase especial en que los actores previstos para protagonizar la cinta leyeran el guion en el Museo de Arte de los Angeles. La entusiasta respuesta que tuvo el evento animó a Tarantino a recuperar las ganas de realizar el film, para el que modificó un poco el guion. El rodaje comenzó en Enero de 2015 sin grandes complicaciones. Además, si ya había expectación por ver su nueva obra, ésta se acrecentó al conocerse que el legendario Ennio Morricone compondría la banda sonora, y que, además, la cinta se rodaría en formato Ultra Panavisión 70 mm, como las grandes producciones de antaño, en el cual se proyectaría en cines selectos con 17 minutos más de duración. Cuando está a punto de llegar a las carteleras, Tarantino tiene que hacer frente a otros problemas, su película es filtrada en internet y uno de los cines que apalabró proyectarla decide, mediante interferencia de Disney, seguir proyectando “El Despertar de la Fuerza”. Afortunadamente nada de eso impide que el resultado esté a la altura de las expectativas. “Los Odiosos Ocho” es una nueva muestra del genio de Tarantino.

Suspense en el Oeste Nevado

Después de “Django Desencadenado” me sorprendió que el director optara por realizar un nuevo acercamiento al western, pero también me alegró, pues la cinta protagonizada por Jamie Foxx me decepcionó moderadamente. Con “Los Odiosos Ocho”, como pasaba en Django, no encontramos un western propiamente dicho, sino una cinta de suspense situada en el periodo inmediatamente posterior a la Guerra de Secesión.
El film se abre con unas bellas panoramicas de Wyoming completamente nevado. De pronto aparece la figura de un Cristo crucificado con la música sombría de Morricone de fondo. La inquietud se establece. A medio camino entre Agatha Christie, John  Carpenter y el western de Peckinpah, Tarantino cocina a fuego lento un suculento plato donde se encuentran todos los ingredientes que han hecho de su apellido un género en sí mismo. Diálogos largos y elaborados. División por medio de capítulos. Personajes carismáticos. Toques de comedia negra. Explosiones de violencia excesiva. Todo ello bien aliñado con una puesta en escena milimetricamente estudiada.

Una diligencia. Varios viajeros. Una cabaña en medio del gélido valle. Con esos elementos el autor de “Pulp Fiction” crea la obra más tensa de toda su filmografía, además de la más teatral junto a su debut “Reservoir Dogs”. A excepción del principio en la diligencia, donde se conocen cuatro personajes, el resto sucede en la cabaña como si de una obra de teatro se tratara (no en vano se acaba de anunciar por parte del director su deseo de adaptar para el teatro la obra).

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Las mejores obras de misterio son aquellas que lo mantienen hasta el final, y ahí “Los Odiosos Ocho” la clava. Tenemos ochos personajes principales. Un cazarrecompensas. Un verdugo. Una prisionera. Un sheriff. Un vaquero. Un veterano confederado. Un mexicano. Un hombrecillo de ley. Junto a ellos aparecen brevemente otros secundarios. Y un invitado. El más importante. El espectador. Para empezar ninguno de los personajes resulta más protagonista ni heroico que cualquier otro. Es más, a medida que avanza la historia y se van conociendo entre ellos veremos como crece la tensión. Porque no es sólo que interactúen entre sí, sino que el espectador va descubriendo quienes son a la misma velocidad que el resto de personajes. Tarantino convierte así al espectador en participe activo de su trama, encerrándolo durante tres horas junto a esos desalmados y asesinos, ofreciéndole una experiencia casi claustrofobica.

