Aliados (Allied), de Robert Zemeckis

alliedposterMax Vatan es un oficial al servicio del Imperio Británico durante la II Guerra Mundial al que le es encomendada una misión en Marruecos. Para llevarla a cabo hará equipo con la agente francesa Marian Beauséjour, de quien se enamorará y casará. De regreso al hogar, los superiores de Vatan le informan de la posibilidad de que su ya esposa sea una espía nazi.

Clasicismo Artificial

Me alegró mucho cuando hace cuatro años Robert Zemeckis regresó a dirigir películas de acción real, alejándose del camino del motion capture al que tanto tiempo dedicó. Disfruté con dos de sus propuestas de animación digital, pero echaba de menos al director de obras fundamentales de la década de los 80 y 90, aquel que utilizaba la tecnología al servicio de la historia sacando todo el jugo a sus actores del mismo modo que a las técnicas infográficas. Sin embargo, su película de 2012, “El Vuelo”, me supo a poco. Con la salvedad de sus primeros quince minutos, me pareció un producto menor, cercano al telefilm, por muy entregado que estuviese Denzel Washington. Del mismo modo, su peripecia visual “The Walk” me dejó cierto sabor agridulce, con escenas donde demostraba lo artesano que siempre ha sido pero con un metraje bastante estirado. Ahora regresa con una película donde quiere homenajear al cine clásico de los años 40.
Al principio del film es inevitable pensar en la inmortal obra protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. El marco histórico y la localización son las mismas, la ocupación alemana en el protectorado francés de Casablanca, y tenemos en curso una misión contra los nazis. Y lo más importante, los protagonistas son una pareja que rememora a las míticas de Hollywood y deben luchar por no dejarse influir por sus sentimientos para llevar a cabo su cometido. Acabado el mismo, la película da un pequeño salto para adentrarse en un terreno más escabroso como es el de la intriga, y dónde la sombra de “Sospecha” de Hitchcock se hace presente. Zemeckis ya realizó su particular homenaje al maestro del suspense en ese divertimento llamado “Lo que la verdad esconde”, y aquí hace lo propio con una película que en ningún momento oculta su naturaleza de carta de amor al cine clásico.

No puedo negar que durante las dos horas de película estuve inmerso en la historia y disfruté de los modales que se sigue gastando el director en lo que a ejecución formal se refiere. Sin embargo, sigue existiendo en Zemeckis un cierto apego por la artificiosidad digna de sus películas de animación que me impiden catalogar su última propuesta como notable. El director siempre ha elaborado sus historias con ayuda de la magia de los efectos especiales, los cuales sustituyen aquí a los escenarios de cartón piedra o a los lienzos pintados que otorgaban profundidad en las películas de época, pero parece que tanto tiempo a los mandos de película en que el ordenador tenía mayor protagonismo que los actores le han hecho mella. “Aliados” está formalmente cuidada, tanto que todo parece estar planificado al milímetro, incluidas las interpretaciones, y ahí radica el punto flaco de la cinta. Los gestos y las miradas parecen estar coreografiadas como un baile, lo cual no tendría nada de malo si estuvieran cargadas del ingrediente principal del que adolece la cinta, pasión. Sólo la gran Cotillard es capaz de luchar y sacar oro con su personaje, el resto no dista mucho de los personajes digitales de “Beowulf” o “Cuento de Navidad” (en el caso de Pitt casi aseguraría que su rostro ha sido tratado como lo fue en “El Curioso Caso de Benjamin Button” para resultar más joven).

