American Graffiti, de George Lucas

Me acerqué a “American Graffiti” por primera vez a finales de los 90 empujado por ser la segunda película dirigida por George Lucas antes de “Star Wars” y después de “THX 1138” (ésta aún tardaría un par de años en verla). Además del nombre del director, atrajo mi atención su llamativo y original poster, un dibujo que mezclaba los diferentes personajes y escenarios con un estilo cercano a la caricatura y que se encontraba en concordancia a la segunda palabra del título. Así descubrí este canto de amor a una época norteamericana ya extinta.

Como le sucedería con “Star Wars” años después, levantar “American Graffiti” no fue nada fácil para Lucas. El fracaso económico de “THX 1138” lo dejó tocado y no supo hacia dónde orientar entonces su carrera. Fue Francis Ford Coppola, su amigo y productor del film de ciencia-ficción, quien le recomendó que se sentara y escribiese un guion. Lucas así lo hizo, concluyendo un libreto con tintes autobiográficos ambientado a primeros de los 60 en el Valle de San Francisco. Para pulirlo contó con la ayuda de Gloria Katz y Willard Huyck, quienes aportaron recuerdos y anécdotas que servirían para aliñar mejor las historias que se relatarían. Una vez terminado, Lucas lo presentó a United Artists, pero lo rechazaron porque no le veían potencial comercial. Fue entonces a Universal, dónde gustó, pero vieron un riesgo presentarla sin un nombre potente en el cartel. Entonces Lucas volvió a contactar con Coppola, que acababa de triunfar con “El Padrino”, y le pidió si podría ceder su nombre como productor. Por supuesto, el director de la Trilogía de los Corleone aceptó sin problemas. Así fue como Universal dio luz verde a Lucas.

El film se sitúa en una de las últimas noches de verano de 1962, cuando están a punto de empezar las clases. A través de cada uno de los personajes protagonistas, Lucas no sólo mostrará el estilo de vida de la época, sino ese momento en la vida de toda persona en que se debe tomar un camino. La noche en que transcurre la acción se convierte, así, en la última noche de muchos de ellos. Una noche de fiesta y celebración, pero también de inflexión y cambio.
Sin duda los dos personajes en que más vemos esto son Steve y Kurt. El primero ansía al principio ir a la Universidad y marcharse fuera de su pueblo, donde ha estado toda su vida. Claro que no por estudiar una carrera solamente, sino también para iniciar relaciones con otras personas y darse un tiempo con su novia Laurie, a la cual no le hace ni pizca de gracia y tiene muy claro lo que quiere. La noche será crucial para ellos dos, pues su relación sera la clave para que Steve valore realmente qué busca en la vida.
Kurt es el hermano de Laurie y mejor amigo de Steve. Al contrario que éste, aún tiene dudas sobre marcharse a la Universidad, aunque es el primer alumno del Valle que consigue una beca en años. No sabe si será lo correcto o si será feliz marchándose del lugar que siempre ha sido su hogar. Es el personaje más idealista y soñador del relato, un romántico que busca a lo largo de la noche al amor de su vida en forma de rubia platino conduciendo un T-Bird blanco mientras vive aventuras con una banda de gamberros y conoce al ídolo del Valle, gracias al cuál sabrá qué camino tomar.
Junto a ellos tenemos a sus amigos. John es conocido en el pueblo como el piloto más rápido, a quien nadie ha podido ganar. A lo largo de la noche, deberá lidiar con un nuevo corredor que busca una nueva pelea sobre el asfalto para demostrar que su tiempo ha pasado. Incluso de no ser así, John siente que es cierto. Él no ha tenido el valor de abandonar el pueblo y ha quedado como un mecánico convertido en leyenda por sus gestas temerarias al volante. Pero todo tiene un fin. A lo largo de la noche su confianza le engaña y comparte las horas con una chica muy joven llamada Carol, con la que descubre su lado más inocente y amable, a la vez que rememora hechos del pasado.
Terry es el torpe del grupo, hacia el que van todas las bromas, el más inocente. El apodo de Toad (Sapo, aunque en español decidiesen cambiarlo por Tigre) remarca su naturaleza de diana para los chistes dentro de todo grupo. Su obsesión será ligarse a una chica, para lo que cuenta con la ayuda del coche de Steve. Su inocencia y buen corazón hacen que Peggy, una chica llamativa que quiere parecerse a Sandra Dee, pase la noche con él, aunque no todo salga tan sobre ruedas como le hubiese gustado al muchacho.

“American Graffiti” es como una vieja canción rock. De hecho, esta concebida de esa forma, como un musical donde la presencia de canciones populares de finales de los 50 y principios de los 60 (otra de las razones de su éxito) acompañen a la historia y sus personajes remarcando ese toque de juventud y libertad.
Cuando veo “American Graffiti” me da cierta rabia que exista “Star Wars”. De no haber sido por el éxito de la cinta galáctica tal vez (sólo tal vez) hubiésemos disfrutado de más películas dirigidas por Lucas alejadas de obsesiones comerciales y centradas en los personajes. “American Graffiti” está confeccionada con mucho cariño, otorgando a cada historia simpatía y autenticidad, centrándose en unos personajes con carisma y con los que es fácil identificarse. Puede que a nivel de dirección no posea grandes alardes técnicos ni visuales a destacar, pero es la historia, y lo bien narrada que está, lo que importa, consiguiendo dejar huella.
A destacar la estructura del relato, situado entre el anochecer y el amanecer. Se inicia con todos los amigos juntos en el Drive In, cuando comienza a anochecer. A continuación cada uno se separa y a lo largo de la noche viven historias diferentes que pueden llegar a cruzarse fugazmente. Al final vuelven a aparecer todos juntos, ya en el Aeropuerto, al amanecer creando una estructura circular. El montaje, obra de la por entonces esposa de Lucas, Marcia, y Verna Fields es fantástico, intercalando y cruzando las historias con agilidad y un sentido estético de primera.
Uno de los mayores problemas a los que tuvo que enfrentarse Lucas fue a la ausencia de un Director de Fotografía, encargándose él mismo de este apartado. Al rodar siempre de noche era muy difícil iluminar ciertas escenas, aunque para ello contara con como asesor visual. En este aspecto es donde la películas más adolece, en especial cuando se muestra a Terry y Peggy en una zona de campo donde parece que está amaneciendo mientras se supone que sigue siendo noche cerrada.

