Moonlight, de Barry Jenkins

moonlightposterSi por algo pasará a la historia la gala número 89 de los Oscars será por el desenlace con los sobres. Es posible (quizás me equivoque) que ese hecho acabe perjudicando injustamente con el tiempo a la cinta ganadora, “Moonlight”. Y es que, no nos engañemos, por muchos detractores que le acabaran saliendo a medida que se acercaba la ceremonia, “La La Land” merecía ganar. Personalmente era mi favorita, la que más desprendía ese aroma de “Gran Ganadora de Oscars” con orgullo, rememorando el Hollywood clásico. Si bien se alzó con el mayor número de estatuillas, a la película de Chazelle se le aguó la noche en el premio final. En un giro final de los acontecimientos más propio de un guion, la cinta dirigida por Barry Jenkins se alzó con el gran premio de la jornada coronándose como ganadora moral justo con otros dos (Secundario y Guión Adaptado). Y no me parece mal, al fin y al cabo era mi segunda opción.

La Forja de la Identidad

Se pueden hacer varias conjeturas sobre el triunfo de “Moonlight” en los Oscars, siendo la polémica del año anterior bajo el lema #Oscarssowhite la más llamativa, aunque personalmente me quedo con que la Academia ha querido premiarla, además de por su calidad, cómo respuesta hacia el reciente inquilino de la Casa Blanca. Si, “Moonlight” merece ser recordada ya de entrada cómo primera película premiada de la Era Trump. Y eso no es poca cosa viendo las temáticas que tocan y los protagonistas que la narran.
La película cuenta la historia de Chiron a través de tres momentos de su vida (niñez, adolescencia, edad adulta). En esencia es una historia de descubrimiento personal que se asemeja a la reciente “Boyhood”, aunque, a diferencia de la de Linklater, condensa mucho más el relato en tres grandes bloques/actos, y, claro está, fue rodada en un breve periodo de tiempo.

¿Qué hace especial a “Moonlight”? Porque, sinceramente, no es que sea original en su historia por mucho que quieran remarcar la orientación sexual del protagonista. Si dejo aparte los destellos argumentales con los que han querido promocionar el film, personalmente me quedo con la forma en qué es narrado y lo bien que describe la forja de una identidad. La presentación del protagonista marca a la perfección su mundo y personalidad. Mientras dos camellos charlan distendidamente sobre sus asuntos personales un niño aparece frente a ellos corriendo. Tras él aparecen otros niños. Ya está. Chiron nos es presentado escapando. Vive en un mundo hostil donde le llueven hostias por todas partes. Sufre bullying en el colegio, su madre es drogadicta y vive en un barrio dónde la posibilidad de conseguir un futuro mejor es casi nula. Y sin embargo, la película está llena de esperanza, la cual aparece mediante el sorprendente personaje interpretado por Mahershala Ali, un traficante de drogas que demuestra tener un corazón enorme. Juan es uno de los personajes que entran en el corazón, un rol que bien podría haber sido el malo de cualquier película de estudio y que aquí adquiere una personalidad profunda que escapa de su oficio como traficante. Como si de un personaje de “The Wire” se tratara, Juan muestra la cara intima y sensible de un grupo de gente excluida de la sociedad, supervivientes urbanos que deben adaptarse al lugar donde viven mediante metodos alejados de la ley. Juan personifica la figura paterna de Chiron, su modelo a seguir, no en vano él es quien le da el mayor discurso del film que hace alusión al título de la cinta, y él es quien, en una preciosa escena, lo rebautiza.
Los años pasan, marcados por un amor que desembocó en dolor. Chiron, ahora conocido como Black, deberá elegir entre seguir el camino parecido al de Juan o aceptarse a sí mismo haciendo frente a dos de sus figuras fundamentales en la vida. La película parece decir que no importa de dónde seas, sino el camino que quieras tomar en la vida sin renunciar a tu personalidad.

alimoonlight

¿Por qué me gusta “Moonlight”? Además de lo anteriormente citado, me gusta la forma que tiene Barry Jenkins a la hora de narrarla, con una sencillez poética que rivaliza en el año con la de “Paterson” de Jarmush (muy injustamente olvidada en los premios). El director, junto con el director de fotografía James Laxton, consiguen un film precioso pero duro. Nos adentramos en el universo de Chiron, en su atmósfera, resultando en muchos momentos opresiva (la madre, el colegio), alegre (Juan y Teresa) o libre (Kevin). Escenas como la conversación en casa de Juan cuando el pequeño le comienza a preguntar acerca de su madre y sus gustos, las visiones que tiene sobre su madre gritándole, el encuentro entre Juan y ésta, y la escena en la playa junto a Kevin, con más sensibilidad y corazón que toda “Brokeback Mountain”, me pellizcaron el corazón.
Porque el guion escrito por el propio Jenkins y Tarell Alvin McCraney con tintes un tanto autobiográficos (crecieron en un ambiente como el del protagonista) no entra en el tremendismo. Abarca temas muy duros sin subrayados. Habla del bullying, de la violencia doméstica o de drogas sin un discurso aleccionador ni moral, sino de frente. Muestra problemas como los ve el protagonista, que debe enfrentarse a ellos de forma acertada o equivocada, pero libre. El amor es la luz que inunda la historia. Y no sólo el amor entre Chiron y Kevin, sino el que le muestran Juan y Teresa, demostrando que la familia puede no compartir la misma sangre por las venas. También el amor de una madre, aunque su forma de interpretarlo no se comparta. Como nota personal, me gusta el simbolismo del agua y de la playa. No hay que dejar que la marea te arrastre, sino que se debe nadar a contracorriente por seguir a flote y encontrar tu orilla.
Porque las interpretaciones son impecables. A parte del citado, y oscarizado, Ali, destaca una Naomi Harris escalofriante que rodó su parte en apenas tres días. Su personificación de madre enferma por la droga es de las que hielan la sangre y sacuden el corazón. Alex R. Hibbert, Ashton Sanders y Trevante Rhodes interpretan a Chiron en las tres diferentes etapas de su vida. Sin necesidad de rodar 12 años, los tres actores consiguen personificar un mismo alma, un personaje que evoluciona y pone rostro al film. De la misma manera, Jaden Piner, Jharrel Jerome y André Holland personifican a Kevin, su mejor amigo.

¿Merecía ganar “Moonlight” el Óscar a Mejor Película? Dicha pregunta se puede hacer a toda cinta que ha ganado el premio gordo, pero visto el desenlace de la entrega de premios creo que viene a cuento. Mi corazón estaba muy volcado hacia “La La Land”, pero aplaudo el atrevimiento de la Academia al premiar una película como ésta. No sólo por el, un tanto exagerado, tema racial ni la, tan promocionada, orientación sexual del protagonista, sino por ser el producto más minoritario y prestigioso (en la crítica especializada siempre ha arrasado). Como he escrito al principio, puede que con el tiempo acabe siendo catalogada como “sobrevalorada” o “injustamente premiada”. Ahí ya cada uno, todos los años en los premios pasa lo mismo. Personalmente me siento triste pero alegre. Aunque más alegre debe sentirse Brad Pitt, que vuelve a tener un producto suyo (Plan B produce) como triunfador de los Oscars después de “The Departed” o “12 años de escalvitud”.

“Moonlight” es un hermoso relato sobre el descubrimiento personal narrado con sencillez y de frente.

Lo Mejor: La forma en que es narrada. Ali y Harris están soberbios.

Lo Peor: La historia no es muy original, cosa que no tiene nada malo.

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