JaneGunHay géneros cinematográficos predominantemente masculinos, y posiblemente el mayor de todos ellos sea el western. Sin embargo, a lo largo de la Historia, podemos encontrar grandes roles femeninos dentro del género que van más allá de interés amoroso. El mayor ejemplo quizás sea Joan Crawford en “Johnny Guitar”, dónde demostró que una mujer podía desenvolverse tan bien como un hombre en el lejano oeste. Ya en los 90, con ese despertar que el género experimentó gracias a “Sin Perdón” o “Bailando con Lobos”, encontramos dos cintas que abogaban por otorgar un rol más activo a la mujer, convirtiéndola en absoluta protagonista. “Bad Girls” (cuya traducción en nuestro país me parece muy erronea) reunía a cuatro actrices que, por entonces, se encontraban en alza para narrar una historia de amistad y venganza siguiendo las señas propias del género. Por su parte, “Rápida y Mortal” fue un film diseñado para el absoluto lucimiento de Sharon Stone que su director, Sam Raimi, convirtió en un atractivo y divertido western de duelos dónde sólo podía quedar uno. Por desgracia el género fue perdiendo fuelle en poco tiempo, y, salvo honrosas excepciones, pocas películas convencieron. Ahora, Natalie Portman ha querido sumarse a la lista de mujeres que han empuñado un revolver en un film que bien podría incluirse en la lista de “rodajes malditos”.

La producción, cuyo guion estuvo catalogado como de los mejores no producidos y que fue impulsado por la actriz, tenía a Lynne Ramsay como directora, y a Michael Fassbender y Jude Law como coprotagonistas. Antes de iniciarse el rodaje, Fassbender se apeó siendo sustituido por Joel Edgerton, y el primer día de filmación la directora ni se dejó ver por el set, llevándose consigo a Law, que preveía lo peor. Se buscó un sustituto lo más rápido posible, siendo elegido Gavin O´Connor, director de la estupenda “Warrior” y conocido de Edgerton, quien de paso cambió de rol y metió mano al guion. Bradley Cooper pasó a formar parte del reparto por un breve tiempo, ya que también abandonó y Portman, parece, tuvo que recurrir a su única esperanza, Ewan McGregor. La cinta fijó la fecha de estreno para mediados de 2014, cosa que no sucedió, siendo retrasada sin fecha concreta, hasta que, por fin, llegó a las pantallas estadounidenses a principios de 2016 convirtiéndose en un fracaso de taquilla.

El western no sólo es dos pistoleros frente a frente esperando para desenfundar. John Ford nos lo enseñó, Anthony Mann también, y Peckinpah lo desmitificó antes que Eastwood. El western, más que un género, es un escenario en que hablar de muchos temas, aunque siempre brilla uno por encima de todos, la venganza. La nueva película protagonizada por Natalie Portman sigue esa regla al relatarnos la historia de una mujer que vive plácidamente con su hija hasta que reaparece su marido, un criminal que ha sido herido por su vieja banda. Las rencillas y errores del pasado aparecen de golpe empujando a la protagonista a tomar decisiones que la hacen enfrentarse a sus miedos y tomar las riendas de su destino. El pasado se le presenta a través de tres figuras masculinas con las que tiene cuentas pendientes. Su marido, su prometido y un temible criminal. Tres hombres que en otras circunstancias serían los protagonistas de la historia se convierten aquí en elementos catárticos para Jane.
La historia avanza por medio de una narración sobria y más intimista de lo que en un principio pudiera parecer, desarrollando la relación entre los personajes y explicando los motivos de cada uno de ellos con recurrentes flashbacks. Aunque la mayoría de ellos funcionan como elemento descriptivo, uno en concreto me parece insertado a presión para otorgar un cierto desahogo con una escena demasiado bucólica.

El título del film parece hacer un guiño al famoso film antibelicista de Dalton Trumbo “Johnny got his Gun”, e incluso podría parecer una parodia. Pero nada más lejos. Para mi el título no se refiere al momento en que la protagonista empuña el arma, sino que es más un título metafórico que describe el instante en que Jane decide enfrentarse a su pasado por proteger su vida y la de su hija, demostrando que no es una mujer indefensa.
Creo que la elección del título juega en contra del film. En primer lugar por lo ya citado de parecer una parodia de la cinta de Trumbo. Y segundo, porque invita a imaginar que va a ofrecer más acción de la que realmente otorga. Sólo encontramos la acción propiamente dicha en el tramo final del asalto a la casa, y apenas dura más de diez minutos. Además de eso, me molestó que la película terminase de forma tan precipitada, sin aprovechar la ocasión que le reportaba un desenlace que podría haber sido, salvando las distancias, similar al de la oscarizada película de Eastwood, a la cual se hace un pequeño guiño. Eso si, la violencia, cuando aparece, es seca y sin aspavientos.

El guion escrito por Brian Duffield y Anthony Tambakis, en colaboración con Edgerton, funciona de forma correcta al establecer bien las motivaciones de los personajes, aunque resulten todos demasiado estereotipos, sobre todo el villano.
El director sostiene la película gracias a la labor de los actores, en especial Portman y Edgerton, quienes logran describir su relación a través de miradas y silencios. Me resultó divertido ver a McGregor como ese villano con mostacho. Y, como apunte, resulta muy curioso ver reunidos en un mismo film a tres integrantes de la Trilogía de Precuelas de Star Wars.
Quizás si la cinta no se hubiese tomado tan en serio y hubiera elegido un camino más sencillo y ligero habría convencido más al público. Aún así, no creo que sea una una mala película. Es una más del oeste.

Lo Mejor: Sigue los elementos clásicos del género. Portman y Edgerton.

Lo Peor: Algún flashback de sobra. El final, precipitado.