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Drama

Dancer in the Dark, de Lars Von Trier

Sufrimiento. Agonía. Desesperación. Tristeza. Impotencia. Esos sentimientos despierta “Dancer in the Dark”, película que cerraba la llamada Trilogía “Corazón Dorado” del director Lars Von Trier, iniciada por “Rompiendo las Olas” y seguida por “Los Idiotas”.

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El Color del Dinero, de Martin Scorsese

“El Color del Dinero” es una de las películas que han marcado mi vida cinéfila. Si la memoria no me falla fue a principios de los 90, cuando se reponía en más de una ocasión por televisión, cuando la vi por primera vez, siendo ésta la primera película que vería de Martin Scorsese, claro que por aquel entonces (apenas había excedido la década de vida) para mi era una película protagonizada por el guaperas de Tom Cruise acompañado por un señor que imponía respeto y al que se le tomaba cariño. Así fue como descubrí a ese genio llamado Paul Newman, protagonizando una película del que sería con el tiempo uno de mis directores favoritos.

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El Club de los Poetas Muertos, de Peter Weir

¡Oh capitán, mi capitán!

El género estudiantil es uno al que siempre ha echado mano Hollywood para realizar todo tipo de producciones, ya sean comedias musicales (Grease) o dramas con temática social (Rebelión en las aulas). En la gran mayoría de películas con profesor se intenta transmitir un mensaje, consiguiendo que los alumnos, generalmente indisciplinados, encaucen sus vidas. A partir de los 90 casi todas las cintas, dramáticas, de profesores han bebido de la película dirigida por Peter Weir en 1989, con guión de Tom Schulman.

Nos encontramos en 1959 en el prestigioso Instituto Privado Welton para Jóvenes Estudiantes de Estados Unidos. A un pequeño grupo de estudiantes está a punto de cambiarles la vida gracias al nuevo profesor de literatura, quien les inculcará importantes valores que los lleven a luchar por lo que quieren.

Al contrario que en otras producciones escolares, aquí no nos encontramos con estudiantes maleducados ni revoltosos, sino frente a un grupo de estudiantes elitista que aspira a conseguir un renombrado puesto de trabajo el día de mañana. Son muchachos que viven bajo el conservadurismo y la estricta moral predominante en la institución y bajo la presión paterna, sintiéndose oprimidos por las decisiones que toman por ellos. Pertenecen a una larga dinastía de estudiantes que han acabado triunfando en la vida alcanzando grandes metas, pero ¿de qué sirve llegar tan alto si eso no da sentido a tu vida?

Carpe Diem. El emblema de la película. Verdadero grito de guerra para todos los idealistas que buscan extraer de cada momento algo que complete sus vidas, viviéndolo al máximo. Ese el gran tema de la película, el descubrimiento de que la vida pasa una sola vez como para desperdiciarla.
La primera aparición de John Keating frente a los chicos se produce en un hall en donde se exponen fotos de antiguos alumnos. Los muchachos observan a los que antiguamente caminaron por esos mismos pasillos y estudiaron en las mismas aulas que ellos. No son muy diferentes, salvo que la gran mayoría de los que aparecen en las fotografías han muerto. Ya nadie los recuerda, por muchas metas que hayan alcanzado al final han acabado como cualquier persona. Por eso Keating les transmite a sus nuevos alumnos el Carpe Diem, demostrando ser un profesor peculiar, que no se centra en los libros de texto para dar clase, de hecho hace arrancar a sus alumnos la introducción del libro de Poesía porque le parece un excremento todo lo que se dice en él sobre cómo entender la poesía, cuando, como todo arte, debe hacernos sentir, sin preocuparnos por las formas, figuras y demás elementos que la componen. Keatin quiere que sus alumnos piensen por ellos mismos.

