Hasta el Último Hombre (Hacksaw Ridge), de Mel Gibson

hacksawposterDejando de lado la vida personal y privada que le ha acarreado más de un problema legal apartándolo durante un tiempo de las pantallas y de la primera línea de Hollywood, tengo que decir que una de las citas que más esperaba este año cinematográfico que toca a su fin era el regreso como director de Mel Gibson. Siempre he defendido que hay que intentar saber valorar las películas dejando a un lado la personalidad de quien las realiza, y, aunque todo lo que se ha escrito y dicho sobre su persona lo convierten en alguien a quien no me gustaría conocer, deseaba volver a disfrutar de una película con su firma.

Obra y Milagros de un Soldado

No sería raro que el tramo de Vietnam de “Forrest Gump” se inspirara en la historia real en que se ha basado Gibson para su última cinta tras la cámara. Los continuos viajes que realiza Forrest adentrándose en la selva salvando compañeros heridos en busca de Bubba recuerdan a la historia de Desmond Doss, quien se convirtió en el primer Objetor de Conciencia en recibir la medalla de honor del Congreso de los Estados Unidos. El soldado fue destinado a Okinawa como sanitario, salvando la vida de más de 70 soldados norteamericanos sin tocar un arma.
Uno de los rasgos de Mel Gibson tras la cámara es la de elegir siempre como protagonistas a personajes que emprenden un camino de sufrimiento y sacrificio en pos de sus creencias. Doss renuncia a tocar un arma en combate por su condición de Adventista del Séptimo Día, cuya mayor insignia es no arrebatar la vida a otra persona, lo que provoca las críticas y el rechazo entre los miembros de su escuadrón de entrenamiento. Pero al igual que William Wallace, Cristo o Garra de Jaguar, el soldado no se achanta, demostrando cómo todas las creencias en que ha sido educado le ayudan a soportar un infierno como el de Okinawa. Desmond Doss se suma así al carro de protagonistas Gibsonianos, impulsado por el valor y la fuerza de sus convicciones.

Aunque enmarcada en el género bélico, la cinta bien podría pertenecer a la corriente religiosa propagandística que sigue existiendo en varios films. En este sentido es fácil reconocer al Gibson de “La Pasión de Cristo”. No son pocas las veces en que Doss cita a Dios o habla con él de una manera similar a cómo lo hace Jesús en la brutal cinta de 2004, incluso su prometida le recrimina su orgullo como siervo de Dios. Según se dice, y eso la película quiere dejarlo claro con las (prescindibles) confesiones finales de los protagonistas reales, todo lo que el soldado vivió a nivel personal sucedió tal cual muestra el film, pero Gibson no desaprovecha la oportunidad para reforzarlo visualmente y elevar a su héroe a los cielos.

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El poder de la fe mueve montañas, y, al igual que ayudó al joven soldado a soportar todo tipo de adversidades por ser respetado dentro del ejercito, ha ayudado a Gibson a poder realizar esta película y callar la boca de aquellos que lo daban por acabado.
Conviven dos película en “Hacksaw Ridge”. La primera, correspondiente al primer bloque, posee un edulcoramiento mayúsculo y para describirla nada mejor que recurrir a una de las secuencias que tiene lugar dentro de ella. Doss tiene su primera cita con Dorothy y van al cine. Aunque en la pantalla aparezcan los típicos anuncios de propaganda de la guerra, el soldado está más interesado en echarle el brazo por encima a la chica y robarle un beso. Todo muy casto, muy correcto, mucho romanticismo de postín. Es como si se nos dijese “ey, habéis venido a ver una película para ligar”. Y lo cierto es que durante todo este bloque bien que me acorde de diarios de Noa y similares, algo a lo que la correcta (e incluso sosa) puesta en escena y una fotografía saturada ayudan. En paralelo se nos muestra la vida dentro de la casa de los Doss, con el drama del padre torturado por un pasado que intenta borrar con ayuda de la bebida y a base de golpear a su familia (la cinta no conoce la palabra sutilidad y todo tiene brocha gorda a nivel telefilm). La cosa adquiere un poco más de fuerza cuando Doss entra a formar parte del entrenamiento y, cual Full Metal Jacket, las pasa canutas por su declaración de no tocar un arma. El problema es que poca novedad ofrece con respecto a otras historias que nos han mostrado adiestramientos más crueles y veraces. El bloque concluye con el juicio que se celebra contra Doss por parte de sus superiores y la sentencia que lo absuelve concediéndole ir al campo de batalla sin portar un arma. El pacifismo parece triunfar, pero está a punto de adentrarse en el terreno de la bestia.

La segunda parte es otra película completamente distinta. Gibson se traslada a Okinawa. La fotografía es más grisácea. Los soldados han perdido la sonrisa. El miedo aparece. Pasamos de vivir en los mundos de color de rosa a adentrarnos en un infierno dantesco. Cuando los soldados alzan la vista hacia el punto que deben tomar (verdadero título del film), éste se nos muestra como un terrorífico monstruo que aguarda para devorar a quien lo ataque. Y lo hace con un grito al que sigue el sonido inconfundible y mortal de los disparos y las bombas. Ya no estamos en Kansas ni esto no es la Tierra de Oz. Como se dice en la magistral “Salvar al Soldado Ryan”: Aquí se viene a morir. Cabezas reventadas. Cuerpos estallando. Tripas esparcidas por el suelo. Sangre, sudor y lágrimas en su máxima crueldad. Y ahí Gibson saca toda la artillería. Si no se cortaba un pelo a la hora de ponerse dulzón en el primer bloque, mucho menos lo hace en este segundo, cuando da rienda suelta a todo lo que le ha empujado a hacer el film. La batalla de Hacksaw es visceral, brutal, escalofriante, de las que pasan a la historia. Claro que no todo es guerra, sino también valentía, al mostrar el poder de la fe de Doss y cómo fue capaz de sobrevivir en terreno enemigo por salvar a cada compañero caído que encontraba. Puede que no se comparta su credo, pero hay que reconocer que el soldado logró una hazaña inspiradora y emocionante de la que Gibson logra hacer participe al espectador usando recursos habituales en su filmografía como la cámara lenta o el uso de la música.

