La La Land, de Damien Chazelle

lalaposterCuánta razón tenía el personaje de Björk en “Dancer in the Dark” al afirmar que le gustaría vivir en un musical de Hollywood, porque en los musicales nunca pasa nada malo. Aunque podemos encontrar muchos ejemplos dentro del género de historias que no son tan felices (la cinta de Von Trier es el máximo exponente), a nivel global el musical siempre irradia optimismo y vitalidad, especialmente los títulos que tuvieron como máximos embajadores a figuras como Fred Astaire, Ginger Rogers o Gene Kelly entre otros muchos. Pues bien, Damien Chazelle recoge el guante de dicha tradición, ofreciendo un musical vibrante y encantador, a la altura de las mejores, que se alzó en los pasados Globos de Oro con siete Premios, convirtiéndose así en la cinta más premiada de la Historia de dichos galardones.

Bailad, bailad, soñadores

El film narra la historia clásica de chica conoce a chico en la ciudad de Los Angeles. Ella busca triunfar como actriz. Él es un pianista que sueña con tener su propio club de jazz. Se enamoran y juntos tratarán de alcanzar dichas aspiraciones.
De la misma forma que el protagonista con el jazz, Chazelle toma el género musical respetando su naturaleza. No hace falta inventar algo nuevo para brillar, sencillamente hay que saber narrar con personalidad y corazón. Y de ese modo, el director que ya me hiciera vibrar con “Whiplash”, vuelve a emocionarme en la sala de cine, pintándome una sonrisa en el rostro durante gran parte del metraje. Sólo por eso, ya considero “La La Land” como una de las grandes experiencias cinematográficas de los últimos años.

Empieza la proyección y aparece en la pantalla el logo de Techincolor, llenándola por completo. Y no sin motivo. La secuencia de apertura es un festín musical de luz y color narrado en prodigioso plano secuencia. Una inyección de energía estalla de la pantalla logrando que el mayor atasco imaginable se convierta en una fiesta que dé paso a la historia principal.
La cinta otorga una visión romántica al duro mundo del espectáculo poniendo como protagonistas a dos soñadores que luchan día a día en una ciudad en que se adora todo pero no se valora nada. Chazelle pinta una meca del cine amable pero con detalles propios de la crueldad que la gobiernan. De la misma manera, ésta película tan optimista esconde un dardo que la convierte en algo grande para mi gusto. Los sueños se transforman, y a veces desaparecen. Como un cine al que tienes especial cariño pero que acaba cerrando por falta de público. Pero no hay que entristecerse, sino disfrutar el momento, y por eso la cinta se vuelca del lado alegre.
“La La Land” es un homenaje al Cine por todo lo alto mediante números musicales dónde las coreografías no se ciñan sólo al baile de los actores sino también a la puesta en escena elaborada por Chazelle, que inserta la cámara convirtiéndola en un personaje más, introduciendo así al público en la trama para que se palpe la energía positiva del cuento. Ahora bien, no todo son números musicales, de hecho, el film tiene dos bloques muy bien diferenciados gracias a la presencia de las canciones. La primera hora es donde más protagonismo tienen, reforzando las ilusiones y el flirteo amoroso que viven los protagonistas. La segunda hora, aún teniendo tramos musicales, es más reposada y se adhiere más al drama romántico, pero sin perder la magia. Como en toda buena historia de amor se comienza de forma efusiva para dar paso a un tramo más reflexivo que concluye con cierta amargura. Este esquema se enriquece mediante las diferentes estaciones del año, coincidiendo cada una de ellas con el estado anímico de los personajes y del propio film.