John Keating es el guía y la inspiración para gran parte de los alumnos protagonistas. Gracias a él descubrirán el club de los poetas muertos, una antigua agrupación de jóvenes que se reunía en secreto para leer textos poéticos y así sentirse libres. A partir de ese momento nuestros protagonistas se descubrirán a sí mismos y serán capaces de luchar contra sus miedos. Charlie Dalton es el componente más rebelde y pícaro, será capaz de plantar cara a la propia institución Welton pidiendo que se admitan chicas. Knox Overstreet deja de ser uno más cuando conoce a Chris, novia del hijo de unos amigos de sus padre, por la cual sentirá un irrefrenable sentimiento de amor. Richard Cameron sigue a sus compañeros pero no llega a compartir la misma pasión, demostrando ser un cobarde que teme perder su plaza en el Instituto. Neil Perry es uno de los alumnos con más prestigio del Instituto, que se prepara para ser médico por expreso deseo de su padre, sin embargo el joven sueña con expresarse sobre un escenario convirtiéndose en actor, pero el miedo hacía su figura paterna le impide explicárselo y acabar de forma trágica. Todd Anderson no solo sufre la presión de sus padres sino también la de la sombra de su hermano, quien estudió en Welton antes que él graduándose con grandes notas. Todd se descubre como una persona extremadamente tímida que acaba encontrando su voz.

La conjunción entre la imagen y el texto es extraordinaria. Peter Weir consigue transmitir en todo momento verdad engrandeciendo un guión ya de por sí fabuloso. El director australiano rueda de manera clásica, con especial atención a los actores, quienes forman parte del alma de la cinta.
Weir crea secuencias emocionantes, elevando la situación dramática que se nos describe. Por ejemplo el momento en que Todd Anderson tiene que recitar un poema. El director lo rueda en un travelling circular que acentúe el agobio que está sintiendo el personaje para acabar en un leve contrapicado que subraye su triunfo. Tras esta secuencia tiene lugar la escena que da origen al conocido poster, en que los muchachos, inspirados, juegan al futbol acompañados por el Himno de la Alegría.
Aunque no podemos catalogar a la cinta como juvenil, si que posee características para entrar en ese rango. Los protagonistas son jóvenes estudiantes, es lo primero y más obvio, luego tenemos el episodio de fiesta de instituto en donde Knox intenta acercarse a Chris, pero el momento en que más se acerca al cine juvenil para todos los públicos es cuando los muchachos se dirigen por primera vez a la cueva india en donde tienen lugar las reuniones secretas. Caminan de noche con sus abrigos, encapuchados, consiguiendo que sus figuras recuerden a magos o a criaturas fantásticas. La noche siempre otorga al film un toque de misterio y ensueño, hasta llegar al triste acontecimiento que protagoniza Neil.

Uno de los rasgos más interesantes es cómo se contrapone, tanto visual como argumentalmente, el ambiente interior del exterior. Los jóvenes están encarcelados entre los muros de Welton, ya sea en sus aulas o en sus habitaciones, bajo los principios conservadores de “Tradición”, “Honor”, “Disciplina” y “Grandeza” hasta que aparece Keating y los saca fuera. Las clases del profesor son en gran parte fuera del aula, insistiendo en que los muchachos necesitan escapar y descubrir cualidades propias que no se aprenden en clase. Si las secuencias interiores poseen un tono algo claustrofóbico y monótono, las secuencias en el exterior siempre denotan libertad, con los grandes campos y bosques que rodean la institución invitando a ser explorados y disfrutados. El momento en que Knox Overstreed va en bicicleta y espanta a una manada de pájaros representa muy bien esa sensación.

Hablar de “El Club de los Poetas Muertos” es hablar de uno de los finales más emocionantes de la Historia del Cine. Cuando todo parece acabar mal y los chicos han fracasado contra sus padres y la institución aparece por última vez el profesor Keating en el aula para recoger sus cosas. Sus alumnos, con Todd a la cabeza, sienten que ha llegado la hora de plantar cara a las reglas. Sobran las palabras para describir este maravilloso momento, solo decir que siempre que veo la película el vello se me pone de punta con el grito de “¡Oh capitán, mi capitán!”.

