PainPosterDesde que presentase en sociedad “Pearl Harbor” Michael Bay siempre hacía alusión a un proyecto que sería totalmente diferente a lo que llevaba realizando. Según sus palabras se trataba de una comedia de bajo presupuesto similar a “Fargo” basada en un hecho real ocurrido en los 90 en Miami sobre un grupo de culturistas que quisieron extorsionar a un hombre y acabaron por cometer un sangriento crimen. Claro que el proyecto siempre se retrasaba, en especial cuando apareció en su vida la saga “Transformers”. Fue después de la tercera entrega de los robots alienígenas cuando se sentó a hablar con los ejecutivos de Paramount, quienes aceptaron financiar su proyecto a cambio de que él siguiese a bordo de la Saga que tan buenos resultados taquilleros les ha reportado. Así Bay conseguiría por fin realizar “Dolor y Dinero”.

Daniel Lugo es un exconvicto, culturista y monitor de fitness que ambiciona alcanzar el tan prometido Sueño Americano. Para ello decide extorsionar a uno de sus clientes con ayuda de sus compañeros Paul Doyle y Adrian Doorbal, pero lo que parece un plan sencillo acaba en una espiral de violencia.

Mucha musculatura, poca materia gris

Siempre he reconocido mi admiración por el cine de Michael Bay. Si, es cierto, sus guiones conservadores y retrogrados están realizados con un marcado estilo de videoclip donde podemos encontrar un amanecer o puesta de sol con dos personajes besándose, chicas guapas que parecen sacadas del calendario de Victoria´s Secret, militares o agentes de la ley, explosiones, banderas de Estados Unidos ondeando al viento, y, cómo no, contrapicados imposibles (más conocido por mi círculo como contrapicado chulero). Pero al César lo que es del César, el tío te hace virguerias con varias cámaras de forma simultanea y te consigue una película que, guste o no, tiene potencia visual y más de una secuencia memorable. No es extraño, pues, que publicaciones tan prestigiosas como Cahiers du Cinema o el sello Criterion lo consideren un autor.
Con “Dolor y Dinero” Bay logra algo inaudito en su carrera, realizar una película con la tercera parte del presupuesto con que está acostumbrado a trabajar consiguiendo una sátira donde incluso se atreve a hacer un ejercicio de autocrítica.

Los protagonistas personificarían lo que ha sido el cine del director. Hombres hercúleos que poseen de musculo todo lo que les falta de cerebro, capaces de idear un crimen de la forma más chabacana posible y ejecutarlo de manera más idiota aún. Así ha sido (casi) siempre el cine de Bay, películas de gran presupuesto destinadas a amasar millones sin tener que exigir al espectador ni una minúscula célula de su materia gris. Sólo que esta vez Bay es consciente de ello y pega un mazazo sobre todo lo que representa él mismo y la idea de Ámerica que tanto ha pregonado.
El Sueño Americano es lo máximo a lo que todo estadounidense aspira. Lo hemos visto en infinidad de películas, y éste está representado por la búsqueda de la felicidad, triunfando en al amor, el trabajo, logrando la familia perfecta… Para Daniel Lugo el Sueño Americano debía pertenecerle. Así, siguiendo su lema “si me lo merezco debo tenerlo” decide robar toda posesión a uno de sus clientes, el empresario judío Victor Kershaw, quien no cae bien en ningún sitio. Lugo (cuyas figuras a seguir son Tony Montana, Michael Corleone y Rocky) cae simpático a todo el mundo y es fisicamente perfecto, se cree con más derecho que el empresario a tener lo que él tiene, así que decide secuestrarlo y obligarle a dárselo. Claro que la vida, y el crimen, no es tan sencillo como parece en las películas favoritas de nuestro culturista y todo empieza a salir mal. Tampoco le ayudan mucho sus colaboradores. Doorbal está preocupado constantemente por el tamaño de su pene y los problemas de impotencia que vive por culpa del abuso de esteroides, mientras Doyle, que abrazó profundamente la religión, vuelve a caer en los infiernos de la adicción de cocaína. Junto a ellos entra en juego Sorina, una bailarina de Streptease que aspira a triunfar como hiciera Julia Roberts en “Pretty Woman”. El Sueño Americano acaba por desintegrarse para convertirse en la Pesadilla Americana y aparecer la cara menos amable y promocionada del país, donde se nos llega a decir que todo crimen tendrá castigo, personificado aquí por la pena de muerte.

