Ronin, de John Frankenheimer

Dos años después de sustituir a Richard Stanley y embarcarse en ese despropósito titulado “La Isla del Dr. Moreau” (cuyo germén es mucho más interesante que la película en sí como puede verse en el documental “Lost Soul”) el director John Frankenheimer fabricó éste thriller de acción que le sirvió para redimirse del citado remake y volver a demostrar su notorio talento tras la cámara.

El argumento se puede describir en una sola línea. Un grupo de mercenarios es contratado para hacerse con una maleta. Simple y directo, como la propia película, que describe la odisea del grupo por lograr su objetivo, teniendo que hacer frente a quienes la custodian y sufriendo la traición desde dentro. Claro que los valores de “Ronin” van más allá de su sinopsis. Para empezar el propio mcguffin que mueve el film, la maleta. Tan famosa como el maletín de “Pulp Fiction” al no saber nunca qué contiene, logrando ser uno de los mayores misterios de la historia del cine. Como bien defendía Hitchcock, un buen mcguffin es el que mueve la acción y atrapa el interés del espectador, cosa que el film logra de sobra.
El título de la cinta hace alusión a los samuráis que en el Japón Fedual se quedaban sin señor y eran deshonrados, debiendo vagar como mercenarios o asesinos. Los protagonistas se asimilan a esa descripción al ser hijos de diversos conflictos mundiales (la Guerra Fría, Bosnia, el conflicto en Irlanda del Norte) y no encontrar otra razón para vivir en el mundo más que la de prestar sus conocimientos al mejor postor. El grupo está formado por estrategas, un experto en telecomunicaciones, un proveedor y un especialista en vehículos. Todos, por supuesto, con adiestramiento en el combate.

La carrera de Frankenheimer conoció su mayor éxito a lo largo de los 60 y parte de los 70 con títulos como “El Tren”, “El Mensajero del Miedo”, “El Hombre del Alcatraz” o la secuela de “French Connection”. A lo largo de los 80 y parte de los 90, hasta la llegada de Moreau, sus trabajos casi siempre habían resultado ser de calidad media o baja, desarrollando varios de ellos en televisión, y tras el fiasco de su aventura junto a Marlon Brando y Val Kilmer poco se podía prever que su nombre se volviese a asociar a un producción de envergadura. A pesar de no poseer un presupuesto elevado, “Ronin” destaca por estar protagonizada por un excelente reparto encabezado por un carismático Robert De Niro y desarrollarse en la Costa Azul.
Gracias a los escenarios de Paris, Niza y Arles la cinta posee un aspecto mucho más europeo que americano, a lo cual ayuda la puesta en escena del director, cuya mano artesana logra que se sepa qué ocurre en cada momento, incluso cuando la acción se dispara y se desencadenan grandes tiroteos y persecuciones. Es en especial por estas últimas por los que la película suele ser mencionada. Digna heredera de las de “Bullit” o “French Connection”, las dos persecuciones automovilísticas del film (las desarrolladas en Niza y Paris) son ejemplos perfectos de cómo debe describirse en pantalla una persecución, donde el montaje brille y sepa encadenar los diferentes planos que forman las secuencias, realizadas con medios artesanales sin recurrir a los efectos digitales que ya entonces se adueñaban de casi toda producción de acción relevante. El resultado son dos de las mejores secuencias de acción automovilísticas de la historia, donde la espectacularidad se da de la meno con la verosimilitud. La Saga Bourne pocos años después tomó el guante de la presente.

Pero la mano del director no sólo se nota en las escenas de acción, sino en cómo gracias a su planificación sabe desarrollar la relación entre los personajes y describirlos psicologicamente. En especial esto sucede al principio del film, cuando muestra el cuidado y la meticulosidad del papel de De Niro antes de entrar al bar, estudiando las posibles salidas. O cuando los protagonistas se encuentran por primera vez y tratan de averiguar detalles del resto. Dentro de ese bloque destaca cómo el director y los guionistas utilizan una taza de café para mostrar rasgos de dos personajes. Primero, cuando Sam (De Niro) vuelca una taza y Gregor (Skarsgard) la coge al vuelo, sin temblar, mostrando su buen pulso y sus nervios fríos. Después cuando de nuevo el personaje de De Niro tiende una emboscada al personaje de Sean Bean con una sencilla taza de café y descubre que no es más que un fanfarrón demasiado nervioso y de gatillo fácil que puede poner en riesgo la misión.