El guión escrito por Tom Schulman ganó merecidamente el Oscar de 1989 a Mejor Guión Original, y no es para menos. La verdad que exhala el film es una de las razones por las que “El Club de los Poetas Muertos” se ha convertido en uno de los referentes dentro de las películas escolares. Los muchachos protagonistas son creíbles en todo momento, acordes a la edad y con apariencia de niños bien. Las conversaciones entre ellos poseen autenticidad y sus actos son del todo comprensibles. Keating posee las frases más elaboradas y destinadas a ser recordadas, entre ellas tenemos “Solo soñando tenemos libertad, siempre ha sido así y siempre lo será.”. A pesar de la fortaleza del guión, encontramos un breve desliz en el momento en que Keating imita a varios actores recitando a Shakespeare, y es que Brando en 1959 no había interpretado aún “El Padrino”.

El hecho de que Keating posea momentos cómicos se debe al actor que le da vida, un Robin Williams soberbio en su vena dramática, capaz de transmitir al espectador tanto como a sus alumnos en el film. John Keating es uno de los personajes más entrañables y queridos que nos ha dado el cine. El plantel de jóvenes secundarios es excelente y supera a cualquier reparto actual que intenta dar vida a estudiantes de instituto. Robert Sean Leonard es Neil, el joven que sueña con ser actor. Leonard es el soñador por excelencia del grupo, pero que no puede vencer a su figura paterna. Ethan Hawke es Todd, el tímido joven que acabará revelándose. Gale Hansen es Charlie, el temerario. Josh Charles es Knox, el romántico. Dylan Kussman es Cameron, el soplón. Norman Lloyd es el Sr. Nolan, director de Welton, figura autoritaria y dictatorial dentro de la institución. Kutwood Smith es el Sr. Perry, padre de Neil, quien no quiere para su hijo más que sea médico, privándolo de cualquier otra actividad.

La Banda Sonora corre a cargo de Maurice Jarre y es una preciosidad, intimista y elegante, otorgando a la cinta un aroma de tristeza.

La película fue un éxito y consiguió cuatro nominaciones a los Oscars: Película, Dirección, Actor (Williams) y Guión Original, ganando éste último.

“El Club de los Poetas Muertos” es todo un canto a la vida, a la libertad de pensamiento, una película que inspira y que nos hace querer ser mejores personas.

Lo Mejor: Todo.

Lo Peor: Nada.

Candilejas, de Charles Chaplin

A la luz de las candilejas la vejez da paso a la juventud entre el sonido de los aplausos, ignorantes de la vida de los artistas a los que aplauden, pobres infelices que pintan su rostro con una máscara de felicidad. Es la historia de una joven bailarina y un viejo payaso.

Con “El Gran Dictador” Chaplin puso punto y final a su carrera muda. La cinta que criticaba de forma satírica el nazismo no sentó bien a gran parte de su público. Tras la II Guerra Mundial, Chaplin sería investigado por el comité de actividades antiamericano de McCarthy lo cual lo llevó al exilio. Esa época coincidió con la realización de “Monsieur Verdoux” y , en especial, con “Candilejas”, ultima gran Obra Maestra del artista.

“Candilejas” no es una cinta más en la carrera de Charles Chaplin. En ella encontramos tintes de lo más autobiográficos a través de una hermosa historia de amor en la cual Chaplin da vida a Calvero, antiguo payaso de éxito que vive olvidado por el público ahogando sus penas en alcohol. Al llegar a su domicilio el viejo payaso salva la vida a una joven vecina que ha intentado suicidarse. Momentos después la muchacha despertará y narrará a su salvador la triste historia en que intentó triunfar por medio del ballet hasta que una enfermedad se lo impidió. Será entonces cuando la vitalidad de la vejez empuje al pesimismo juvenil a conseguir sus sueños luchando contra las barreras que se le presentan.