El guion es notable y se nota por su autenticidad que casi todo lo que aparece en el film lo vivieron de alguna u otra manera Lucas, Katz y Huyck. Memorable me resulta cómo Terry intenta comprar una botella de Whisky, o la jugarreta de Kurt a la policía para conseguir librarse de los Faraones. Si bien parece que a Lucas le interesa solamente los personajes masculinos (como puede verse en el cuestionado epílogo), hay que remarcar la personalidad de cada una de las protagonistas, tan diferente como creíble. Laurie es una chica de carácter fuerte que tiene las ideas claras. Aunque esté enamorada de Steve no permite que éste se adueñe de cada decisión que deben tomar como pareja. Carol es la jovenzuela que vive su primera noche de fiesta, y lo hace con John como niñera a la fuerza. La joven, a pesar de su juventud, se muestra más madura que el piloto. Peggy es la chica mona que parece buscar un beneficio de los chicos aunque al final demuestre tener un buen corazón. A pesar de estar cargada de un toque limpio, la película no duda en abordar temas como las drogas, las muertes por accidente de trafico o el sexo. Siempre me ha gustado, por ejemplo, cómo se muestra la relación que viven una estudiante con un profesor a través de una mirada que lanza Kurt. Todas las cosas buenas tienen sus sombras.

Otro de los grandes aciertos de la cinta es el reparto. El director de casting Fred Roos tuvo una mirada de lince al seleccionar a cada interprete para el papel. A pesar de ser hoy un reconocido director, Ron Howard está estupendo como ese joven estudiante que teme por su relación. Richard Dreyfuss brilla como el soñador Kurt. Paul Le Mat personifica a la perfección la seguridad de John. Charles Martin Smith es puro carisma como Terry. Cindy Williams está fantástica como Laurie. Mackenzie Phillips es un encanto con gran personalidad como Carol. Candy Clark se queda grabada en la retina como Peggy, una chica divertida que no quiere ser vista como mujer florero aunque su aspecto y su forma de ser inviten a pensar lo contrario. Harrison Ford aparcó su oficio como carpintero para dar vida a Bob Falfa, el fanfarrón que busca las cosquillas a John, y gracias a ello pudo colaborar en la lectura de casting para la siguiente del director y convertirse en Han Solo. Bo Hopkins es Joe, el líder de los Faraones.

Me es imposible no hablar de las similitudes que veo entre ésta y la siguiente película de Lucas, “Star Wars”. Sobre todo en lo referente a los personajes. Kurt y Steve serían una especia de Luke Skywalker, al estar a punto de partir de su hogar para enfrentarse a su destino. John es Han Solo por su valor y seguridad, no en vano se muestra como el líder veterano del grupo. Wolfman Jack existió realmente y Lucas pudo contar con él para no sólo hacer de él mismo, sino funcionar como una especia de mentor o guía al más puro estilo Obi-Wan o Yoda. Además, la velocidad es algo que siempre ha interesado a Lucas, y aquí no ha naves espaciales pero si coches rápidos. En concreto el coche amarillo de John porta la matrícula THX 138 como guiño al primer film de Lucas y serviría como modelo para el speeder que usa Anakin en “El Ataque de los Clones”, cinta a la que tambien se hace un guiño al bar Drive In cuando Obi-Wan visita a Drex.

Dejando “Star Wars” de lado, el film se convirtió en todo un éxito de crítica y público que conoció una secuela años después pero que no alcanzó, ni de lejos, la calidad de su original. La Academia la nominó para 5 Oscars correspondientes a Película, Director, Guion, Actriz Secundaria (Candy Clark) y Montaje. Lucas pudo hacer lo que quisiera después. Y lo hizo, aunque casi se le fuera la vida en ello. Aunque nos hiciera felices a millones de espectadores, siempre quedará la duda sobre si hubiese seguido regalando películas como la presente.

“American Graffiti” es un collage sobre la adolescencia, donde se dan de la mano los bailes de instituto, los ligoteos dentro de los coches, las carreras ilegales o las gamberradas inocentes. Es un viaje en el tiempo a las calles del Valle de San Francisco en una época donde el idealismo de una país está a punto de vivir su ocaso. Como para los protagonistas, los 60 significaron la pérdida de la inocencia para Estados Unidos. El Rock and Roll americano perdió terreno frente al pop británico. Llegó Vietnam y se perdió a Kennedy. Nixon y el Watergate. No es que todo lo que hubo antes de ellos fuese genial, pero si estaba plagado de un mayor idealismo inocente que remarcase el American Way of Life. En definitiva, “American Graffiti” es una carta de amor que parece subrayar el dicho de que cualquier tiempo pasado fue mejor, o, al menos, eso queremos pensar siempre. Un película cargada de nostalgia y hecha con el corazón.

Lo Mejor: Su naturaleza nostálgica. El montaje. El reparto. La Banda Sonora.

Lo Peor: Las escenas en que se nota que es de día. El epilogo en que se relata qué sucedió a los personajes masculinos y olvida a los femeninos.

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