Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar (Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell no Tales), de Joaquim Rønning y Spen Sandberg

No voy a negar mi fidelidad a la serie de películas que iniciase la Disney en colaboración con Jerry Bruckheimer allá por 2003. Aquel film de piratas protagonizado por Johhny Depp se convirtió en un auténtico fenómeno que dio como fruto varias secuelas, siendo la estrenada en 2011 la más decepcionante de todas. Porque sí, a pesar de tener una historia un poco mejor fabricada a nivel individual que sus dos antecesoras, “En Mareas Misteriosas” adolecía de una puesta en escena donde se notaba en exceso la falta de inventiva. La cinta dirigida por Rob Marshall supo a poco, y parecía poner fin a las aventuras de Jack Sparrow, pero (como siempre) la taquilla manda y recaudó más de mil millones de dólares en todo el mundo. ¿Conclusión? Había que volver a soltar amarras con una nueva aventura. Aunque para ello se hayan sufrido diferentes problemas. Por un lado, la relación Bruckheimer-Disney se desgastó tras los fracasos consecutivos de sus films (“El Llanero Solitario” fue la gota que colmó el vaso) y puso en peligro la realización de una nueva entrega. Por otro, la caída de popularidad del protagonista, Johnny Depp, curiosamente sin ningún taquillazo desde la última aventura piratesca, y con noticias sobre su vida privada bastante desafortunadas que siempre juegan en contra. Por fortuna (o desgracia, según se mire), la quinta entrega ha logrado ver la luz y traer de vuelta al capitán Jack Sparrow.

Virando hacia los orígenes

Para la quinta entrega de la serie, los artífices parecen haber apostado sobre seguro fijando su vista en el film que lo inició todo. Así, tenemos maldiciones, fantasmas, escaramuzas imposibles, humor y una nueva pareja de jóvenes. Elementos que hicieron famosa a la serie y son parte de su ADN, pero eso no implica siempre que la formula dé buen resultado.
Las cosas como son, la cinta se abre muy bien mediante un prólogo que sirve como ancla a los sucesos acontecidos en las tres primeras entregas y retoma personajes que hicieron popular a la franquicia (y que muchos espectadores echaron en falta en la cuarta entrega), planteando además el conflicto principal, la búsqueda del Tridente de Poseidón con el que romper todas las maldiciones del mar. Justo después se presenta al nuevo villano, un temible corsario español condenado en el Triángulo del Diablo como fantasma por culpa de Jack Sparrow, quien vuelve a adueñarse de la historia en exceso.

Es curioso cómo el arma secreta de la primera película, y culpable de que se convirtiera en un éxito, se ha acabado convirtiendo en el mayor lastre de la Saga. Cierto es que sin Jack Sparrow/Johnny Depp el invento no tendría ningún sentido (Bruckheimer, de hecho, ha declarado que de realizarse una sexta es imprescindible que el actor esté a bordo), pero como dice un refrán muy sabio: lo poco gusta y lo mucho cansa. Jack Sparrow es uno de los personajes más famosos de la historia con motivo, y su participación en cada nueva entrega fue ampliándose hasta acabar protagonizando en solitario la cuarta. El problema no es ese, sino no saber desarrollarlo más allá de sus excentricidades. De acuerdo, es su marca característica, pero se nota el desgaste, y muy especialmente en la entrega presente, donde podría haber funcionado mejor de forma más secundaria. De hecho, lo tenían en bandeja. En el primer trailer no aparecía más que en un cartel de recompensa. Cuando la cinta se abre, el protagonista, Henry, promete encontrar el Tridente con ayuda de Sparrow. Años después, ya mayor, el joven escucha de boca de un viejo cautivo que Sparrow murió. Justo entonces aparece Salazar para pedirle al chico que lo busque y le mande un mensaje. En conclusión, Sparrow tendría que haber sido otro mcguffin, al menos durante medio metraje. Pero para los creadores dicha decisión hubiese sido muy arriesgada, y por eso, nada más aparecer el título de la película, entra en escena haciendo gala de sus modales. Y es una pena decir esto, pero el emblemático personaje va a acabar siendo el fantasma de lo que fue (si es que no lo es ya).