En esta maravillosa historia encontramos temas como la redención, el amor, el paso del tiempo o la vida del artista. Calvero y Thereza son dos artistas de generación y estilos diferentes, pero artistas al fin y al cabo, que no viven su mejor momento por diferentes razones. El payaso lleva mucho tiempo sin actuar y no recibe ofertas a pesar de haber sido el mejor del mundo, la joven era una excelente bailarina hasta que la visión de su hermana ejerciendo un deshonroso oficio la marcó impidiéndole bailar. Ambos personajes encontrarán la redención gracias al otro, Calvero ayudando a Thereza a confiar en sí misma y triunfar, y ella apoyándolo y quedándose a su lado, lo cual los lleva a vivir un historia de amor cargada de ternura y respeto.
Está claro que Calvero es el alter ego del propio Chaplin, para dejarlo más claro no hay más que observar los carteles y fotos que adornan el hogar del payaso, entre los que descubrimos que una de sus caracterizaciones famosas era como vagabundo. Con Calvero asistimos a lo que vivió el autor en el momento en que dejó de ser Charlot y el cine sonoro hizo aparición. Ya no hay aplausos ni la gente acude en masa a ver sus películas, su edad de oro ha concluido para dar paso a una edad moderna en la que no tiene cabida. Tal es la situación que vive el personaje que a la hora de volver a subirse a un escenario lo hace mediante un pseudónimo, para no manchar el nombre que se labró durante años.

“Candilejas” podría ser la películas más dramática de toda la carrera de Charles Chaplin, al menos en ella encontramos la interpretación más triste y melancólica del actor, quien consigue emocionarnos a través ya no solo de su talento como expresionista gestual sino de sus frases, tan maravillosas e imborrables como “El tiempo es un gran autor, siempre escribe el final perfecto”. El libreto está bien estructura describiendo la vida de los artistas y poseyendo diálogos de carácter aleccionador que levantan el espíritu a pesar de las adversidades.
Respecto a la dirección y puesta en escena hay que decir que vuelve a saber conjugar secuencias de alto dramatismo con situaciones cómicas, aunque éstas queden en segundo plano. Nunca podré olvidar el momento en que el payaso acaba de realizar su actuación y descubre el patio de butacas vacío, o cuando Thereza está a punto de salir a escena y sufre un shock que solo desaparece por una fuerte bofetada de Calvero dando paso al talento de la joven sobre el escenario. Son secuencias dramáticas encadenadas con actuaciones teatrales, imprescindibles para describir a los protagonistas y demostrar su valía en el escenario.

La secuencia final al completo es pura emoción, sin lugar a dudas, a parte de su calidad fílmica, “Candilejas” será recordada siempre por conseguir unir en escena a los dos genios cómicos del cine mudo. El gran final de la cinta no sería el mismo si no estuviera protagonizado por Charles Chaplin y Buster Keaton, quienes ofrecen una divertida, a la vez que nostálgica, representación muda. Además el final no solo sirve para poner fin a la historia que se nos narra sino que ante nuestros ojos dejamos de ver al personaje Calvero para ver al propio Chaplin, quien, ya sí, entierra su personaje de vagabundo, quien cae rendido en los brazos de la muerte entre bambalinas mientras ante él, en el escenario, su joven bailarina sigue encandilando al público. La vejez da paso a la juventud. El espectáculo continua, aunque ahora riamos menos.

Charles Chaplin vuelve a demostrar su gran talento musical con una composición hermosa, de las más recordadas de la Historia, adaptada por diversa variedad de músicos.
Entre el reparto que lo acompañan destaca, como siempre, la pareja femenina Claire Bloom dando vida a Thereza. El hijo de Chaplin, Sydney, es Neville, el compositor que ama a la chica. Buster Keaton acompaña al que fuera considerado su gran rival en la secuencia de cierre, todo un regalo para los amantes del cine.

“Candilejas” no fue bien recibida en Estados Unidos, y en muchos países ni siquiera se vio hasta pasados casi veinte años. En 1973, un año después de que Chaplin recibiera el Oscar honorífico, le fue concedido el Premio a Mejor Música por la composición para la película.

Melancólica, triste, con tintes autobiográficos. La última gran película del genio.

Lo Mejor: Todo.

Lo Peor: No está lo suficientemente reconocida.

