training_dayposterSi los nombres de Antoine Fuqua y David Ayer siguen teniendo algo de crédito dentro de la industria de Hollywood es por haber sido los creadores de este policiaco que llegó a las pantallas de Estados Unidos al poco tiempo del 11S, convirtiéndose en la primera película tras el ataque a las Torres Gemelas en alcanzar un notorio número 1 en taquilla. Más allá de esa nota anecdótica hay que decir que, efectivamente, “Training Day” es una película notable que forma parte de lo mejor del cine policiaco del presente Siglo.

Jake Hoyt es un novato agente de policía que comenzará su instrucción para convertirse en agente de narcóticos a las órdenes del Detective Alonzo Harris.

Que el cine, al igual que la literatura, siempre ha querido mostrar la cara sucia de la policía es un hecho. Desde el principio de los tiempos el Séptimo Arte ha retratado personajes de doble moral, siempre al filo de la delgada línea que separa el bien y el mal. Así, el guionista David Ayer planeó ésta historia policial centrándose en dos personajes antagónicos que deben pasar un día juntos, y a través de quienes se muestran las dos caras de la Ley. Por un lado, el joven Hoyt. Un firme agente de policía que tiene bien implantados en su personalidad los ideales de proteger y servir. Dichos ideales los han establecido su notable entrega al estudio en la Academia y la preparación obtenida durante sus primeros años como patrullero para convertirse en agente de narcóticos y conseguir erradicar de las calles la droga que las ensucia. Si bien la historia siempre nos es narrada desde su perspectiva, es en el personaje de Alonzo, su nuevo superior e instructor, donde se focaliza toda la atención. Conocedor de los suburbios por donde tienen que patrullar, le enseñará a su nuevo pupilo cómo se desenvuelve un policía por las calles para rastrear y atrapar a los criminales. Los libros de texto están llenos de palabrerías y leyes escritas por gente sentada en ricos despachos, y en la academia todo parece tan simple como coger al malo y encerrarlo. Pero la calle tiene sus reglas y hay que adaptarse a ellas. Como bien dice Alonzo, están rodeados de lobos, y para hacerles frente ellos tienen que ser lobos. El problema radica en no saber diferenciar si se está del lado correcto de la Ley, ya que la calle es tan adicta como peligrosa, y es fácil sucumbir a las posibilidades que ofrece para enriquecerse, más aún si se es agente de policía.

El triunfo de la cinta no sólo se encuentra en la creación de unos personajes que van más allá de los estereotipos (poli bueno, poli malo), sino en mostrar una cultura urbana creíble. Los Angeles del film se aleja de todo lujo y grandes avenidas para adentrarse en el territorio de los suburbios, donde se vive en comunas y las bandas tienen su reino. El negocio de la droga, y todo el dinero que mueve, gobierna en esas pequeñas comunidades invisibles para la gran población. Ese submundo es mostrado con pinceladas certeras, de la misma forma que se nos muestra cuán alta llega la corrupción en el impoluto sistema de la Ley.

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Desde luego Antoine Fuqua no ha vuelto a estar tan a la altura como en éste film. Si bien ha seguido creando alguna que otra cinta entretenida (“The Equalizer” es maja), ninguna tiene el impacto de “Trining Day”. El estilo predominantemente comercial del film ayuda a que llegue a un público mayor, encontrando tras él una narración cuidada, con buen pulso y secuencias potentes como la de la segunda visita a casa del personaje de Scott Glenn o la que acontece dentro de una bañera. Aunque no me gusta que abuse del toque verdoso psicodélico cuando describe el efecto de la droga en Hoyt, y en algunos momentos parezca que estemos en una producción de Bruckheimer, es correcto decir que Fuqua realiza un notable trabajo tras la cámara, centrando toda la atención en sus actores, unos magníficos Denzel Washington y Ethan Hawke.
David Ayer escribió un guion notable por medio de los diálogos y por la fascinante personalidad de Alonzo, un personaje maquiavelico que no deja nada al azar y que cree estar por encima de la Ley. A nivel historia me gusta como condensa toda la acción desde el amanecer al anochecer, siguiendo los parámetros establecidos de otras cintas criminales ambientadas en las esferas policiales, aunque he de decir que siempre me ha rechinado la forma en que hace que Hoyt se salve en el tramo final, abrazando (ahí si) la comercialidad más fácil, aunque las casualidades existen. Ese mismo año también escribiría la primera entrega de “Fast and Furious”, donde volvió a centrarse en barrios suburbiales de Los Angeles. Ambas cintas, además, comparten actores secundarios en su reparto. El éxito del film hizo que Ayer siguiera escribiendo y desarrollando historia que cuestionaran el comportamiento policial y desempolvará asuntos sucios dentro del cuerpo (“Dark Blue”, “End of Watch”).

El mayor pilar del film son su dúo protagonista. Ethan Hawke representa la honradez y la corrección policial, siempre cuestionando las acciones de Alonzo. Su ingenuidad sobre el mundo callejero y su esperanza por convertirse en Detective lo empujan a aceptar órdenes que no ve del todo claras. Su talento interpretativo consigue que Hoyt sea mucho más que un buen policía con cara de niño bueno y quede desencantado con el mundo policial. Como siempre sucede, los personajes oscuros y ambiguos son los más interesantes, y eso hace del detective Alonzo un bombón para cualquier actor, algo que no desaprovechó para nada Denzel Washington, quien brilla en cada secuencia merendándose a todo el que se ponga por delante. Destaca también su cuidado acento barriobajero que mezcla el inglés con el puertorriqueño. En definitiva, talento y carisma unidos de la mano. Junto a ellos destacan las presencias de Scott Glenn, Cliff Curtis, Tom Berenger, Eva Mendes o los raperos Dr. Dre y Snoop Dog.

“Training Day” supuso toda una sorpresa al sobrepasar la etiqueta de cine comercial y encandilar a la crítica. La Academia la recompensó con dos nominaciones para sus protagonistas, siendo Washington quien se llevará el gato al agua y logrará su segundo Oscar.

Lo Mejor: Washington y Hawke. Su buen pulso.

Lo Peor: Algún ramalazo visual innecesario.