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He leído en varios lugares que Zemeckis con ésta película ha querido hacer algo similar a lo que hizo Spielberg el pasado año con “El Puente de los Espías”, opinión que no comparto más allá de que ambas miran a un cine de décadas pasadas y de una caligrafía fílmica notable. Me atrevería a decir que Zemeckis no busca en ningún momento la veracidad de la historia, es más, su naturaleza es digna del folletín con gotas de las novelas de aventuras de la época de Segunda Guerra Mundial, a la que retrata con un romanticismo propio de los grandes clásicos. En este camino si hay una película con la que se puede comparar es con “El Buen Alemán” de Soderbergh, la cual pecaba mucho más que la presente en querer asemejarse al cine de los años 40 (B/N incluido).
A pesar de la falta de calidez que debería transmitirnos el relato, en especial durante su segundo bloque cuando se desata la sospecha, he de decir que la cinta es de lo mejor realizado por Zemeckis en años, casi me atrevería a decir que es su mejor película desde “Naufrago” (manteniendo las distancias con aquella, eso sí). El director siempre me ha parecido un grande a la hora de narrar, cosa que aquí vuelve a demostrar en secuencias tales como las de la fiesta en casa de los protagonistas, dónde todo personaje parece sospechoso y la incertidumbre ahoga mucho más a Vatan. La planificación luce elegancia y meticulosidad incluso en los momentos más relajados como es la conversación en un café, donde el plano que muestra a Cotillard posee profundidad de campo para mostrar un objeto que tendrá fundamental importancia para el desenlace. Destaca el uso que se le da a los espejos, tanto a nivel narrativo como incrementando el nivel de suspense. Uno de los planos más llamativos es el de unas piernas caminando sobre cristales rotos, remarcando, tal vez, cómo aquello que refleja, o sirve para ello, puede acabar destruyéndose.

Algo que me chocó fue el montaje tan brusco entre la secuencia de amor dentro del coche envuelto por la tormenta de arena y la siguiente escena con Pitt jugando con un niño, alejado del cuidado dentro del mismo que existe a lo largo de la cinta. Personalmente, de sus dos partes, me quedo con la primera en Casablanca, y su aroma a tiempos pasados, y con el tramo final, en donde se puede palpar la tensión que precede a la tragedia.

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El libreto ha sido escrito por Steven Knight, capaz de lo mejor (“Promesas del Este”, “Locke”) y de cosas discutibles (“El Séptimo Hijo”). El guionista sabe perfectamente el tipo de cine que se quiere realizar con “Aliados” y elabora un libreto donde la relación entre Marian y Max sea la pieza fundamental. Más allá de las frases que se profesan me quedo con algunas secuencias donde son sus miradas las que hablan.
El diseño de producción es correcto, aunque excesivamente influenciado por la tecnología digital, lo que le otorga aún más ese barniz de relato de ficción romántico. Entre los escenarios donde se rodaron destaca Gran Canaria para representar Marruecos.
La música de Silvestri no destaca como en anteriores ocasiones, y ya es grave, porque desde que Zemeckis regresara al rodaje en real todas sus composiciones para el director han pasado desapercibidas.

En lo que respecta al mayor reclamo de la cinta, sus protagonistas, tengo que decir que es Cotillard quien se lleva todo el merito. Como he citado antes, la falta de pasión no es sólo culpa del director, sino también de sus actores, o más bien de su actor. Brad Pitt representa a la perfección a un gentleman cuando aparece vestido en esmoquin, y a un hombre de acción a la hora de llevar a cabo la misión. Sus comparaciones con Robert Redford al principio de su carrera están convirtiéndose en un hecho, y al igual que el veterano actor de “El Golpe”, Pitt tira de carisma para un personaje al que le falta más entrega emocional y complicidad con su pareja, una Marion Cotillard que debería haber sido la protagonista. La actriz se adueña de toda escena en que aparece, transmitiendo con su mirada más que todo el elenco. En serio, qué hubiese costado respetar la misma historia pero poniendo a la actriz en plan Joan Fontaine, sospechando de su marido Pitt. Entre los secundarios destaca un correcto Jared Harris como superior de Pitt; Lizzy Caplan da vida a la hermana de Pitt sin mucho peso en la historia; Matthew Goode protagoniza una breve secuencia dónde se lucen los expertos en maquillaje.

La película ha sido salpicada por el divorcio entre Pitt y Jolie en su promoción, y le ha pasado factura en lo que a taquilla se refiere. Una pena, porque para mi gusto, a pesar de la ajustada interpretación del actor, “Aliados” es una buena cinta en sus formas de querer rendir tributo a un cine de tiempos pasados.

Lo Mejor: Las formas que se gasta Zemeckis. Marion Cotillard.

Lo Peor: La ausencia de pasión.

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