The Road, de John Hillcoat

Adaptar la novela “La Carretera” de Cormac McCarthy suponía un reto, cuando uno lo lee se siente inmerso en la odisea llevada a cabo por un hombre y su hijo a través de una tierra devastada por un cataclismo no especificado que puso fin al mundo tal y cómo lo conocemos. Es una historia de supervivencia, que además habla de forma terrorífica sobre la condición humana, narrada de forma áspera y directa que deja en el lector una huella de incertidumbre acerca del futuro que nos aguarda. Cabría esperar que la película consiguiera ese mismo sentimiento, sin embargo la traslación al cine queda un poco por debajo.

Ni que decir tiene que la traslación es fidedigna al 100%. Todo lo que detalla el libro sucede en la cinta y está magníficamente trasladado técnicamente, pues podemos sumergirnos en ese panorama grisáceo gracias a la estupenda fotografía del español Javier Aguirresarobe y a los cuidado decorados. Ahora bien, el modo de narrar la cinta peca de ciertos detalles que, para mí, la impiden ser tan grande cómo prometía. Por ejemplo, el uso de la voz en off del hombre, innecesario. Es como si el director John Hillcoat no estuviera seguro de la fuerza de las imágenes, o bien temer que una cinta prácticamente muda (como debería haber sido) resultara demasiado anticomercial. Es como ir en contra de la novela base, que invitaba a una narración extremadamente visual, y me remito a la anterior adaptación de McCartney, “No es país para viejos”, ejemplo perfecto de narración sustentada en las imágenes. Otro toque que me sobra en la cinta son los flashbacks, si bien se hacía alguna alusión en el libro al pasado, en el film hubiera sido mucho más impactante no conocer nada previo de los dos viajeros. A pesar de esos detalles, que me chirrían a modo personal, la cinta no deja de ser impactante, y mucho más lo será para aquel que no conozca nada de ella. Es un viaje a través del horror, no solo escenificado por medio de los paisajes sino también de los personajes que lo pueblan y que llega a demostrar cómo el ser humano puede llegar a perder su humanidad poco a poco con tal de sobrevivir.

Para conseguir plasmar una historia de estas características hace falta un reparto que dé vida a los personajes. Viggo Mortensen sigue demostrando un gran nivel interpretativo como el hombre, cuyo mayor deber es proteger lo que más ama, su hijo, al que da vida Kodi Smith-McPhee, verdadero rayo de esperanza e inocencia en todo el relato. Entre los secundarios tenemos breves colaboraciones de Charlize Theron, Robert Duvall o Guy Pearce.

“The Road” es una película fidedigna a su homónimo literario, que posee imágenes sobrecogedoras a través del viaje que propone.

Lo Mejor: Su fidelidad al libro. El reparto. La fotografía.

Lo Peor: La voz en off sobra.

Up in the Air, de Jason Reitman

Tras el éxito de “Juno” (bastante sobrevalorada para mi gusto) muchos esperaban la nueva cinta de Jason Reitmna, hijo de Ivan Reitman, el cual ejerce como productor de la película. Una vez más la crítica se ha rendido a sus píes, y eso siempre eleva las perspectivas. Afortunadamente, el resultado está por encima de la historia de la adolescente embarazada.

Ryan Bingham trabaja para una empresa que despide a empleados de empresas ajenas, viajando la mayor parte del tiempo por todo el Estado. Pronto Brighman conocerá a Alex, una mujer que viaja tanto como él, y a Natalie, la nueva promesa dentro de su empresa.