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El director ofrece la cara B del cuento que narró hace tres años. “Whiplash” se caracteriza por tener un montaje muy elaborado dónde los angustiosos planos cerrados fluyan al ritmo frenético de la música y transmitan la ansiedad del protagonista. “La La Land” también hace gala de un trabajado montaje, pero las secuencias ofrecen respiro y fluidez gracias a la utilización de grandes travellings que describan las acciones de los personajes. “Whiplash” es oscura, dorada como los platillos de la bateria. “La La Land” es luminosa, colorista como los trajes que visten Mia y sus amigas. Las dos hablan de alcanzar sueños, y de sacrificar cosas por lograrlos. Pero mientras la historia de Andrew y su sádico profesor adopta un cariz trágico y enfermizo, la de Mia y Sebastian abraza la calidez a través la comprensión mutua que se profesan, ofreciendo una nueva Love Story llamada a convertirse en inmortal.
Si tuviese que destacar algún instante de la cinta, quizás me quedaría con dos. La cita de Mia y Sebastian que finaliza en el Observatorio (icónico gracias a “Rebelde sin Causa”), donde protagonizan un baile imposible en el Planetario. Magia en estado puro. Y el tramo final, donde el poder de los sueños no alcanzados se adueña de esa gran secuencia de clausura que funciona como un “What If” idílico y emocionante. Dos secuencias dentro de un conjunto brillante.
Chazelle, también guionista del film, logra que una historia de manual resulte enternecedora. Sin sacrificar ni un gramo de azúcar romántico, la trama fluye a las mil maravillas con detalles muy bien utilizados (ese beso que parece no llegar nunca por culpa de interrupciones), definiendo a la perfección a cada personaje por medio de las estupendas interpretaciones de los actores y por detalles visuales que refuerzan sus personalidades e ilusiones. Así, la habitación de Mia está adornada por un poster de Ingrid Bergamn y de diferentes películas clásicas, mientras todo el entorno de Sebastian huele a jazz. El cine y la música se dan de la mano a través de ellos, y esa visita a los estudios Warner frente al balcón donde se rodó una mítica secuencia de “Casablanca” es muy significativa.

A nivel visual la película es un placer. El director de fotografía Linus Sandgren se alía con Chazelle componiendo planos de una belleza espectacular. Personalmente quedé prendado del momento en que Emma Stone queda encuadrada por las luces de neón rojo en el club donde toca Sebastian cuando lo conoce. Como he dicho, Los Ángeles aparece idealizada, con los colores saturados para otorgar ese cariz de musical clásico.
Como ya sucediese en la anterior película de Chazelle, la música posee vital importancia. Justin Hurwitz vuelve a encargarse de componer la partitura y, también, las canciones que impregnan al film de ese aroma encantador que le hace destacar por encima de otros musicales recientes. Como punto negativo destaco la repetitiva utilización del tema principal. “City of Stars” (la cuál ha sido elegida para poner título al film en nuestro país) es una preciosa canción de la que se abusa a nivel orquestal a lo largo del film, restándole fuerza. Aún así, tengo que decir que cuando las notas musicales hacen aparición es cómo si  la sangre corriese por las venas del film.
Y si la música es la sangre, no hay duda de que los encargados de dar vida a Mia y Sebastian son el corazón. Emma Stone y Ryan Gosling se reencuentran frente a la cámara tras “Crazy, Stupid, Love” y “Gangster Squad” para demostrar que son dignos herederos de las parejas más famosas del Cine. Los dos hacen gala de su carisma individual. Ella brilla en cada fotograma otorgando vitalidad, simpatía, ilusión y puro sentimiento a Mia, la joven que sueña con triunfar como actriz. Por su parte Gosling irradia energía y pasión como ese pianista de jazz, sin renunciar al estilo que lo ha convertido en uno de los actores más admirados del actual panorama cinematográfico. Del resto del elenco destacan las presencias de J.K. Simmons como conserje de un club donde toca Sebastian, Rosemary DeWitt como la hermana del pianista y el cantante John Legend como antiguo compañero musical de Sebastian.

“La La Land” es una fabulosa película donde la magia del cine hace gala mediante una encantadora historia de amor. Alegra el día, aunque también consigue clavar un alfiler en el corazón.

Lo Mejor: La pareja Stone-Gosling. La vibrante y vitalista puesta en escena. Su amor al cine.

Lo Peor: El ajustado repertorio de canciones.

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2 pensamientos en “La La Land, de Damien Chazelle

  1. ¡Qué disfrute de reseña! Vi la película hace un par de días y fue una gozada, tan vitalista y deliciosa como esperaba. Lo que no esperaba es ese amargo y emotivo final, pero es uno de los mejores momentos de la película. Para mí, el Oscar de este año a la mejor actriz es para Stone. Sin duda “La la land” será una de las mejores películas que podremos ver este 2017. “City of stars” aún sigue sonando en mi cabeza.

    Pd: La reseña de “Trainspotting” la leeré en unos días, ya que aún estoy ultimando la mía y no quiero influenciarme, pero ya tengo mono.

    Saludos.

    • Si Rodi, “La La Land” es una película vitalista y alegre que da gusto contemplar en una sala de cine. El final es perfecto, tan cruel como la vida misma. Yo espero que arrase la noche del 26 de Febrero, aunque por ello crezcan los haters que parecen estar aumentando a medida avanzan los días.
      Lo que está claro es que Chapelle es todo un talento, y que Emma Stone una de las mejores actrices actuales.

      Muchas gracias por comentar!!

      PD: Tranquilo, en cuanto cuelgues tu reportaje de “Trainspotting” lo leo que también tengo muchas ganas.

      Un saludo!!

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