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Drama

La Red Social, de David Fincher

“Obra Maestra” “El Ciudadano Kane de nuestro tiempo” “La Mejor película de Fincher”. Creo que dichas frases son un tanto excesivas, y es que la última película del director de “Se7en”, que narra la creación de Facebook y los distintos litigios que existieron por reclamar la autoría del mismo, me resulta desde ya, gracias a esos comentarios, sobrevalorada.

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Érase una vez en América (Once Upon a Time in America), de Sergio Leone

Adaptar la novela “The Hoods” de Harry Grey fue para Sergio Leone una meta que debía cumplir desde que la descubriera a finales de los 60. Tras conseguir los derechos de la novela a mediados de los 70, varias reelaboraciones de guión y encontrar por fin financiación con la ayuda del productor Arnon Milchan el director italiano dirigió la que es para muchos, entre los que me incluyo, su Obra Maestra.

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Cop Land, de James Mangold

Un joven agente de policía de Nueva York se tropieza de regreso a casa con unos muchachos que lo embisten, lo cual hace que les dispare en el puente George Washington provocando que se estrellen y mueran. Debido a eso el agente decide tirarse del puente frente a todos sus compañeros. Aún así el cuerpo del chico no se encuentra y se abre una investigación que tiene como objetivo el condado de Garrison en Jersey, poblado por policías.

A finales de los 90 apareció éste policiaco de corte clásico cuyo mayor reclamo era contar con un reparto de primera clase encabezado por Silvester Stallone, que descendió considerablemente su salario a la par que ascendía de peso para dar vida al sheriff del pueblo donde se desarrolla el film.

La trama se abre con el percance descrito anteriormente, en que Superboy, el agente de policía, comete el error de disparar contra unos chicos desarmados por miedo. A partir de ese momento se desencadenará entre los miembros del pueblo, todos policías, un síntoma de incertidumbre y malestar debido a las inoportunas investigaciones que está realizando el departamento de Asuntos Internos liderado por Moe Tilden.
El pueblo de Garrison se ha convertido en el paraíso para los policías. Es el condado más seguro de todo New Jersey, y eso es porque lo habitan agentes de la ley que lo dominan como les viene en gana sin tener que rendir cuentas a nadie, ni siquiera al sheriff, para cuyo cargo escogieron a un antiguo héroe local que padece una deficiencia auditiva que le impidió entrar en la Academia de Policía. Parecería que Garrison es el lugar idóneo para vivir, pero, como siempre, algo huele a podrido. A medida que avanza la historia comprobamos que Garrison es como una mafia donde existen varias reglas de marcado tono discriminatorio. La primera, y más evidente, es que si no eres policía, o familia de policías, no tienes derecho a vivir entre ellos, la segunda es que tus ojos y oídos deberán estar siempre cerrados cuando veas una infracción cometida por algún miembro de la comunidad en que vives, y, para terminar, se demuestra su carácter racista, además de por varios comentarios al respecto, al no observar a ninguna persona de color viviendo entre ellos. Así esa sociedad “perfecta” demuestra tener tantas fisuras como cualquier otra región.

“Cop Land” debe mucho a dos grandes clásicos del cine, “Solo ante el Peligro” y “La Ley del Silencio”, y ambos podemos verlos en la figura del sheriff del condado. Freddy Heflin es la máxima representación de la ley en el pueblo, nadie debería estar por encima de él por mucha placa que lleve, sin embargo las cosas no son así y el pobre sheriff es un títere gobernado por los policías que le otorgaron el puesto. Lo más que hace es poner alguna que otra multa y apuntar si la basura ha sido depositada en el lugar correspondiente. Es un santurrón que no quiere meterse en líos y que aparenta no enterarse de nada de lo que sucede. Será la presencia de Moe Tilden en su pueblo lo que le hará reaccionar y debatirse entre seguir en silencio o hacer lo correcto.
Heflin se asemeja así al personaje de Brando en la película de Kazan, un pobre al servicio de la mafia que parece saber menos de lo que en realidad sabe y al que creen tener bajo control sin posibilidad de abrir la boca pero que acaba mostrándose como un hombre que resuelve actuar por sí mismo. Referente a “Solo ante el Peligro” tenemos el tramo final en que todos los que parecían estar del lado de Heflin le dan la espalda dejándolo solo para enfrentarse a los policías corruptos que han estado gobernado su ciudad sobre su figura.

El guión y la dirección de la cinta corren a cargo de James Mangold, hoy en día de capa caída tras el estreno de “Day and Knight”. Mangold realizó con ésta su segunda película tras la buena acogida que tuvo su debut, “Heavy”, y demostró ser uno de los nuevos valores del panorama USA. “Cop Land” es una cinta sobria, directa, sustentada en un buen libreto que ejecutan actores representativos del género. La trama se desarrolla de forma eficaz y honesta, nunca se nos esconde ningún detalle, lo cual hace que se nos ponga en el lugar del sheriff, el cual observa en su primera escena cómo su amigo Figgis intercambia una bolsa con una compañera del servicio de artificieros que luego tendrá importancia. El tramo final en que Heflin va en busca de sus antiguos amigos posee garra y emoción mostrándonos los hechos en leve cámara lenta con el sonido casi apagado, no en vano, pues a nuestro protagonista le acaban de disparar en su tímpano sano y padece en ese momento una sordera casi total.
Como puntos flacos he de decir que no me gusta el subrayado final en que la voz del personaje interpretado por De Niro aparece nuevamente (lo hace por primera vez al principio) para remarcar la buena acción del sheriff y lo que ello conllevó, reafirmando, por si no nos había quedado claro, que nadie está por encima de la ley, así como tampoco me gusta esa escena en forma de epilogo en que nuestro sheriff aparece embobado observando el puente que separa Nueva York de Nueva Jersey y en donde comenzó toda la historia.