He aquí una película que sabe conjugar crítica social con la historia de ficción. La historia gira en torno a Bingham, experto en despedir a personas y en ofrecerles una puerta abierta a la esperanza. Su trabajo no es nada fácil pero lo ejerce a la máxima perfección, trasladándose irrefrenablemente de un punto a otro del País. El viajar sin freno ha hecho que Bingham se haya creado un estilo de vida basado en no crear un gran vínculo que lo ate a un lugar concreto, llevando siempre lo imprescindible en la maleta. Viviendo de aeropuerto en aeropuerto, y durmiendo en un lugar diferente, nuestro protagonista se siente completo. Su mayor ilusión: llegar a una cantidad de kilómetros aéreos que lo sitúen en un lugar privilegiado dentro de la historia de los viajeros. Por supuesto la imagen de hombre feliz y perfecto que parece transmitir Ryan se descalabra a medida que conocemos más de su vida. El no querer crear una familia, no tener apenas conexión con los miembros de su familia y ese síndrome de Peter Pan lo convierten en una persona solitaria que no tiene más aspiraciones en la vida que las de coleccionar puntos en sus tarjetas. Así pues nos encontramos ante otra historia que describe la soledad a través de un estilo de vida.
En cuanto a la crítica social la encontramos, en primer lugar, en los despidos, que nos llevan a la crisis económica que vivimos estos días. Si ya es difícil despedir a alguien se muestra una forma aún más inhumana de hacerlo, mediante videoconferencia. El uso de la informática en las relaciones personales, y cómo las deshumaniza, se muestra muy bien en el film, ya no solo mediante el sistema “revolucionario” de despido, sino en cómo a uno de los protagonistas le deja su pareja. Además se describe la vida de los viajeros habituales por motivos laborales, quienes coleccionan tarjetas de crédito para conseguir mejores ofertas y ser mejor tratados que el resto haya donde van.

La película está bien dirigida por Jason Reitman, quien planifica con elegancia y narra la historia a la perfección. A resaltar cómo encuadra a Ryan, casi siempre subrayando la soledad que rige su vida mediante esos planos generales que nos lo muestran a solas en una habitación. La mayor virtud de Reitman es que sabe en lo que debe apoyarse, los actores, maravillosos todos ellos, y en el sólido guión coescrito junto con Sheldon Turner basándose en el libro de Walter Kim. Actualmente parece que Turner y Reitman se han peleado debido a que el primero ha acusado de plagio al segundo. Sea como fuere, el guión es realmente bueno, los diálogos están muy bien elaborados, situaciones bien planteadas, con referencias a “Amélie” inclusive, y la metáfora de la maleta me ha llegado.

Aún así no considero a “Up in the Air” como una cinta excelente. He estado pensando al respecto y creo que las razones son primordialmente dos. Primero, la imagen amable que desprende. Cierto que en estos tiempos de crisis es bueno tener esperanza pero me parece que la película posee sobrecarga, y ese subrayado esperanzador final no ayuda. Encima la imagen visual del film es demasiado limpia, llena de colores claros, en especial blancos y azules, que convierte a todo aeropuerto que aparece en un ejemplo de limpieza impecable. En segundo lugar me cuesta ver una conclusión clara a la historia del protagonista, siendo muy retorcido diría que tanto al principio como al final es la misma persona y no ha aprendido nada junto a Natalie y Alex, pero luego, meditando un poco, podríamos entender que el personaje ha aceptado ya no solo su estilo de vida, sino su razón de ser en el mundo.

La selección musical es acertada pero la composición de Rolfe Kent es inexistente, tan solo aparece en dos ocasiones a lo largo de toda la cinta.
El montaje es interesante, mostrando el destino al que se dirigen los protagonistas desde un gran plano general aéreo y el nombre del mismo.
George Clooney encabeza el reparto de forma excelente, dando vida a ese hombre que viaja sin parar y cuyo trabajo consiste en despedir a la gente de la forma más suave posible. De los papeles que ha hecho el ex doctor de “Urgencias” éste es de los mejores sin duda alguna, pues representa muy bien esa fachada de perfección que esconde cierta miseria. Vera Farmiga es Alex, otra viajera habitual que se tropieza con Ryan y comienza una relación basada en tener encuentros placenteros haya donde coincidan dentro de sus rutas. Farmiga personifica a la perfección a la mujer de clase media-alta ataviada con traje y que crea su propia vida aparte cuando está de ruta. Anna Kendrick es la gran sorpresa dando vida a Natalie, la recién llegada a la empresa de despidos que ha inventado un nuevo sistema para trabajar. La actriz desprende cierta pizca de repelencia propia de la primera de la clase, pero por otra demuestra la inmadurez de una inexperta en el campo laboral al que pertenece. Entre los secundarios encontramos a Jason Bateman, Amy Morton, J.K. Simmons, Melanie Lynskey, Zach Galifianakis o Sam Elliot.