Esa claustrofobia no sólo la transmite el desarrollar la cinta en un solo escenario, sino en la forma que tiene Tarantino de ir desarrollándola. Con calma. La cinta se podría dividir en tres partes en consonancia con sus tres horas de duración. La primera sería toda la presentación de los personajes, empezando por el verdugo Ruth que custodia a Daisy y se encuentra con el Mayor Warren y el recién nombrado Sheriff Mannix. Esos cuatro personajes comparte diligencia durante cerca de media hora. Media hora en donde dialogan y donde nos dejan ver ya rasgos de su personalidad, además de dejarnos caer algo que tenemos que tener muy presente en toda obra de suspense: no todo es lo que parece. Después llegan a la cabaña y conocen allí al resto de personajes. La segunda parte, correspondiente a la segunda hora, sería el desarrollo del misterio en sí, un “Diez Negritos” donde se debe descubrir quién podría estar jugandosela al resto. En estas dos primeras horas Tarantino crea un climax de tensión sostenida similar a la que lograra en la secuencia de apertura de “Malditos Bastardos”, sólo que mucho más elaborado. La tercera hora es la que se podría catalogar como la más tarantiniana de todas al poseer la mayor cantidad de violencia y exceso logrando ser un festín de desenfreno y salvaje locura para rematar la obra.

Al contrario de lo que me pasaba con “Django Desencadenado”, donde vislumbraba cierto desequilibrio en el ritmo, “Los Odiosos Ocho” tiene un ritmo perfectamente llevado que va en continuo in crescendo hasta explotar. Tarantino es sinónimo de calidad visual, y aquí vuelve a lucirse logrando narrar la cinta sin apenas salir de la cabaña, con recursos tan sencillos y tan efectivos como el desenfoque al destacar la acción en segundo termino (brillante el momento en que Daisy toca la guitarra y lo que acontece a su espalda). De nuevo tenemos una conversación narrada con la cámara girando alrededor de los personajes, así como muestras de violencia visceral en donde el director nos regala un momentazo a cámara lenta. También encontramos destellos de humor negro a través de la violencia, como la que descarga el personaje de Kurt Russell sobre el de Jennifer Jason Leigh o todo el bloque final.

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Algo que me ha parecido memorable es la forma que tiene el director de jugar con el espectador. Ya no sólo lo hace participe sino que llega a explicarle cosas introduciendo sus tan famosos flashbacks narrativos, que incluso son apoyados por su propia voz en off.
El guion es fabuloso, ya que además de crear una atmósfera tensa consigue hablar de temas como la camaradería, la rivalidad, el rencor o sobre Estados Unidos, con el fantasma de la Guerra Civil presente.

La fotografía de Robert Richardson luce espectacular ya sea a la hora de mostrar los asombrosos paisajes nevados como encerrándonos en esa cálida y peligrosa cabaña. La música del maestro Morricone ofrece inquietud con unas sencillas notas.
El reparto está formado por varias caras conocidas dentro del universo tarantiniano. Me alegra volver a encontrarme con el Sr. Naranja y el Sr. Rubio, o lo que es lo mismo, Tim Roth y Michael Madsen. Roth parece que sustituye al inicialmente previsto Christoph Waltz vista la locuaz elegancia de su personaje, aunque el actor de “Rob Roy” lo hace suyo por completo. Madsen está imponente como el vaquero callado y tranquilo que está sentado en una mesa a la oscuridad. Kurt Russell no tiene que esforzarse para que creamos que es un hombre del oeste, y Samuel L. Jackson vuelve a bordar el personaje que ha escrito Tarantino para él. Junto a ellos nos encontramos a unos muy competentes Demián Bichir, Walton Goggins, James Parks y Bruce Dern, además de otras presencias invitadas que mejor no desvelar y que resultan del todo sorprendentes. Y junto a todos ellos destaca la presencia femenina de Jennifer Jason Leigh, la cautiva que consigue robarse la función a poco que haga y que protagoniza momentos más propios del géneros de terror que del oeste.

“Los Odiosos Ocho” es un western diferente, auténtico, cercano a la novela de misterio de Agatha Christie, tan divertida como tensa, tan pausada como desatada. Tarantino en su máxima expresión.

Lo Mejor: Que se haya hecho realidad.

Lo Peor: Que casi no se hiciera.