Coco, de Lee Unkrich y Adrian Molina

Miguel es un niño que pertenece a una familia de zapateros que tiene prohibido escuchar y tocar música. Sin embargo, el niño practica a escondidas su talento innato de tocar la guitarra con la ilusión de convertirse en un gran músico como su ídolo, Ernesto de la Cruz. Para ello pretende apuntarse a un concurso de talentos que se celebra el Día de los Muertos.

Dejando a un lado la salida temporal (por motivos que aún no están del todo claros pero que apuntan a esa vorágine de actos repugnantes que están ensuciando Hollywood) del fundador y precursor creativo John Lasseter, la compañía PIXAR va a despedir 2017 con un ejercicio similar al de hace dos años. Si en 2015 estrenaban la extraordinaria “Del Revés” y la estimable “El Viaje de Arlo”, en el presente año hacen lo propio con una más que decente (e incluso sorprendente) “Cars 3” y la preciosidad de la que ahora mismo estoy a punto de hablar, “Coco”.

La festividad del Día de los Muertos (título original del film en su fase de producción) es la más memorable de las que se celebran en México. Si bien en diferentes partes del mundo se encuentran celebraciones similares (en España tenemos el Día de Todos los Santos que parece estar ensombreciéndose por la celebración importada de Halloween), en México dicha fecha se celebra por todo lo alto, honrando a los difuntos con bailes, música y máscaras. Puede parecer que entre tanta fiesta lo que menos importe sea el rendir homenaje a aquellos que se fueron, pero, por lo que creo, dicha forma de celebración proviene de periodos anteriores a la conquista de las tierras americanas, y entonces era ya costumbre celebrar la muerte con un canto a la vida.
Opiniones a parte sobre lo que pueda significar dicha fecha en cuestión, la gente de PIXAR, con Lee Unkrich y Adrian Molina dirigiendo, pone el foco sobre dicha festividad para relatar un nuevo cuento sobre la importancia de la familia, el recuerdo y la libertad de elegir un camino en la vida.

El desarrollo del film está en la línea de muchos de los films que la compañía ya ha ofrecido y que sigue uno de los esquemas más clásico. El viaje del héroe. Un viaje donde el protagonista aprenda de sus errores y se descubra a sí mismo. En este caso, Miguel cruza el umbral que separa la Tierra de los Vivos de la de los Muertos reencontrándose con sus ancestros, quienes en un principio le exigen seguir el mandato familiar de alejarse de la música. El niño, como todo buen protagonista rebelde, se niega, comenzando una travesía para encontrar a un familiar que fue repudiado y marcó su árbol genealógico para siempre.
Miguel Rivera me recuerda a otro personaje de la compañía del flexo como es Merida. Ambos son jóvenes que se enfrentan a sus respectivas familias (y en especial a la figura matriarcal) por demostrar tener más de lo que ellos parecen ver o exigir. Si Merida se rebela por lograr ser libre sin necesidad de casarse, Miguel hace lo propio por dedicarse a su pasión musical. Ambos personajes creen que para ello lo más lógico es apartarse y renunciar de quienes les impiden sus objetivos (su familia), pero en su viaje descubrirán que ese no es el camino y que siempre hay una forma de encontrar un punto de contacto sin impedir su progreso.

En los últimos años parecía que PIXAR se había acomodado, pero “Coco” vuelve a demostrar su talento para narrar historias. El film hace gala de la rama más creativa de la compañía con una nueva historia original contada de manera sensacional.
Como el Día de los Muertos que homenajea, “Coco” es una fiesta de luces, colores, música y esqueletos donde lo más importante son los valores familiares marcados por la tradición y el respeto. La película fluye inyectando fotogramas cargados de magia, con un maravilloso prólogo narrado mediante banderas de papel que ya justifica el precio de la entrada. El diseño de los diferentes mundos donde se desarrolla (siendo la Tierra de los Muertos la más llamativa con sus edificios resplandecientes) está impregnado de la imaginería y el folklore propio de México, país al que la cinta regala un ranchera visual por todo lo alto.
Los personajes, como siempre, poseen carisma mediante su diseño, aunque quedé maravillado por las arrugas y expresividad de esa Abuela Coco que se convierte en nueva flecha directa al corazón de PIXAR. Ella y el esqueleto Hector me obligaron a luchar contra las lágrimas que pretendían manar de mis ojos.

Si bien la historia es original se la ha llegado a comparar con “El Libro de la Vida” (la cual no he visto). Tengo que decir que la historia tiene sorpresas o puntos de inflexión que pueden resultar predecibles, y que en algún momento recordé “La Novia Cadáver” con ese protagonista vivo vagando en un mundo de muertos esqueléticos. El guion, escrito por Adrian Molina y Matthew Aldrich, juega con un esquema y unos elementos ya clásicos insertándolos en la cultura mexicana a la que rinden homenaje. Personajes como El Santo o Frida Kahlo encuentran en el transcurso de la historia momentos de gloria (en especial la artista). Aunque el perro se convierte en el elemento cómico obligatorio para captar a los más pequeños, su nombre (Dante) hace que se conecte inmediatamente con esa “Divina Comedia” que la cinta parece tener también entre sus referencias.
Además de enaltecer la tradición familiar y tratar temas universales como el perdón, la película también trata sobre la idealización que se tiene de aquellos tocados por la gloria y la desmitificación de los mismos.

Uno de los pilares de la cinta es la música. Michael Giacchino vuelve a hacer gala de su talento captando el sonido mexicano con una composición donde rigen las guitarras españolas y las trompetas. Además de ello hay canciones insertadas con justificación dentro de una historia que ahonda en la importancia de mantener viva la memoria de aquellos que nos precedieron en vida, siendo el tema “Recuerdame” valuarte del conjunto.
Para las voces de los personajes se ha elegido a un grupo de interpretes de nacionalidad latina como son Gael García Bernal, Anthony Gonzalez, Benjamin Bratt o Edward James Olmos. En España se ha respetado el doblaje realizado en México, lo cual es de agradecer en este caso, además del elenco original García Bernal ha doblado a su personaje en ambas versiones con excelente resultado.

“Coco” es una película PIXAR 100%. Brilla en cada fotograma mediante un embalaje técnico de ensueño que narra una historia con gran corazón donde se subraya la importancia de recordar a nuestros antepasados sin renunciar a los sueños.

Lo Mejor: Una narrativa visual llena de pasión y alma. El rostro de Mamá Coco.

Lo Peor: Su esquema argumental, predecible.

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