CupsLa carrera cinematográfica de Terrence Malick sufrió un paréntesis de dos décadas entre “Días del Cielo” y “La Delgada Línea Roja”, pero desde entonces el director ya ha ofrecido hasta cuatro films, y tiene otros dos más en cartera. De entre esas cuatro obras la más destacable es “El Árbol de la Vida”, por la que consiguió la Palma de Oro. Tras ella el director ha seguido desarrollando su estilo preciosista con obras menos conseguidas, aunque igual de interesantes. Primero con “To the Wonder”, donde reflexionaba sobre las relaciones de pareja de forma algo torpe pero visualmente primorosa, y después con la presente “Knight of Cups”, la cual se presentó en el pasado Festival de Berlin con una tibia recepción por parte de la crítica.

Malick es un poeta visual, habla a través de las imágenes con el objetivo de transmitir un mensaje, casi siempre, existencialista. ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuál es nuestra función? ¿He tomado el camino correcto? En su última cinta esas preguntas nos son lanzadas a través de Rick, un hombre de Hollywood que posee todo lo materialmente ansiado pero que ha perdido la ilusión por la vida y ha entrado en un constante estado apático. Malick trata de explicar mediante el viaje del protagonista ese sentimiento que experimentamos los seres humanos en muchos momentos de nuestra vida. Insatisfechos, reclamando lo que se nos ha negado y preguntándonos en qué momento nos equivocamos, cuándo debimos tomar el camino que nos llevara a la felicidad, esa que tuvimos y se escurrió entre los dedos para convertirse en nostalgia.

Como sucediese en anteriores cintas del director la narrativa es difusa, no hay una marcada línea argumental sino que son las imágenes (junto con la pensativa voz en off obligatoria) las que deben transmitir al espectador las ideas que propone. En lo que a mi respecta debo decir que la película logró cautivarme desde el primer instante, incluso me sentí identificado con varios pasajes captados por la cámara de Malick. La historia, aunque desmenuzada en piezas visuales, habla de la soledad del ser humano, de su vagar por el mundo, de la búsqueda de la felicidad, del sentimiento amoroso, de la pasión y de la pérdida de la ilusión en un mundo lleno de contrastes, donde la riqueza convive con la pobreza y lo grotesco se aparea con lo bello. En este sentido hay que hacer mención a las similitudes que posee con “La Gran Belleza”, en que también se habla de la insatisfacción personal en un mundo aparentemente hermoso, y el protagonista también pertenece a la elite y participa en grandes fiestas. Es en ello donde las cintas de Malick y Sorrentino más se asemejan, ya que a nivel formal son completamente diferentes.

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El título del film hace alusión a las cartas del tarot que la pitonisa echa al principio a nuestro protagonista y que es sinónimo en la baraja corriente al Rey de Corazones. El viaje de Rick nos es narrado a través de las distintas personas que han formado parte importante de su vida y que dan título a cada capítulo del film, ya sea su hermano, su padre o sus amantes, todos ellos tan marcados por el dolor como él. Además posee cierto tono bíblico. El film se abre con la breve historia de un príncipe que es enviado por su padre, el Rey, a encontrar una perla en Egipto. Sin embargo, al llegar allí, el príncipe es invitado a beber y cuando lo hace olvida la perla y quién es. En esa breve historia se pede sacar una lectura de la historia de Dios y el hombre, al ser éste último puesto en la Tierra para que viva en armonía pero acabe corrompiéndose. Para remarcar esta idea los distintos escenarios que aparecen (primordialmente Los Ángeles y Las Vegas) escenifican modernas Babilonias donde el exceso ha puesto una venda a la mayor creación de Dios y le impide ver la luz.

El estilo poético de Malick vuelve a brillar en el film con hermosas secuencias en las que de nuevo tiene vital importancia el papel del gran director de fotografía Emmanuel Lubezki. Sobre todo destaca la inserción del ser humano en los diferentes escenarios, resaltando la arquitectura y su valor simbólico dentro de la historia. El uso de la steadicam para casi el total del film otorga la misma inestabilidad que padece el protagonista y rige el film. Malick capta instantes hermosos como son amaneceres, reflejos en el agua, olas rompiendo mientras sus personajes vagan e interactúan entre sí. El reparto de primera línea con que cuenta el director intenta crear personajes a través de la improvisación con resultados más o menos acertados. Como siempre varios actores ven su presencia convertida en algo anecdótico (caso de Jason Clarke, Armin Mueller-Stahl o Antonio Banderas), mientras otros como Freida Pinto, Brian Dennehy, Wes Bentley, Teresa Palmer o Imogen Poots tienen más peso aunque son Cate Blanchett y Natalie Portman las que logran componer personajes más elaborados a nivel pasional con breve pinceladas. Christian Bale, por su parte, camina de un lado a otro durante todo el metraje con el semblante perdido, aunque en ocasiones se le escape alguna leve sonrisa.

Como toda obra de Malick “Knight of Cups” es una compleja historia existencial y universal, más cercana a experimento cinematográfico que a película propiamente dicha debido a un guion sin hilo argumental sólido. Una experiencia sensorial que me ha fascinado.