Rey Arturo: La Leyenda de Excalibur (King Arthur: Legend of the Sword), de Guy Ritchie

Como siempre, Hollywood vuelve a recurrir a personajes populares para realizar superproducciones capaces de atraer a las masas, y más en concreto a la nueva generación de espectadores. Trece años después de la versión dirigida por Antoine Fuqua y producida por Bruckheimer, se vuelve a poner la mirada sobre el soberano de Camelot con un estilo visual más actualizado. El proyecto fue cambiando de manos hasta que Warner se lo confió a Guy Ritchie tras los éxitos de “Sherlock Holmes”. Ritchie se sintió entusiasmado y prometió una película que mezclara el aroma de El Señor de los Anillos con la visión que había mostrado a la hora de retratar el mundo criminal londinense de sus primeros trabajos. La cosa no quedó ahí, sino que se anunció que el proyecto era el inicio de una Saga que constaría, nada más y nada menos, que de seis entregas. Vistos los resultados de taquilla, creo que dichas entregas se van a quedar en el cajón.

Parece que Arturo Pendragon está condenado en el cine desde hace años. La producción que realizasen hace trece años se descalabró en taquilla, en parte siempre pensé que fue debido a su visión “verídica” en plan “Gladiator” que no pegaba con un personaje cuya fama radica en la fantasía y la leyenda. Sin embargo, viendo el resultado de la obra de Guy Ritchie veo que no tuvo por qué ser así. Sencillamente, como la presente, era una película decepcionante que no lograba despuntar más allá de su planteamiento histórico. Y digo esto, porque la última producción del director de “Snatch” sí posee ese posee el aroma de fantasía necesario para narrar la leyenda del personaje. Hay magia (aunque a Merlín sólo se le menciona), aparece la Dama del Lago que guarda a Excalibur, tenemos monstruos. Están todos los ingrediente, pero muy mal mezclados.

Basta ver el prólogo de la película para observar los puntos débiles de la película. Un montaje horrendo que no logra enganchar y que parecen recortes de otras películas. Los problemas a la hora de realizar la película (con diferentes cambios de estreno) se notan en exceso en un terreno donde Ritchie siempre se ha sentido cómodo, como es el montaje. Puede que no guste su estilo nacido de la publicidad, pera a la hora de narrar mediante multitud de recursos el director sabe lo que hace para otorgar a sus historias ritmo, algo de lo que ésta “Rey Arturo: La Leyenda de Excálibur” carece, sobre todo en su tramo central.
La película se caracteriza por poseer muchos momentos en que los protagonistas cuentan los hechos mediante flashbacks y flashforwards. Es cuando se narran las escaramuzas acontecidas antes, o después, cuando Ritchie parece sentirse más libre, alternando las imágenes a un ritmo vertiginoso. El problema es que dicho recurso funciona la primera vez, cuando Arturo cuenta al capitán de Londinium el por qué de su enfrentamiento con los Vikingos, resultando divertido, pero las siguientes no posee el mismo efecto, acabando por ser un lastre. Tampoco ayuda que, dentro de esa narración acelerada, se resuman en exceso tramos que hubiesen sido muy interesantes, como el viaje de Arturo a las Tierras Oscuras, lo cual significa para el personaje un punto de inflexión. Tal vez, y ojalá sea así, dentro de un tiempo se anuncie una versión extendida, porque, sinceramente, no entiendo cómo pueden sintetizarse, o eludirse, detalles imprescindibles para hacer despegar a la historia.
Otro de los problemas de la cinta es no saber hacia qué tono orientarse. Como he citado, a la hora de narrar las escaramuzas llevadas a cabo por Arturo y los suyos, la película posee un tono desenfadado y cómico (con cameo incluído de David Beckham) que, sin embargo, queda descompensado al introducir un villano demasiado impostado y tramos dramáticos de gran hondura. Parece que Ritchie y su equipo no sabían muy bien si orientarse hacia el estilo que le había funcionado en las dos Holmes y U.N.C.L.E. o apostar por un toque épico dramático. De nuevo, la batalla en la sala de montaje ha debido ser de órdago.

La verdad me da cierta rabia que la película posea todos esos problemas, porque hay detalles en la historia que me gustan. Por ejemplo la concepción de que Arturo fue salvado cual Moisés y encontrado por unas prostitutas que lo ocultaron en el burdel donde trabajan. Es interesante esa vuelta de tuerca que presenta al personaje como un outlaw que se ha criado en las calles aprendiendo el oficio de apostador y timador hasta lograr crear una banda que actúe por la ciudad de Londinium y ha aprendido a luchar al más puro estilo “300”. Sin duda, en ese aspecto, la película posee el aroma de Ritchie y el recuerdo de “Lock & Stock” o “Snatch” al convertir a Arturo en un gangster. Por supuesto, una vez el personaje recuerde su pasado, se entrará en el viaje del héroe, en su búsqueda de identidad y en la aceptación de su destino.
También me gustan detalles fantástico como la maga que domina a los animales o las sirenas que aconsejan al villano Vortigen en un claro guiño a las brujas de Macbeth. Sin embargo, todo el tema de la magia queda en un segundo plano, seguramente con vistas a ser desarrollado en una de esas entregas posteriores que difícilmente verán la luz, y de las que, casi seguro, formaba parte Merlín con película propia.

Reconozco haber disfrutado con las anteriores superproducciones de Guy Ritchie, en especial me encantan sus dos Holmes, pero en la presente película lo veo invisible más allá del paralelismo que se pueda encontrar con sus historias criminales londinenses y algunos detalles comentados sobre el montaje.
“Rey Arturo: La Leyenda de Excálibur” debería haber sido tan salvaje y visceral como en la secuencia en que se nos narra su adiestramiento y crecimiento. Una aventura sucia, rebelde, atrevida, con pequeños toques de comedia. Pero, por desgracia, no se diferencia de cualquier otra producción similar. Quiere ser muchas cosas y se queda en un mero planteamiento donde, además, es muy difícil empatizar con los personajes. Ni el correcto diseño de producción, ni la portentosa música compuesta por Daniel Pemberton, ni el carisma de Charlie Hunnam, ni la presencia malévola de Jude Law consiguen hacer despuntar un producto que nació roto con tanto viaje por los despachos de Hollywood. Una pena.

Lo Mejor: Presentar a Arturo como un gangster. La Banda Sonora.

Lo Peor: Los problemas de producción son patentes, en especial en el montaje.

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