The Wizard of Lies, de Barry Levinson

Bernie Madoff saltó a la fama a finales de 2008 como consecuencia de la crisis económica. Su figura puso rostro al huracán que hundió el sistema financiero mundial y llevó a la ruina a un incontable número de familias. Su  historia dio la vuelta al mundo llenando noticiarios y estanterías en las tiendas de libros. Basándose en uno de ellos, Barry Levinson ha dirigido este film para HBO contando como mayor reclamo con su pareja protagonista, unos Robert De Niro y Michelle Pfeiffer que vuelven a coincidir en un proyecto por cuarta vez en una década.

Al contrario de lo que reza en muchas sinopsis, “Wizard of Lies” no trata sobre la estafa piramidal basada en el sistema Ponzi que realizó Madoff a lo largo de treinta años. Se hace referencia, por supuesto, introduciendo algunos flashbacks que den pistas sobre el funcionamiento de la empresa de inversiones de la que era dueño, pero sin ahondar en exceso. Lo que importa en el film son las consecuencias que se dieron al descubrir la estafa de 50 billones de dólares que había llevado a cabo Madoff. Por esa razón la película se inicia con la confesión del protagonista a su mujer e hijos, quienes reciben la noticia como una bomba. Su mundo acaba de detenerse y se precipita a su fin. Y lo peor es que el culpable de todo ello, su marido y padre, se refugia en una excusa. Lo hizo todo por ellos. A lo largo del metraje se muestra a Madoff como un hombre cercano a los suyos, siempre preocupado por su familia, pero también convencido por su propia inventiva. Quiso poner una venda en los ojos de los demás y acabó poniéndosela él mismo, convenciéndose de que su familia estaría bien, que no les pasaría nada. Pero su ambición logró todo lo contrario.

El film habla de daños colaterales. Por supuesto muchas personas que pusieron su fortuna en manos de Madoff padecieron terribles consecuencias más allá de las económicas. Pero me gusta que el film muestre el sufrimiento que también vivieron Mark y Andy Maddoff como hijos, y Ruth como esposa. Los hijos, encargados de la asesoría, donde nada había de ilegal, fueron marcados como culpables por la opinión pública y acosados sin descanso por diferentes medios de comunicación. Ruth, por su parte, fue también estigmatizada como la cómplice de su esposo, a quien siguió fiel en los primeros años de cárcel. Pero, según muestra el film, ninguno de ellos sabía nada. Fueron arrastrados por el demonio tenían en casa.

De no ser por la pareja protagonista seguramente no me habría acercado a esta película. La razón es muy sencilla, la figura de Madoff y el tema financiero me resultan un tanto tediosos. De hecho no he visto la primera aproximación al personaje que se realizó el pasado año con Richard Dreyfuss dándole vida. Pero es que aquí hablamos de De Niro (de quien soy fiel incluso en el mayor de sus ridículos) y Pfeiffer (una de mis actrices de cabecera y a la que gustaría ver más a menudo en pantalla). Los dos han participado en la reivindicable “Stardust”, la horripilante “Noche de Fin de Año” y por fin consiguieron compartir pantalla en la maja “Malavita”. Para la cinta dirigida por Levinson vuelven a dar vida a un matrimonio, pero en una vertiente más trágica.
Si hay una palabra que define el trabajo de ambos intérpretes es contención. La Ruth Madoff de Pfeiffer personifica el drama en silencio. Casi siempre encerrada entre cuatro paredes, su aspecto frágil de sexagenaria ayuda a que sintamos empatía por una mujer que parece estar enterada de todo cuánto su marido hacía pero acaba convertida en una victima más de su engaño. Ruth ha vivido siempre a la sombra de esposo y va perdiendo todo lo que ama de forma gradual. Cierto es que esperaba más presencia de Pfeiffer durante el metraje, pero cuando aparece se hace notar y protagoniza grandes momentos, como el intento de suicidio con pastillas. Por su parte, De Niro ofrece una interpretación muy controlada. Lejos de sus últimos roles cómicos y exagerados, brinda un retrato muy contenido de un sociópata. Lo increíble es que parece que no hace nada y sin embargo logra desaparecer a través del personaje. Como en sus mejores tiempos, es la mirada su mayor fuerte, protagonizando el cierre de la obra e implantando la duda sobre si el protagonista era consciente o no de lo que estaba haciendo. Junto a ellos destacan Hank Azaria como uno de los hombres de confianza de Maddoff, Alessandro Nivola y Nathan Darrow como los hijos de Madoff y las presencias secundarias de Lily Rabe y Kristen Connolly.

Me he quedado también sorprendido por el más que correcto trabajo de Barry Levinson. El director llevaba años sin ofrecer un título a la altura de sus cintas más conocidas, aunque en televisión ya consiguió triunfar con “No conoces a Jack”. Al igual que en aquella, donde ofrecía un papel bombón a Pacino, ahora repite jugada para De Niro (con quien vuelve a trabajar por cuarta vez). La película tiene una notable factura que excede la etiqueta de telefilm y está bien llevada, aunque en su primera mitad sea cuando cueste engancharse con tanto concepto bursátil. Pero el reparto y la buena labor técnica suplen ese ligero hándicap.

“The Wizard of Lies” sigue explotando el tema de la crisis financiera a través de uno de sus protagonistas. Más que un biopic o una cinta que trate de arrojar luz sobre qué pasó, es una tragedia griega sobre un hombre cuya ambición y ceguera hundió aquello que, según creía, más le importaba.

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