El libreto fue escrito en principio por J. D. Zeik, sin embargo antes de comenzar la producción y una vez que De Niro estuvo a bordó se recurrió a David Mamet para que reescribiese parte del personaje del actor y le diese más relevancia. Se dice que tras el trabajo de Mamet (cuyo nombre se oculta bajo el seudónimo de Richard Weisz) el guion era completamente diferente al de Zeik. Sea como fuese, la verdad es que tras la simplicidad de la propuesta se encuentran detalles muy remarcables. En especial me gusta el tema del honor en el film, o cómo los protagonistas no abandonan a ningún compañero en la batalla ni descansan hasta lograr su objetivo. Referente a esto hay que citar la relación de amistad que se forja entre Sam y Vincent, la cual se convierte en núcleo del film. Todo lo contrario sucede con la (supuesta) historia de amor entre Sam y Deirdre, al menos a mí siempre me ha parecido introducido por obligación, como si toda película de acción debiese tener una. Lo único que me funciona de ellos es cuando fingen ser pareja y piden que les hagan unas fotos para mostrar lo que sucede a sus espaldas.

Como he citado el reparto es notable y posee mucho carisma. Como curiosidad cabe señalar que tres de los miembros había sido villanos en entregas Bond, como es el caso de Michael Lonsdale, Sean Bean y Jonathan Pryce. De los tres el que tiene que soportar el papel menos agradecido es Bean al desaparecer pronto del metraje (pero no por el motivo por el que casi siempre lo hace). Lonsdale se encarga de narrar la historia de los 47 Ronin y de servir de relajación a mitad de metraje, mientras Pryce vuelve a dar vida a un personaje antagónico con una última aparición que bien puede considerarse como la parte flaca del film. Stellan Skarsgard da vida a Gregor, cuyo aspecto de sabelotod informático cubre una sangre fría inesperada y cruel. Natascha McElhone es Deirdre, el contacto entre los jefes y los mercenarios. La actriz por entonces despuntaba en cintas como “El Show de Truman”, “Sobrevivir a Picasso” o la presente, con su mirada frágil capaz de crear personaje de carácter. La pareja formada por De Niro-Jean Reno se lleva los honores al conseguir poseer química durante todo el metraje. Me encanta cómo el personaje de Reno trata de descubrir en todo momento qué es lo que mueve a De Niro en el film y cómo éste le responde con evasivas cargadas de información. Al parecer fuera de la pantalla ambos actores se llevaban tan bien como dentro, lo cual ayudó a que el resultado fuese palpable.

La película tuvo un éxito moderado aunque fue bien recibida por la crítica que alabó las buenas maneras del director. De Niro, por su parte, durante el rodaje del film fue interrogado con respecto a una red de prostitución en Paris, cosa que desmintió declarando que no volvería a pisar Paris nunca (de hecho a Billy Cristal en la Ceremonia de los Oscars de aquel año le dijo con sorna que su película “Olvidate de Paris” le había encantado).

“Ronin” es un thriller de acción a la vieja usanza, bien fabricado, con grandes secuencias de acción y buenas interpretaciones. Desluce su último acto por resultar demasiado convencional y apresurado, pero en conjunto es un notable ejercicio de montaje y planificación por parte de John Frankenheimer.

Lo Mejor: La puesta en escena. El montaje. El dúo De Niro-Reno.

Lo Peor: La relación un tanto romántica de Deirdre y Sam. El tramo final.

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Un pensamiento en “Ronin, de John Frankenheimer

  1. ¡Gran reseña! Me gusta el estilo de Frankenheimer, siempre directo y con un gran sentido de la acción. “Ronin” fue la última buena película que nos dejó, aunque no se encuentra entre mis preferidas de su filmografía, sí lo considero un solido film de acción, que gracias a su reparto, guión y al trabajo de su director, se posiciona por encima del resto de películas del genero. Muy de acuerdo contigo en que la película se pierde en el tercer acto, pero los dos primeros cumplen con creces. Gracias por recordarme esta película, tengo que volver a verla.

    Saludos.

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