La Máscara (The Mask), de Chuck Russell

Aunque parezca que hoy vivamos sumidos en una aglomeración de adaptaciones de comics, lo cierto es que el noveno arte siempre ha sido una fuente recurrente para realizar películas. Más en concreto, en la década de los 90, después del éxito de “Batman” de Burton y antes de las adaptaciones MARVEL iniciadas con “Blade” o “X-Men”, se realizaron varias adaptaciones de cómics ajenos a las firmas DC o MARVEL. En 1994, por ejemplo, se realizaron “La Sombra”, “El Cuervo”, “Timecop” (ésta se convertiría en comic a posteriori) y “La Máscara”. Las más acertadas y exitosas fueron la protagonizada por Brandon Lee (con todo el misterio que rodeó su muerte) y la de Jim Carrey, que le sirvió como trampolín absoluto para que alcanzara la fama.

Stanley Ippkiss es un banquero con una monótona y aburrida vida. Una noche, tras no poder entrar en el famoso club Coco Bongo, encuentra una mascara en el río. Cuando se la pone, se convierte en un personaje con rostro verde capaz de llevar a cabo todos sus sueños de la forma más disparatada.

El principal referente de la película dirigida por Chuck Russell son los dibujos animados de Tex Avery, en especial los protagonizados por Lobo, a quien homenajean en la escena en que el protagonista ve por primera vez cantar a Tina. La película no esconde sus referencias cartoon. La Máscara es un dibujo animado, un ser a la altura de los Looney Toones que siempre encuentra ocasión para gastar bromas, y no lo es adrede. El hombre al que posee, Stanely, es un fan acérrimo del mundo de Avery como bien demuestra su estatua del lobo o su cojín del Demonio de Tasmania, por lo cual la máscara solo da cuerda a las fantasías de su anfitrión, y lo ayuda a conseguir su sueño, que no es otro que conquistar a la bella Tina Carlyle.
El otro referente clave para la historia es “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, o, de forma más certera, la aproximación que hizo sobre el libro de Stevenson el cómico Jerry Lewis en “El Profesor Chiflado”. Stanley, de la misma forma que Jekyll, o el doctor de Lewis, es una persona de buen corazón, que además es incapaz de saber expresarse frente a la mujer que le gusta. La Máscara, sin embargo, explota su vena atrevida y mordaz descubriéndose como todo un conquistador. Se puede seguir viendo así una lectura sobre la doble personalidad de las personas (ya el film introduce al Doctor Neuman y su libro “Las Máscaras que Llevamos” como simil), en especial cuando esa máscara sólo puede aparecer de noche, cuando la vena cazadora se intensifica y toda corrección formal puede desaparecer dentro de una fiesta desmadrada.

En lo que a nivel narrativo se refiere, la película no es que sea gran cosa, menos aún vista con el paso de los años. Russell dirige de la forma más correcta un guion de manual donde chico de buen corazón conoce a la chica del gangster y pretende rescatarla y conquistarla. Los productores decidieron optar así por una película de toque blanco orientada para toda la familia, lejos del comic, más irreverente y violento. También se sustituyó la procedencia de la máscara, siendo para el film la cárcel de Loki, el Dios vikingo de las travesuras (y hermano de Thor), en lugar de pertenecer a los indios amazónicos. La dirección artística tiene ese toque retroactual y una iluminación dónde predominan sombras de colores azul oscuro y morado en los tramos nocturnos, recurso muy habitual en estas producciones como bien se puede ver en “Dick Tracy” o “La Sombra”, puede que para dejar bien claro su origen de cómic o porque también tenga una historia de gangsters como telón de fondo.

Pero “La Máscara” fue un éxito. Y arrasó gracias a tres cosas. Unos efectos especiales de primera que convertían al protagonista en un dibujo animado. Los logros de “¿Quién engaño a Roger Rabbit?” con Christopher Lloyd se amplificaron en la película con notable resultado por parte de la ILM, logrando momentos gloriosos que aún a día de hoy, con el paso de los años y el enorme salto cualitativo en el campo, siguen teniendo encanto y logran robar carcajadas. En segundo lugar la presencia de Cameron Diaz. Su presentación en pantalla fue una de las imágenes de aquel año y logró que todo espectador masculino quedase con la boca abierta como el protagonista. No importa que su papel fuese el de rubia novia del gangster, Diaz entró en el cine con una fuerza presencial absoluta que anunciaba la llegada de una nueva estrella, como bien demostró en “La Boda de mi Mejor Amigo”, donde casi le roba el show a Julia Roberts, o, en especial, en “Algo pasa con Mary”. Por último, el eslabón primordial, el actor protagonista. Un Jim Carrey que ya se había presentado en cine con “Ace Ventura” pero que fue aquí cuando comenzó a labrarse su popularidad, en especial a nivel internacional. Carrey crea un personaje simpático y entrañable cuando carece de maquillaje, un banquero buenazo y algo ingenuo, para después dar rienda suelta a toda su gestualidad corporal cuando su cara se torna verde. Desde luego, no es extraño que lo comenzaran a catalogar el sustituto de Jerry Lewis. Desde ésta película todo lo que tocaba el actor se convertía en oro (“Un Loco a Domicilio” a parte), convirtiéndose en uno de los reyes indiscutibles de la taquilla durante la segunda mitad de los 90.

Recuerdo que en los pasillos del colegio los chavales nos sabíamos las líneas de diálogo de memoria e intentábamos imitar las muecas del personaje (sin éxito, claro esta). Cuando salió en alquiler fue todo un bombazo. Yo esperé en mi videoclub habitual cerca de dos horas que la devolviesen y poder alquilarla para verla todo el fin de semana.
El éxito empujó a la realización de una serie de animación que funcionaba como secuela de la película, aunque Tina no aparecía y la sustituía Betty, quien en el film traicionaba a Stanley. Siempre se habló de una posible secuela, pero ésta llegó tarde y de las peores maneras posibles. Sin Jim Carrey cualquier posibilidad de continuación parecía absurda, y “El Hijo de la Máscara” bien lo demuestra, siendo considerada una de las peores películas de la Historia.

Aunque vista hoy resulte algo desfasada (el rol de la mujer poco o nada tiene que decir más que ser objeto de deseo) y tenga un gusto narrativo muy justo, “La Máscara” sigue siendo un producto estimable, simpático, que combina a Tex Avery con Robert Louis Stevenson, donde la magia de los efectos especiales está al servicio de la historia y del actor que los viste.

Lo Mejor: Jim Carrey. El alma de cartoon del film. La presentación de Cameron Diaz.

Lo Peor: El paso de los años le han hecho mella.

Anuncios

2 pensamientos en “La Máscara (The Mask), de Chuck Russell

  1. Me encanta “La máscara”, recuerdo lo bien que me lo pasé cuando la vi por primera vez en cines. Es cierto que tiene una trama sencilla, pero la historia es un cartoon de imagen real que no necesita mucho más y algunos de los gags son antológicos, sobre todo gracias al histrionismo de Carrey. El actor deslumbró y Diaz entró pisando fuerte en el cine. Russell por su parte, filma con su buen oficio de siempre, lástima que sea un director que no se prodigue más.

    Pd: Tu reseña me ha traído buenos recuerdos.

    Saludos.

    • Yo también lo pasé de lujo en el cine y todas las veces que la repetí en casa, es de esas películas que me aprendí de memoria. Russell entre ésta y sus posterior “Eraser” parecía que iba a despuntar más, pero luego se estableció en productos de segunda (salvo “El Rey Escorpión” que poseía un toque majo de aventuras).

      Gracias por comentar Rodi!

      Saludos!

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s