El caso es que, Sparrow a parte, la historia funciona. La línea argumental está bien definida y prescinde de la saturación de entregas precedentes, aunque sigan existiendo personajes desaprovechados o sin mayor protagonismo (la bruja Shansa). La introducción de los nuevos personajes es acertada y aporta gratas sorpresas que tratan el tema de la herencia familiar. En especial es el personaje de Carina el más interesante al describirla como una mujer adelantada a su época, independiente y con altos conocimientos sobre astronomía que le ponen el letrero de bruja en una sociedad aún arcaica. A su lado, Henry funciona como heredero del Will Turner de las primeras entregas, aunque haga poco uso de la espada. Los dos jóvenes bien podrían haber sustentado la película con la pequeña ayuda de Sparrow. Es más, haciendo referencia al capítulo de “The Big Bang Theory” donde hablan sobre “En Busca del Arca Pérdida”, si quitásemos al capitán Jack Sparrow de la presente entrega casi diría que todo se soluciona de manera similar a como lo hace con su participación.
Salazar funciona bien como nuevo villano. Posee carisma, un objetivo claro y un cierto aura de tragedia que, por desgracia, acaba evaporándose en los último minutos. No alcanza a Davy Jones ni, por supuesto, a Barbossa, pero es mejor que Barba Negra, aunque me hubiese gustado que profundizasen más en su odio hacia los piratas más allá del flashback en que narra cómo acabó convertido en fantasma, y en donde se muestra cómo Jack logró el apodo que lo haría famoso (dicha secuencia es de lo mejor del cinta).

En contra de la opinión (casi) general, soy un firme defensor de las dos primeras secuelas, donde el caos en la historia es compensado mediante recursos visuales atractivos y una loable labor de dirección por parte de Gore Verbinski que abrazaba por momentos el surrealismo cercano a Terry Gilliam (ese barco del revés). Verbinski creó una trilogía potente a nivel visual que Rob Marshall no supo adoptar salvo en leves instantes (la escena de la sirenas). Para la quinta entrega se eligió al tandem de directores noruegos nominados al Oscar por “Kon-Tiki”, y también artífices de aquel producto del oeste protagonizado por Salma Hayek y Penélope Cruz titulado “Bandidas”, Joaquim Rønning y Espen Sandberg. El dúo se intenta amoldar al estilo de la Saga con grandes escenas de acción bien resueltas (el atraco al banco; la guillotina) y otras que logran la carcajada (la boda), pero sin alcanzar el trabajo de Verbinski. Hace falta más atrevimiento para secundar visualmente la personalidad de Sparrow, aunque a nivel general ofrecen un producto veraniego decente que, sorpresa, apenas sobrepasa las dos horas, convirtiéndose en la cinta más breve de la serie.
Ted Elliot y Terry Rossio han sido sustituidos en el libreto por Jeff Nathanson, quien trata de crear una trama que funcione tanto de manera independiente como de enlace con las entregas previas. El resultado es que como historia a nivel general se mantiene, pero debería existir más profundidad en personajes como Henry o Salazar, así como una menor referencia esquemática con respecto a la primera entrega. Mencionar que existen ligeros resbalones en lo que respecta a la continuidad con entregas anteriores (el origen de la brújula).