“Up in the Air” se erige como una de las favoritas en la carrera de Premios, de los cuales ha ganada gran parte hasta que ha llegado a los Globos de Oro y se ha tenido que conformar solamente con el de Guión.

Realizada con profesionalidad, “Up in the Air” es una historia humana que tiene en sus actores y el guión la mejor carta de presentación, lo cual no es poco. Una buena película.

Lo Mejor: Los actores. El guión.

Lo Peor: Exceso de amabilidad.

Hachiko, de Lasse Halström

No tenía ningún interés en ver la nueva película de un director tan decente, y que me ha alegrado más de una sesión de cine, como Lasse Hallström hasta que leí el comentario que le dedicó Ángel en su blog. Y es que cuando me dicen que en una película se llora tengo que descubrir que, efectivamente, así es.

La peli se basa en una historia real ocurrida a principios del S. XX en Japón. No diré nada más porque sería quitarle toda la gracia a la película.

Bien, la película, hablando malamente, sería ideal para emitirla en sesión matinal en cualquier cadena de televisión. Todo se muestra light, de forma amable, poseyendo un espíritu capriano eficaz en donde los personajes demuestran mucha bondad y simpatía. Ahora, la razón fundamental para verla es Hachiko, el perro fiel. Ni Richard Gere, ni Joan Allen, ni todo el elenco de secundarios pueden hacerle sombra a este perro de inmensa humanidad que hace honor al dicho “El perro es el mejor amigo del hombre”. Estamos frente a una historia de buenos sentimientos que refleja el significado de fidelidad en su máxima expresión. Para hablar de técnica cinematográfica y demás parafernalias ya tendremos otras películas porque ésta se sustenta en la propia historia en sí, narrada de manera correcta y que, SI, consigue arrancarnos alguna que otra lágrima de más.

El Secreto de sus Ojos, de Juan José Campanella

cartel-el-secreto-de-sus-ojosBenjamín Esposito es un jubilado que trabajaba como funcionario de un Juzgado Penal. Esposito no consigue olvidar los hechos que marcaron su vida en 1974, cuando se cometió el asesinato de una joven y se enamoró de su superiora en el Juzgado. Pronto toma la decisión de escribir un novela sobre dichos hechos que le ayuden a intentar resolver qué sucedió.

Poco puedo decir sobre este maravillosa película que nos ha regalado Juan José Campanella. Desvelar demasiado sería privar al espectador de toda sorpresa e imposibilitarlo a disfrutar de una de las historias más duras y románticas que nos han llegado en mucho tiempo. Funciona de manera perfecta como thriller y como drama romántico. Temas como la amistad, la incompetencia de la Justicia, el amor, el sufrimiento, la sombra del pasado o la venganza se dan de la mano en un film que me ha rememorado aquella otra gran película titulada “Erase una vez en América” de Sergio Leone, debido a que ambas son narradas por medio de flashbacks perfectamente encadenados y porque en ambas la historia de amor acaba calando más que la trama criminal.

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El Padrino: Parte III (The Godfather: Part III), de Francis Ford Coppola

godfather_part_iii_ver1Siguiendo el dicho de que no hay dos sin tres la Paramount le pidió a Coppola un nuevo Padrino. Habían pasado quince años desde “El Padrino: Parte II” y el director no pudo rehusar la oferta debido a la crisis comercial por la que estaba pasando su carrera. De nuevo Coppola se reunió con Puzo para escribir el guión y crear una historia completamente original.
La línea argumental que se eligió sería la búsqueda del perdón por parte de Michael Corleone y la cesión de poder al hijo bastardo de Sonny. Como telón de fondo, además de Nueva York, se eligió Sicilia y hechos históricos que tuvieron como protagonista al Banco del Vaticano.
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