Sing Street, de John Carney

SingStretJohn Carney ha encontrado en la música la base perfecta sobre la que crear sus historias. Así sucedió en 2007 con “Once”, continuó en 2014 con “Begin Again” y ha vuelto a lograrlo con su última cinta, la cual parece poseer tintes más autobiográfico que las citadas.
La historia se centra en Cosmo, un joven de 14 años que vive un clima bastante tormentoso en su casa. Cuando cambia de colegio conoce a Raphina y decide impresionarla formando un grupo de música junto a varios compañeros.

Como bien promulgaba el anuncio de Red Bull, el amor te da alas y fuerzas para embarcarte en cualquier aventura con tal de conquistar el corazón de la persona amada. Bien, así en bruto, podemos decir que esta película está llena de clichés tan explotados como inocente chico conoce a chica rebelde. El chico quiere impresionar a la chica. La chica acaba descubriendo los encantos del, ya no tan, inocente chico. Básicamente es la típica canción de amor destinada a ser top en cualquier emisora musical. Pero para ser un verdadero éxito debe esconder algo más, una novedad o encanto que enganche a la audiencia. El cine de Carney siempre se ha caracterizado por crear historias sencillas de amistad y amor centradas en dos personajes que se encuentran en un momento complicado de sus vidas. “Sing Street” respeta esa máxima y la eleva creando, además, un retrato de la Irlanda de mediados de los 80 tan dramático que parece haber sido filmada por James Sheridan o Ken Loach. Si, “Sing Street” es memorable por sus canciones, por sus personajes, por su romanticismo inocente bañado con canciones pop, pero no olvida los problemas sociales que primaron en Dublin en aquella época. El paro, el maltrato, el alcoholismo, la pobreza, el deterioro del núcleo familiar, la discriminación, los abusos. Problemas que, lamentablemente, siguen rigiendo a día de hoy. Se acerca así a otra memorable cinta británica como es “Billy Elliot”.

Pero Carney no es Loach, ni Daldry. El director y guionista inyecta optimismo y diversión a una historia que narra el paso de la inocencia a la madurez del protagonista y su deseo de escapar en busca de un sueño. El objetivo de crear un grupo de música para conquistar a la chica se transforma en el descubrimiento de la vocación oculta y el talento escondido. Gracias a Raphina, Cosmo decide dar el paso de salir de su pequeña habitación donde canta las dolosas frases que se lanzan sus padres a crear un grupo en colaboración con otros chicos tan apartados y vacíos como él. La música se convierte así en la vía de escape y en la expresión cultural y rebelde mediante la que estos jóvenes, que parecen condenados a seguir los pasos de sus padres, pueden dar rienda suelta a sus sueños y abrir la puerta a un futuro más esperanzador. La creatividad se impone de esta forma frente a la opresión.
Uno de los logros del director es conseguir que los personajes te importen. No resulta complicado empatizar con Cosmo, ni llegar a comprender su situación. Como tampoco es difícil ver en este grupo de música improvisado una reinterpretación de “Los Goonies”, cada uno con su peculiaridad característica. El estilo años 80 ayuda sobremanera a rememorar en este joven grupo a los que protagonizaron varias de las aventuras ochenteras por excelencia. A nivel visual, Carney sigue demostrando buen gusto y una preocupación por sacar lo máximo de los actores. Quizás lo más memorable sea esa representación de los videos musicales que graban los chicos para sus canciones, rebosantes de encanto. Incluso homenajea a “Regreso al Futuro” en una brillante escena de baile.
Se dice que para componer las canciones Carney pidió la colaboración de Bono, algo que finalmente no pudo ser, aunque el vocalista de U2 ha reconocido sentirme muy emocionado con el film. Como ya sucediese con “Begin Again”, las canciones compuestas para el film son estupendas y muy acorde a la época, de la cual rescatan grandes clásicos de Duran Duran o The Cure.

Los jóvenes actores que dan vida a los protagonistas desprenden carisma y desparpajo, destacando Ferdia Walsh-Peelo y Lucy Boynton. Del resto me he quedado sorprendido con Jack Reynor, el joven actor que Michel Bay quiso promocionar como nuevo guaperas en la cuarta entrega de Transformers, y que aquí da vida brilantemente al hermano del protagonista. Su personaje está marcado por un pasado que le ha colgado el cartel de oveja negra, arrepentido por no haber tenido la valentía de marcharse y que ve en su hermano la oportunidad de redimirse.

“Sing Street” es un hermosa película. Por hacer una paralelismo podría decirse que es el “Casi Famosos” de Carney al estar bañada por recuerdos de su juventud en Dublín. Una película que ofrece esperanza.

Lo Mejor: Saber conjugar drama y comedia mediante un tono ligero. Las canciones. El elenco.

Lo Peor: Que no se descubra.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s