sevenposterEl tranquilo pueblo minero de Rose Creek es amenazado por un cruel empresario industrial llamado Bogue, quien da un plazo de tres semanas para que los habitantes del pueblo le cedan sus tierras. Para impedirlo buscan la ayuda de siete hombres dispuestos a enfrentarse a él y sus hombres.

El western es uno de los géneros populares que vivieron un enorme éxito en los 50 y principios de los 60. Aunque de sus cintas pueden sacarse lecturas de índole ideológico o político, la mayor función que cumplían era entretener poniendo a un pistolero noble y honesto, con un pasado oscuro en muchos casos, frente a un puñado de malvados forajidos. Era cine, como el de capa y espada, con un espíritu lúdico orientado a las grandes masas, empujadas por ver al héroe batirse en duelo mortal al final de la cinta y conquistar a la chica, lejos del western crepuscular que se cosecharía tiempo después. De entre esos films, uno de los más populares es “Los Siete Magníficos” dirigido por John Sturges. La cinta, adaptación americana de la magistral “Los Siete Samuraís” de Kurosawa, tuvo gran popularidad por dos motivos, su reparto de estrellas de la época (Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson, James Coburn, Eli Wallach) y el tema principal compuesto por Elmer Bernstein. Por lo demás, y personalmente, no creo que tenga mucho interés como película, al menos eso me pareció cuando la vi hace poco, incluso tengo que decir que llegó a a aburrirme. Así, no me pareció nada descabellado una actualización a manos de Antoine Fuqua, cuyo resultado, sin exaltaciones, me ha satisfecho.

La cinta es honesta en su cometido. Fuqua toma el mismo esquema argumental que la cinta de Sturges actualizándola con un grupo protagonista más multirracial (cada personaje es de una etnia o nacionalidad) y dando más protagonismo activo a la mujer que se encarga de contratarlos. Por lo demás, es la misma historia, aunque muchos hayan querido ver en ella una lectura sobre la situación política que vive actualmente Estados Unidos, con el temible Donald Trump a las puertas de la Casa Blanca si Hillary Clinton no se lo impide. Bien, es una lectura de la película, aunque yo prefiero quedarme con la superficie y ver en éste nuevo western la historia universal del bien contra el mal, de cómo el trabajo en equipo y la unión de la comunidad pueden hacer frente a la tiranía vestida en este caso de capitalismo.
El western se ha caracterizado también por tener como tema principal la venganza, y la cinta presente hace honra a ello maquillándola con la justicia. Se podría decir que el protagonista de la cinta, el líder del grupo, es el prototipo del pistolero antes citado, cuya tranquilidad a la hora de hablar se equilibra con su velocidad para desenfundar. Su misión no es sólo ayudar a la pobre gente del pueblo, sino saldar una deuda pendiente que le ha marcado de por vida. De la misma manera, la mujer encargada de contratar a los pistoleros, busca venganza más allá de salvar a su pueblo.

La cinta entretiene gracias a que Fuqua juega con los ingredientes más conocidos del género. Así tenemos un villano odioso (y repelente) desde la primera secuencia. Unos héroes carismáticos. Una mujer fuerte. Y, no podían faltar, tiroteos atronadores. Con todo ello el director de “Training Day” diseña un correcto entretenimiento dónde se echa en falta, tal vez, un poco más de grandilocuencia en los paisajes y los escenarios por donde se mueven los protagonistas. En lugar de ello, Fuqua apuesta por un estilo más de spaggetti western, con primeros planos en los momentos previos a los tiroteos, y un montaje feroz en las secuencias de acción. Donde más adolece ésto ultimo es en la gran secuencia final, dónde todo estalla y se desarrolla casi sin respirar, logrando que en momentos no se sepa muy bien qué sucede. Afortunadamente, ello se refuerza con una cierta épica por parte de los actos de los personajes para cumplir con su cometido.

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Uno de los detalles que valoro de la película es poner desde primera hora las cartas sobre la mesa en cuanto a guion. La presentación del villano, casi caricaturesca, subraya su personalidad vil de tal forma que acrecienta la naturaleza de pasatiempo que tiene el film. De la misma manera, el personaje de Horne resulta simpático por su inocencia. El guion ha sido escrito por Richard Went y el creador de “True Detective”, Nic Pizzolato. No inventan nada nuevo, pero saben establecer bien las relaciones entre los personajes y sus personalidades, logrando un grupo de diferentes culturas que trabajan hombro con hombro.

El pasado año tuvimos que lamentar la muerte de James Horner, quien colaboró con Fuqua en su anterior film (la aún inédita en España “Southpaw”). Tras ella entablaron amistad y acordaron que el compositor se encargaría de la Banda Sonora de “Los Siete Magníficos”. Desgraciadamente, el 22 de Junio de 2015, Horner sufrió un accidente y falleció, aunque Fuqua declaró que ya había compuesto la música para el western. Sinceramente, dudo mucho que Horner compusiera toda la música para la película, pero si puede que dejara esbozos o ideas sobre por dónde quería tirar para realizarla. Así, con ayuda del compositor y habitual colaborador de Horner, Simon Franglen, han conseguido casar las imágenes con una partitura que tiene en todo momento el toque Horner. Desde luego, están sus tan criticados “parabarás”, y algún que otro pasaje que recuerda a otros films firmados por él, pero en conjunto han conseguido una composición estimable que ayude a la película y acompañe realmente bien a las imágenes. Por supuesto, el mítico tema de Bernstein es recuperado en algunos acordes y para los créditos finales.
A nivel visual, la fotografía de Mauro Fiore destaca por otorgar un ligero toque dorado, como si fuese la luz del atardecer la que baña los escenarios. En lo que respecta al sonido, tengo que decir que me gusta que los disparos suenen atronadores, aunque no lleguen al nivel del notable western dirigido por Kevin Costner “Open Range”, cuyo tramo final si que posee elegancia y furia en su puesta en escena.

En lo que el remake de Fuqua se pone a la altura de la cinta de Sturges es en el reparto. La mayoría rostros conocidos que tiran de carisma. Denzel Washington repite por tercera vez con el director para dar vida al líder del grupo sin inmutarse. La presentación de su Chisolm recuerda en cierta medida a “Django Desencadenado”, e incluso interpreta una secuencia que puede ser entendida tanto de homenaje como de plagio. Chris Pratt se está acomodando como el granuja simpático. Su personaje debería ser el Toshiro Mifune del grupo, aunque no llega a tamaña locura por mucho que le dé a la bebida y quiera ir de rebelde a lo largo del film. Ethan Hawke se reúne con Denzel y Fuqua años después de “Training Day” para dar vida de forma más que correcta al cajún Robicheaux, un personaje con el que se pretende desmitificar las leyendas y al que le persiguen los miedos. Haley Bennet es Emma Cullen, representante del pueblo que contrata a los pistoleros y que demuestra tener más valor que muchos en su comunidad. Vincent D´Onofrio está correcto, y algo desaprovechado, como ese gigantón con alma bondadosa. Peter Sarsgaard es el villano Bogue, y el actor parece conocerse al dedillo todo rasgo para representar al mal en su forma más arquetípica.

Sin ser una gran película, ni quizás pretender serlo, “Los Siete Magníficos” de 2016 es un correcto entretenimiento que nos devuelve el western más básico y genuino.

Lo Mejor: Seguir las reglas del género sin pretensiones.

Lo Peor: El tramo final merecía más emoción.