exodusposterAprovechando la moda de revisitar textos bíblicos o historias de la tradición judeo crisitana (“Noé” de Aronofski destaca por arriesgada y personal), Ridley Scott siguió visitando épocas pasadas para ofrecer su visión sobre la famosa historia de Moisés y cómo puso fin al yugo egipcio que padeció el pueblo hebreo durante 400 años. Y es que, en lugar de centrarse en el famoso episodio bíblico de la creación de las tablas de la Ley que ha dado pie a varias producciones cinematográficas (la de DeMille con Charlton Heston y Yul Brynner sigue siendo la más memorable), Scott sigue otorgando a la historia cierto tapiz épico que convierte aquella liberación por mandato divino en una especie de venganza que bien recuerda a su laureada “Gladiator”.

Las opiniones generales hacia la película fueron negativas. Recuerdo que cuando salí del cine me sentí decepcionado por la sensación de tedio que había sufrido a lo largo del metraje. Tal vez fuese culpa, una vez más, de unos avances que prometían una visión espectacular y apasionante de la historia bíblica que rememoraba lo conseguido años atrás por Dreamworks Animation con “El Príncipe de Egipto”. Al igual que en aquella, los guionistas del film intentan apoyar el peso de la trama en la relación fraternal entre Moisés y Ramsés, y cómo, tras descubrir el primero su verdadero origen, va desquebrajándose. Algo de ello se puede vislumbrar, pero la ambición del proyecto va mucho más allá, intentando recrear un contexto histórico con guiños a la actualidad. Así pues, y tras haber revisionado y digerido el film, “Exodus: Dioses y Reyes” me resulta una película igualmente fallida pero más interesante de lo que me pareció en su día.

Ridley Scott utiliza sus viajes al pasado para lanzar mensajes sobre la situación política actual. Sólo así se puede entender y disfrutar por completo de “El Reino de los Cielos” (el conflicto en Irak), o sacar algo de provecho a su decepcionante visión de “Robin Hood” (la crisis económica). Siguiendo éste último exponente, el director británico se sirve de la historia de Moisés para mostrar la caída de un Imperio que está corrupto. La transformación de Moisés no comienza con la revelación de su rescate en el río por la hermana del Faraón, sino cuando comienza a investigar en Python y descubre cómo los mandamases al servicio de Seti están robando y aprovechándose de su condición en el poder. Posiblemente, si el anciano Rey no falleciese la situación hubiese sido otra en la trama, pero al tomar el trono Ramsés todo empeora debido a su inmadurez y sus nulas capacidades para gobernar. No es de extrañar que el personaje nos resulté antipático desde el primer instante, ya que siempre se nos muestra como un niño pequeño con constantes enfados absurdos nacidos del capricho.
Al igual que sorprende ese tratamiento de la historia, los famosos pasajes bíblicos del relato son muy secundarios y pillan desprevenido por tratarlos de una manera en que lo sobrenatural parece estar cuestionado. Y ello no es casual. Moisés, el protagonista, es un agnóstico reconocido desde la primera secuencia. Sus creencias se basan en las relaciones que se forjan entre las personas y no en lo que pueda existir más allá del cielo. Así pues, nadie mejor que él para representar el camino que lo lleve a creer en un Dios que se descubre más combativo e inmisericorde que en previas ocasiones como bien refleja la secuencia en que anuncia la matanza de todo recién nacido en las casas que no tengan las marcas de sangre. Que además la elección para personificar a Dios sea la de un niño me parece muy acertado, y contrasta con aquella imagen diabólica que nos ofreció Mel Gibson de su rival en “La Pasión de Cristo”. Lo más interesante de todo ello es que puede que no sea más que la imaginación de un loco lo que estemos presenciando. Si nos pusiéramos en el punto de vista de Josué cuando espia a Moisés en sus charlas con Dios así lo aseveraríamos. Además, casi todas las plagas que acontecen tienen cierta explicación en pantalla (a excepción de la matanza de primogénitos), y el final con Moisés escribendo los diez mandamientos en soledad bien puede servir para defender la teoría de que el poder divino en el film no es más que una mera casualidad.