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Ya he citado que Gibson no es el ejemplo de la sutilidad. A él le gusta remarcar todo para la platea, subrayando en especial la bondad de protagonista demonizando, incluso, al bando rival. En esta ocasión los japoneses se presentan más como criaturas crueles y monstruosas, cercanas casi a Aliens, que como nobles soldados que también cumplen su deber al otro lado de la línea. Aunque se intente honrar a su cultura, su participación en el presente film no dista de los ingleses de “Braveheart” o los sanguinarios romanos de “La Pasión de Cristo”.
El libreto ha sido escrito por Robert Schenkkan y Andrew Knight, otorgando al film un aire cercano a las películas de los 50, con unos diálogos ñoños en su (previsible y manida) historia de amor, remarcando el puritanismo más rancio y conservador. El toque bélico es básico, ahí juega más el papel de Gibson como narrador, lo que si destaca es el mensaje católico que se quiere transmitir por medio de su protagonista.
Aunque bien puede ser tildada de americanada, la cinta ha sido rodada en Australia con equipo del país. En este aspecto hay que recordar la otra gran cinta del pasado año, “Mad Max: Fury Road”, y la labor de George Miller, de quien Gibson parece haber aprendido muy bien a la hora de plantear un combate y rodar acción a la vieja usanza y sin efectos digitales. Todo apartado técnico brilla en esplendor, pero no creo que la batalla de Okinawa sea la mejor de la historia del Cine, al menos no en veracidad (ahí sigue estando en el top Ryan), otra cosa es el salvajismo y la exageración con la que está mostrada. Es imposible quedar indiferente ante tanta explosión de violencia.
La Banda Sonora compuesta por Rupert Gregson-Williams irrumpe en varios momentos para otorgar más épica al relato. Y lo logra, en especial en el bloque final.

Con lo que respecta al reparto que ha dirigido Gibson, casi en su totalidad australiano, destaca Andrew Garfield exigiendo ser mejor considerado. El actor se amolda a la naturaleza del film, personificando a la perfección a un pacifista atrapado en el horror que no deja de amarrarse a sus creencias. Es curioso que, junto a esta, la otra interpretación de Garfield del año sea la de un sacerdote jesuita que se cuestiona su fe en el Japón Medieval. Deseando estoy de ver su rol en “Silencio” de Scorsese, lo que no cabe duda es que ya se ha despojado de ser el Spider-Man fallido. A su lado destaca Hugo Weaving como padre alcohólico y torturado del protagonista. En otras circunstancias su rol bien pudiera haber resultado un villano sin más, pero aquí la labor del actor logra que sintamos lástima y comprendamos cómo ha llegado a tan triste situación. Vince Vaughn intenta emular a otros Sargentos con malas pulgas. Aunque en su primera escena me provocó la misma risa que al protagonista, tengo que admitir que una vez en faena me convenció tanto como en la segunda temporada de “True Detective”. Luke Bracey es el compañero de escuadra del protagonista, quien se descubrirá como un verdadero compañero de armas. Sam Worthington está correcto como el Capitán superior de Doss. Teresa Palmer da vida a Becky, la enfermera de quien se enamora el protagonista. Un rol sin apenas profundidad ni empaque más allá de interés romántico.

“Hacksaw Ridge” puede ser criticada por el mensaje conservador que quiere lanzar a través de su protagonista, pero la forma tan contundente con que es narrada y la fuerza de sus imágenes bélicas no hacen sino volver a reconocer el talento de Mel Gibson tras la cámara. La crítica así parece haberlo hecho, y los Globos de Oro lo han nominado en tres categorías (Película, Director y Actor). Parece que el perdón de Gibson ha sido aceptado por la Industria. Ahora espero que le dejen hacer su visión sobre los Vikingos, y que sea tan emocionante y salvaje como la presente.

Lo Mejor: Su apasionante y brutal tramo bélico.

Lo Peor: El tono rancio de su primera mitad.

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2 pensamientos en “Hasta el Último Hombre (Hacksaw Ridge), de Mel Gibson

  1. La película y su mensaje no arrancan hasta que Doss se alista, ahí comienza la verdadera “Hacksaw Ridge”. Toda la segunda mitad con esa brutal batalla es un ejemplo de dirección y de como debe filmarse acción. Podría haber sido mejor (algunas escenas iniciales son sonrojantes), pero al final la película da de sobras lo que uno esperaba encontrar en ella. Se echaba de menos al Gibson director y no ha defraudado.

    Pd 1: Otra gran reseña.

    Pd 2: ¡Felices fiestas!

    Saludos.

    • Pues si Rodi, la primera parte tiene momentos sonrojantes. Menos mal que una vez en faena aparece el salvaje Gibson para deleitarnos con otra cinta llena de emoción.

      Gracias por comentar.
      Felices Fiestas!!

      Un saludo!!

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