NiceGuysPosterJackson Healy y Holland March se ganan la vida por separado aceptando encargos de terceros. Uno como mensajero por medio de golpes, y el otro como detective. La búsqueda de una joven los llevará a trabajar juntos y a inmiscuirse en un caso que oculta más de lo que aparenta.

El Sello Black

El cine de autor no es sólo aquel que se realiza en países de Europa o rincones recónditos del Planeta cuyo mayor recorrido comercial se desarrolla a lo largo de prestigiosos Festivales. Cine de Autor es aquel cine que posee el sello característico de la persona que lo ha llevado a cabo. Paul Thomas Anderson, Scorsese, Spielberg, Wes Anderson o Fincher son algunos de los muchos ejemplos de autores norteamericanos. Y Shane Black también lo es. Todas sus películas se mueven por lugares comunes y poseen mas de un elemento concordante, desde “Arma Letal” hasta, sí, inclusive, “Iron Man 3”. Su tercera película como director sigue esa directriz, demostrando, una vez más, su dominio a la hora de crear relaciones entre personajes por medio de diálogos punzantes y frenéticos en donde haya lugar tanto para la comedia como para la acción.

El film se desarrolla siguiendo el canon del cine detectivesco y Buddy Movie que ha desarrollado Black a lo largo de su carrera. De nuevo tenemos a dos personajes contrapuestos que se ven forzados a trabajar juntos. De nuevo la muerte o desaparición de una chica desencadena la trama. De nuevo Los Ángeles. El lujo de las fiestas y el turbio negocio de la prostitución. Y de nuevo, aunque de manera anecdótica, aparece la Navidad. Parece que poco tiene que ofrecer Black con respecto a sus anteriores trabajos. Y aún así logra una cinta altamente disfrutable gracias a su elenco protagonista y a un estilo más cercano a las revistas pulp que al cine negro propiamente dicho.
Porque, más allá de su historia (que está bien trabajada pero tiene mucho en común con su debut, la notable “Kiss Kiss, Bang Bang”), el mayor logro de “Dos Buenos Tipos” es el de mostrar unos 70 en que convivían los hippies con la música disco y el auge corporativo estadounidense, así como del cine porno, de manera fresca y desenfadada. Lejos de la seriedad de cintas tan emblemáticas como “L.A. Confidential” (con la que tiene en común dos actores) o “Los Intocables”, la película abraza la comedía más desquiciada, y por momentos surrealista, logrando una rara avis dentro del género. No es raro que la comparen con la última película del gran Paul Thomas Anderson, “Puro Vicio”. Las dos tratan de hacer un retrato de la sociedad norteamericana enmarcada en un género tan capital como el detectivesco, pero de forma diferente, e incluso arriesgada.

La fórmula Black funciona porque sabe perfilar perfectamente a sus personajes. Sus Riggs y Murtaugh son personajes capitales dentro del cine de acción. Y el Joe Hallenbeck de “El Último Boy Scoutt” era la perfecta personificación de un John McLane más destrozado que todo lo que nos intentaron mostrar en las secuelas de su Saga. Sus héroes no son sólo buenos detectives o policías, sino personas con principios a los que le han pegado palizas físicas y emocionales. Hombres al filo de la navaja, debatiéndose entre matar al malo o pegarse un tiro a sí mismo para poner fin a su triste existencia. Si, detrás de tanta diversión se pueden vislumbrar en las historias de Black dramas muy gordos. Como el que nos muestra en ésta ocasión mediante el personaje de Ryan Gosling. El drama que gira en torno a él daría para película propia, y sin embargo el director se las ingenia para convertirlo en, ojo, el personaje más descacharrante del film. Varias veces fueron las que rompí a carcajadas con Gosling y su torpe, y alcohólico, detective privado.

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En relación con lo anterior, Black consigue crear perfectamente una relación entre dos personajes opuestos. En ésta ocasión lo hace a través de un matón con alma de detective y un detective sin olfato de sabueso. Como siempre sucede, sus diferencias irán empequeñeciendo a la vez que el caso se agranda y los engulle consiguiendo una relación casi de familia, algo a lo que ayuda sobremanera el tercer eslabón del film en forma de hija menor de Gosling. La introducción de ese personaje proporciona a Black una visión externa y casi de juez de los actos que cometen sus protagonistas, a la par que sirve de comodín para desarrollar situaciones memorables. Un triunfo, vamos.
Como director Black parece sentirse cómodo apoyándose en los actores en todo momento, sin grandes alardes y haciendo lucir la estupenda dirección artística que recrea los 70. Aún así encontramos pequeñas guindas visuales como la del principio en que describe un accidente automovílistico a través de un jovenzuelo o la del ascensor, cuando los protagonistas son téstigos de una matanza, y ésto se nos describe de manera económica y elegante. Existen también gags visuales cargados de mala leche (esos dos cuerpos cayendo y el destino de cada uno de ellos) que no hacen sino incrementar aún más el carácter lúdico y desenfadado de la película.
Claro que es en el guion donde se palpa el ADN Black. En unos diálogos incesantes y elocuentes. En una descripción de la época tan veraz como truculenta. Y en una trama que va lanzando pistas desde el minuto uno. Porque si algo logra también el autor, siguiendo las reglas del género, es convertir al espectador en participe y que se convierta en otro detective más.

La química que se crea entre el bruto de buen corazón Russel Crowe y el torpe detective y padre forzoso al que encarna Gosling es el pilar fundamental sobre el que la película descansa. El rostro petreo de Crowe, perfecto en su papel mediante el mínimo esfuerzo, se contrasta con el inocente y torpe aspecto de Gosling, quien se encuentra pletórico y demuestra su talento natural para el humor (ya lo hizo en “CrazyStupidLove”). Los dos congenian y crean un dúo memorable. Y junto a ellos, la joven Angourie Rice como robaescenas nata para terminar de componer un trío de ases. Del resto del reparto destacan Matt Bomer y Margaret Qualley, mientras que Kim Basinger parece más insertada para compartir planos con Crowe como un mero homenaje a “L.A. Confidential”.

“Dos Buenos Tipos” ha resultado ser lo que esperaba, otra Buddy Movie detectivesca con el sello propio de su director y guionista. No sabría si decir que es superior o no a “Kiss Kiss, Bang Bang”, pero sí que me lo he vuelto a pasar de lujo.

Lo Mejor: La química entre Gosling y Crowe. La joven Angourie Rice. El estilo Black.

Lo Peor: Los lugares comunes del Universo Black.