13HoursposterEl 11 de Septiembre de 2012 un grupo de manifestantes se congregó frente a la embajada norteamericana de Bengasi protestando por el retrato que se hacía del Islam en la película “La Inocencia de los Musulmanes”. Los grupos de seguridad de la embajada, atemorizados de que se tratara de un ataque, dispararon sobre los manifestantes provocando a varios miembros de grupos insurgentes que, ésta vez sí, entraron en la embajada y prendieron fuego provocando la muerte del Embajador norteamericano. Posteriormente varios miembros diplomáticos fueron evacuados de Bengasi por un grupo de fuerzas estadounidenses.
Esa revuelta ha servido para que Michael Bay realice una película que gire en torno a los exsoldados que operaban de forma clandestina bajo el mano de la CIA y se enfrentaron a los grupos armados que atacaron la embajada.

Soldados de Fortuna

Creo que es un error catalogar de política la nueva película del director de “La Roca”. Para empezar la historia se basa en un acontecimiento muy reciente en que, todavía, sigue sin estar totalmente claro cómo ni cuáles fueron los motivos que lo impulsaron. Y a Bay parece no importarle tampoco. A él le interesa lo de siempre, centrarse en el orgullo yanqui a través de sus héroes favoritos, los hombres del ejército, y tal vez ahí si haya una diana a la que apuntar. No es nueva la mentalidad ultraconservadora que destilan casi todas sus películas, donde la familia, el honor y la patria están por encima de todo. Si a eso le sumamos que el partido Republicano, y más en concreto el temible Donald Trump, ha utilizado el film como elemento propagandístico para atacar a sus rivales demócratas, habemus controvesis. Pero no nos engañemos ni queramos ahora ponernos de políticamente correctos, siempre han existido películas que, en medio de un conflicto, han barrido para casa narrando los hechos desde su punto de vista, en especial si son made in Hollywood. Ejemplos tenemos varios, y muchos de ellos están catalogados incluso como clásicos (los fans de John Wayne lo saben), así que me parece un error querer ver en la nueva producción del director de los robots alienígenas más que una cinta de acción bélica.

El propio Bay es muy claro cuando se le pregunta por la mentalidad política que destila el film, y su respuesta siempre es la misma: sólo ha querido rendir tributo a los seis exsoldados que, supuestamente, se encontraban allí y protegieron el cuerpo diplomático que se escondió en las instalaciones secretas de la CIA. Y lo cierto es que la cinta no pierde en ningún momento a los seis hombres que forman el escuadrón de seguridad de la ciudad Libia. Como buen defensor del director diré que es consciente del material que trata, y adoro la inserción de escenas aparentemente insulsas pero que poseen mucho significado para su propósito. Me refiero en especial a ese brevísimo instante en que muestra a los mercenarios ejercitándose en el patio, levantando neumáticos gigantes o escuchando música mientras juegan a la consola. Si, lo hombres psicológicamente no son lumbreras de Langley, pero son muy conscientes de su cometido. Cuando las cosas se tuercen son auténticos muros dispuestos a repartir estopa contra todo aquel que se atreva a atacar a quien paga por sus servicios. Porque esto no va de ideologías ni de banderas, aquí su precisión física está al servicio del mejor postor. Bay se rinde ante esos hombres, siempre lo ha hecho, y aquí les erige un monumento cinematográfico, aunque con fisuras.

13Hourq

Si hay algo que me gusta del director es su, tan criticado, estilo visual. Cierto que tiene momentos dentro de su filmografía que bien valdría meter en una caja y quemarlos sin que queden escombros, pero también posee secuencias de un nivel apabullante. Cuando se anunció el proyecto de “13 Horas” me alegré porque quería ver a Bay despojado de cualquier marca infantil para adentrarse en un terreno bélico que rozó muy llanamente en “Pearl Harbor” (donde se marca unos 40 minutos de órdago, el resto, lo dicho, a quemarlo) y que aquí le invitaba a realizar su particular “Black Hawk Derribado”. Y es que con el film de Scott posee similitudes su nueva cinta (incluso para dejar claro que es un ejemplo a seguir la citan en boca de uno de los exsoldados protagonistas). Ambas tratan de retratar el asedio sufrido por grupos militares en tierra ajena, y hostil, donde las trabas burocráticas y de riesgo impidieron una respuesta y evacuación más eficientes. Con un esquema similar, las dos cintas nos introducen de lleno en la acción siempre a través del punto de vista de los soldados americanos. Claro que mientras Scott orquesta con mano firme un auténtico caos, Bay se pierde quedando un conjunto bastante distorsionado.

Me sorprendió el piloto automático con el que el director rueda el film. Tirando de recursos, relata el asedio de forma impactante, cercana al estilo del videojuego Call of Duty, pero sin llegar a la crudeza o la asfixia que logran otras cintas similares. El amor de Bay por la pirotecnia y el montaje caótico entorpece una narración que debería haber sido más concisa en el desarrollo del asedio, aunque a favor hay que aplaudir el hecho de que el director se muestre más contenido que de costumbre y deje respirar a las escenas. Por suerte para todo amante de acción, la película no llega a aburrir, y desde que comienza la trifulca todo es una vorágine desatada de adrenalina, donde no cesan disparos, explosiones, coches ardiendo y sangre con momentos tan memorables como el del soldado huyendo del mortero que cae a su espalda. Todo ello visualmente enriquecido por la expresiva fotografía a cargo de Dion Beebe, en quien Bay encuentra un gran colaborador para dar vida a su visión.

El que inspirase la cinta de Ben Affleck “The Town”, Chuck Hogan, se encarga aquí de escribir el guion del film basándose en el libro de Mitchell Zuckoff. Como reflejo fidedigno de un hecho histórico mejor sería no tenerlo en cuenta, ya que, como siempre, se retrata un único punto de vista y no hay intención crítica ni preocupación psicologica hacia el mismo. El objetivo del film es mostrar a los mercenarios como héroes al más puro estilo Joseph Campbell (no en vano se muestra uno de los libros del escritor) aunque acaben por estar más cerca de Rambos con un estricto sentido del deber y el honor. Aquí no valen Jason Bournes, llega a decirnos la película, sino los músculos y el acero, introduciendo un ligero toque de humanidad en breves diálogos íntimos entre los miembros del escuadrón.
Una de las sorpresas de la cinta es el casting elegido por Bay, donde dos actores de “The Office” como John Krasinski y David Denman dan el pego como contratistas, mientras James Badge Dale vuelve a reclamar más atención por parte de la industria. La mayoría de actores, desconocidos para el gran público, cumplen con su cometido sin tampoco realizar una labor por la que se les recuerde.
Citar que para la Banda Sonora Bay ha prescindido de su habitual Steve Jablonski para contar con otro protegido de su amigo Hans Zimmer (aquí productor musical) como es Lorne Balfe, quien realiza una composición adecuada para el estilo del director aunque en pantalla quede muy deslucida por tanta explosión.

Recibida con una aceptación moderada en su país, e inexistente fuera de ella (en España se ha estrenado sin apenas publicidad), “13 Horas: Los Soldados Secretos de Bengasi” acaba resultando una decente cinta de acción.

Lo Mejor: Algún destello de rabia en el desarrollo del asedio.

Lo Peor: Un Bay menos excesivo que de costumbre (lo cual tampoco es muy grave).