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Como he citado al principio, la película me recuerda en varios puntos a “Gladiator”. Los dos personajes principales son un Heredero al Trono y un General que se guardan respeto y tienen en común el amor de un líder que tiene como favorito a quien no es su sucesor sanguíneo. Cuando muere éste, el general es desterrado. Tras un tiempo vagando por el desierto llega a un lugar donde comenzar una nueva vida. Regresa a la ciudad de la que fue expulsado para retar al nuevo gobernante que antes fue un amigo. Esquemáticamente son calcadas, y el Moisés de Scott no difiere en exceso de otros protagonistas suyos, pero por desgracia los personajes de ambas películas distan mucho en lo que respecta a fuerza y personalidad. El Moisés que muestra el director bien podría haber sido la versión definitiva del personaje al ponerle contra las cuerdas debido a su continuo combate interior por saber qué está bien y qué no. No es que sienta por Ramsés un vínculo tan grande como el que existe en la versión animada del relato, pero sí lamenta atacar al pueblo que lo crió. Se observa así cierto conflicto interno, al debatirse entre el pasado (Egipto) y el presente (el pueblo hebreo). Si ya de por sí es complicado lidiar con ello, posteriormente, cuando haya cumplido su misión, declarará temer lo que puede suceder dentro de un pueblo en que existen multitud de tribus. El becerro de oro no es más que el principio de mucho conflictos internos que se sucederán en la historia y que muestran que el ser humano solo rema al unísono por interés común.

Una película de Ridley Scott podrá resultar aburrida o fallida, pero casi nunca decepciona en lo que a nivel visual se refiere. Siguiendo su estilo faraónico en producciones de similar índole, el director despliega toda su ambición por medio de grandes planos que nos describan la grandeza del imperio egipcio y sus colosales construcciones. La producción tuvo lugar en España, siendo Almería y las Islas Canarias los lugares elegidos para el rodaje en exteriores, los cuales lucen de manera espectacular. Existen así mismo secuencias de gran fuerza cómo son todas las que describen las plagas que padece la ciudad. Posiblemente, el mejor momento de la película, dónde la ausencia de diálogos previos explicativos es todo un acierto. Lo más decepcionante es el ritmo de la película, para mi gusto con demasiados altibajos, con personajes que parecen más estatuas de acompañamiento. En especial me enfada el trato a las mujeres en el relato, ausentes de cualquier peso dramático, más aún cuando tienes a actrices de primera y quedan completamente desaprovechadas. Culpa de ello tal vez lo tenga más el guión escrito a cuatro manos por Adam Cooper, Bill Collage, Jeffrey Caine y Steve Zaillian. De nuevo se demuestra que demasiadas manos para un guion no es nada bueno, ya que tratan demasiados temas sin lograr algo tan importante como personajes que  enganchen.

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El diseño de producción es sobresaliente al transportarnos al Egipto de hace más de 3000 años. La fotografía sigue el estilo ya desarrollado por Dariusz Wolski en similares producciones, y la música de Alberto Iglesias secunda a la perfección a las imágenes con una partitura que sorprende dentro de su curriculum.
Uno de los mayores errores que existe para mi gusto es el casting. O más que el casting, la manera de interpretar que poseen los actores. Christian Bale llevaba tiempo intentando colaborar con Scott (casi lo consiguen al principio del proyecto de “Robin Hood”), y al fin lo consiguió dando vida a Moisés. No diré que el actor se encuentre mal en su rol, de hecho en los tramos del segundo bloque cuando decide realizar el plan de Dios me parece perfecto, pero en la primera parte del film lo veo comportarse de manera demasiado contemporánea, lo cual me impide llegar a conectar del todo con la historia. Joel Edgerton se une al juego y crea un Ramsés repelente por el que es más fácil sentir lástima que odio, muy lejos del Cómodo de Joaquin Phoenix. Mostrar al personaje de manera infantil no me parece buen camino. María Valverde consigue aprovechar todas sus breves secuencias dando vida a la esposa de Moisés. Al menos tiene algo más con lo que trabajar que Sigourney Weaver, quien seguramente participó como favor a Ridley al igual que en “1492: La Conquista del Paraíso”. Aaron Paul aprovechó la ola “Breaking Bad” e intentó destacar, pero no mucho. Sir Ben Kingsley ofrece una lección de cómo se debe comportar un actor en una película histórica, con sobriedad, de la misma manera que lo demuestra John Turturro en sus breves cuatro minutos como Seti.

La película resultó un fracaso relativo, ya que consiguió recuperar la inversión inicial gracias al mercado internacional. Aún así, fue una nueva decepción de Ridley Scott, quien tuvo que irse a Marte para volver a sentirse apreciado.
“Exodus: Dioses y Reyes” es una película fallida que sin embargo tiene grandes momentos y una advertencia hacia toda gran nación. El poder corrompe y puede volverse en contra.

Lo Mejor: La secuencia de las plagas. El diseño de producción.

Lo Peor: Un guion que presta poca importancia a sus personajes.