Uno de los apartados menos pulidos de la cinta es el montaje. No entiendo cómo pueden conectar secuencias de manera tan brusca o sin un mínimo de estilo, como por ejemplo en la introducción al flashback. También molestan los continuos cortes para narrar acciones que quedarían infinitamente mejor en un plano, como el beso final.
En lo que a efectos visuales se refiere me sorprende mucho que la cinta haya costado cerca de 250 millones. Salazar y sus esbirros están bien rematados, pero ¿por qué cantan en exceso los fondos? En especial en la escena final, con ese cielo entre rosa y naranja tan doloroso. Tal vez medio presupuesto se fuese a rejuvenecer a Johnny Depp.
La Banda Sonora es fiel reflejo de lo que es la película, una conexión continúa a las primeras entregas. Geoff Zanelli toma el testigo de Klaus Badelt y Hans Zimmer pero sin salirse mucho de lo establecido. Y es una pena, porque, cuando lo hace, promete, como bien puede verse en el tema de Salazar o en la variación del tema principal.

En lo que respecta al reparto empezaré hablando de las nuevas incorporaciones. Brenton Thwaites sigue la senda de Orlando Bloom como nuevo héroe aventurero. Tengo que decir que en apariencia su personaje me recuerda más al Guybrush Threepwood de “Monkey Island” de lo que lo hacía Bloom, pero, por desgracia, queda muy perjudicado por el resto de sus compañeros, y por un libreto que lo presenta como protagonista y lo convierte en secundario. Kaya Scodelario se erige como lo mejor de la cinta dando vida a Carina Smyth, una mujer adelantada a su tiempo, independiente y capaz de valerse por sí misma. Lo interesante del personaje, además, es introducir el mundo de la ciencia. Carina es una persona pragmática que no cree en nada que no se pueda demostrar, con lo cual su introducción en la aventura la hace replantearse sus creencias e iniciar un viaje de descubrimiento. Javier Bardem se luce como corsario fantasma Salazar, también conocido como el Matador del Mar, al que aporta una notable presencia escénica. Su rostro grisáceo con la melena al viento flotando es una de las imágenes cinematográficas del año. David Wenham da vida al, típico, oficial británico que va a la caza de los protagonistas. Golshifteh Farahani se adueña de las escenas en que aparece brevemente con su rostro rapado y maquillado con serigrafía. Su rol como bruja sabe a muy poco con el potencial que tiene. Kevin McNally y Stephen Graham retoman sus personajes de piratas compañeros de Jack. Como presencias invitadas aparecen Orlando Bloom y Keira Knightley retomando a sus ya míticos Will Turner y Elizabeth Swann, mientras Paul McCartney llena el hueco de Keith Richards. Geoffrey Rush vuelve a ser Barbossa sin abandonar las galas que ya lucía en la anterior entrega aunque haya retomado su vida pirata. El actor australiano parece que no tiene que esforzarse para seguir luciéndose y seguir indagando en un personaje que es de lo mejor de la Saga. Y por último tenemos a Johnny Depp, una vez más como Jack Sparrow. Al contrario de Rush, Depp parece no saber aportar a su rol nada nuevo más allá de su típica sorna ebria. Sparrow se presenta como en el primer film. Sin suerte, con su tripulación en contra y con muchas ganas de beber ron para ahogar las penas. Pero sin la chispa que lo caracterizaba. Poco parece quedar de aquel pirata que, además de divertido, era valiente y salía airoso de problemas mediante ideas chifladas. Sólo en la escena donde se narra su origen se vislumbra un poco de aquello que lo hizo grande.

“Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar” sigue explotando un personaje que parece ya gastado. Sin embargo no hay que olvidar la naturaleza de la película. Una montaña rusa que narra cuentos de piratas para toda la familia. Y ahí, debo reconocerlo, acierta aunque sea de forma descafeinada. Eso si, por mucha escena postcréditos que posea, me gustaría que Disney y Bruckheimer dijeran adiós a la Saga. Pero ya se sabe, la última palabra la tenemos los espectadores que pasamos por taquilla.

Lo Mejor: Los personajes de Carina, Salazar y Barbossa. Entretiene.

Lo Peor: Jack Sparrow empieza a cansar y poco aporta a la historia. El montaje.

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