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Cuando Michael Bay mencionaba “Fargo” como referente sabía de lo que hablaba. Tanto la cinta de los Coen como “Dolor y Dinero” hablan de crímenes en apariencia sencillos que van mutando hacía desenlaces terroríficos y sangrientos. Claro que mientras la película de los prestigiosos hermanos era una historia original (brillantemente ampliada a la televisión) la de Michael Bay se basa en un hecho real. La historia parece absurda, pero, como ella misma nos recuerda a través de subtítulos, todo pasó de verdad, y eso nos provoca que la risa se nos congele y llegue a aterrorizarnos. El mundo real acaba por resultar más peligroso que el que nos muestran en la pantalla.
La película se divide en dos partes bien diferenciadas. La primera es la planificación y ejecución del plan contra Kershaw. En este bloque se nota el humor negro, con nuestros protagonistas sin dejar de meter la pata una y otra vez, alcanzando el desfase con su víctima apresada. La segunda parte es cuando todo comienza a salirse de madre y los culturistas empiezan a ser investigados por el detective DuBois. El ritmo es más frenético y el tono llega a ser tan excesivo como los acontecimientos que se desarrollan. Quizás el metraje está algo alargado y Bay se debería haber contenido en el tramo de las Bahamas donde narra la captura de Lugo pero no perjudica al conjunto.

La cinta podría haber tenido una puesta en escena comedida a la altura del presupuesto con que se trabajó, sin embargo el director de “La Roca” no sacrifica ninguna de su personal característica visual, sino que la pone al servicio de la historia. Como si cogiésemos cualquier cinta independiente y la dopáramos con una inyección de anabolizantes aparecen juegos de luces, montaje adrenálinico, planos imposibles, contrapicados chuleros o un travelling de 360 grados que gira de una habitación a otra, todo ello para inflar la historia tanto como lo están sus propios protagonistas. Además del humor que pueden desprender sus frases o situaciones destaca el humor visual que consigue Bay en su puesta en escena, de marcado aire irreverente y gamberro.
El guion está escrito por Christopher Markus y Stephen Mcfeely con un resultado notable, lleno de frases lapidarias y momentos antológicos (cuando Doyle hace flexiones en casa del propietario de la línea erótica). El uso de las voces en off de los personajes es un ejercicio similar al de “Uno de los Nuestros” de Scorsese (el mismo año el maestro estrenó otra obra excesiva como es “El Lobo de Wall Street”, con la que la cinta presente guarda más de un punto en común), a lo largo de la historia entran los diferentes protagonistas facilitando detalles de la historia y dando su particular punto de vista.

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Visualmente la película luce de maravilla, con un llamativo y excesivo colorido que ambiente la atmósfera de Miami y sus alrededores. Bay regresa a la ciudad donde se desarrollaba su Opera Prima y secuela pero dotándola de un aspecto visual mucho más rico, personal y único. Se usaron diferentes cámaras para rodar la película, con especial mención para la Phantom que capta un instante a cámara hiperlenta (la caída de Lugo al principio; la captura de Kershaw) o la Go Pro en puntuales instantes dentro de los vehículos.
Steve Jablonsky vuelve a componer la Banda Sonora para una cinta de Bay con remarcable resultado, mientras temas conocidos (como el Gangsta Paradise) aparecen como subrayado del absurdo.

El reparto está a la altura de los objetivos del film. Mark Wahlberg retoma la búsqueda del Sueño Americano muchos años después de “Boogie Nights” con un personaje tan narcisista y ambicioso como lo era Dirk Diggler. En “Dolor y Dinero” Wahlberg está estupendo como ese entrenador de fitness adicto al ejercicio que ansía alcanzar el éxito. La relación del actor con Bay fue tan buena que repetirían al año siguiente en “Transformers: La Era de la Extinción”. El emergente Anthony Mackie da vida a Doorbal, el culturista adicto al dopping y obsesionado con su pene que ve en la vida delictiva la solución a sus problemas. Tony Shalhoub es Kershaw, el objetivo de los culturistas, un personaje bastante antipático por el no sentimos la más mínima lástima. Ed Harris vuelve a ponerse a las órdenes del director tras “La Roca” para dar vida al detective DuBois, quien parece que tendrá más importancia de la que al final tiene. Aún así siempre es un placer ver a Harris en pantalla. Rebel Wilson es Robin, el interés romántico y posterior pareja de Doorbal, a quien conoce en una de sus visitas al centro donde trabaja, especializado en ampliación del pene. Bar Paly da vida a Sorina Luminita, la joven bailarina de Streptease de procedencia rumana que se cree el cuento de Dani y compañía para participar en el plan. Ahora bien, si hay alguien que destaca sobre el resto ese es Dwayne Johnson, aka The Rock. El deportista convertido en actor siempre ha demostrado poseer un carisma desbordante en toda producción donde ha participado, pero aquí logra además su interpretación más memorable como Doyle, el fervoroso seguidor de Dios que vuelve a caer en las drogas mostrando su lado más salvaje y anarquico. Doyle es la mayor víctima de la trama, un inocentón exconvicto que se rehabilitó pero que fue manipulado por Lugo para cometer un crimen, y al que Johnson otorga, además de su musculoso cuerpo, su corazón. El mejor trabajo hasta la fecha del protagonista de “San Andrés”.

“Dolor y Dinero” fue recibida por muchos como la mejor película de Michael Bay, algo nada descabellado viendo el resultado, donde tema y forma se complementan a la perfección logrando la obra más interesante de su filmografía.

Lo Mejor: Michael Bay demuestra que puede hacer más que robots peleando. Dwayne Johnson.

Lo Peor: Le sobra un poco de metraje. La poca importancia que tiene el personaje de Ed Harris.