El guión es bueno y vuelve a denunciar la corrupción que existe en los departamentos de policía, en este caso el de Nueva York, condensando la historia en un pequeño escenario urbano que funciona como otro personaje más.
El reparto es otro de los pilares básicos del film y pone de manifiesto la naturaleza de homenaje al género policiaco que tiene el film. Tenemos muchos rostros scorsesianos conocidos, como Harvey Keitel, Ray Liotta, Robert De Niro, Cathy Moriarty o Frank Vincent, los cuales cumplen con su cometido de manera sobrada mostrando una gran profesionalidad. Además de ellos tenemos otros rostros del género, que luego aparecieron en “Los Sorpano”, como Annabella Sciorra. También encontramos a Jason Patrick, Janeane Garofalo, Michael Rapaport, Noah Emmerich o al también director Peter Berg.
La sorpresa del film es el que encabeza a todos ellos, Silvester Stallone, quien intentó dar un giro de 180 grados a su carrera con el papel del sheriff Freddy Heflin. A veces estar rodeado por buenos actores hace que uno sea mejor de los que es, y este caso que nos ocupa puede dar buena fe de ello. Stallone se entregó al papel, engordó 15 kilos y descuidó su forma física para dar vida al personaje, todo un bombón sobre el papel, honrado, sordo de un oído, enamorado de una mujer que está casada con un verdadero agente de policía. Vamos, un papel digno de Oscar. Y lo cierto es que si, Stallone hace el mejor papel de su carrera desde “Rocky”, en la cual también daba vida a un personaje con gran corazón que servía a la mafia. Será que dar vida a personaje con más corazón que músculos le va mejor. Aún así, tras “CopLand”, Stallone se dio unas inesperadas vacaciones del mundo del cine. Al año siguiente sólo presto su voz para “AntZ” y no sería hasta el 2000 cuando volvería a aparecer con el pobre remake de “Get Carter”. Una pena porque aquí parecía mostrar intenciones de tomar otra dirección en su carrera.

La película se estrenó en verano de 1997, una fecha bastante errónea para un film de éstas características según mi opinión, pero en la que consiguió una decente cifra en taquilla debido a su bajo presupuesto de 15 millones de dólares.
Aunque no tuvo toda la repercusión que se esperaba de ella viendo el elenco que la protagonizaba, “CopLand” es una cinta a reivindicar. No es una gran película, pero si un honesto y buen policiaco realizado con buen oficio por parte de todos los implicados.

Lo Mejor: El aroma a buen cine que desprende. El reparto.

Lo Peor: La voz en off final y su epilogo.

El Curioso Caso de Benjamin Button, de David Fincher

El relato de F. Scott Fitzgerald sobre un hombre que rejuvenece en lugar de envejecer fue tanteado por varios directores. Cuando los derechos los compraron Frank Marshall y Kathleen Kennedy el nombre que sonó con más fuerza fue el de su amigo y colaborador Steven Spielberg, con John Travolta como uno de los actores barajados para dar vida al protagonista. Sin embargo dicho proyecto no se llevó a cabo quedando guardado en los cajones de la productora hasta que llegaron Eric Roth y David Fincher. El primero se encargaría de escribir el guión mientras el segundo se pondría tras la cámara para darle vida.
El proyecto fue ganando mucha más envergadura cuando se anunció que Brad Pitt lo protagonizaría, siendo la tercera vez que se pondría bajo las ordenes de Fincher, junto con Cate Blanchett. El presupuesto ascendió a cerca de 200 millones de dólares debido a los revolucionarios efectos visuales que se usarían.

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El Último Tango en París, de Bernardo Bertolucci

Una mañana de invierno. Un hombre y una mujer se encuentran en un piso vacío que se alquila en Paris. Tras cruzar unas breves frases hacen el amor de forma salvaje. Después acuerdan verse en ese mismo piso esporádicamente.

Tras largo tiempo leyendo de todo acerca de ella por fin he visto la película dirigida por Bernardo Bertolucci en 1972. De sobra es conocida la cinta por la gran controversia que causó, era la primera vez en el cine comercial que se mostraba el desnudo femenino de forma tan explicita. Sin embargo, tras toda esa publicidad que la cataloga como “erótica” se haya una intensa historia dramática que gira en torno a dos personas que huyen de su realidad para sentirse libres en ese piso a través del sexo.

El tango es el baile entre un hombre y una mujer en que suelen expresar las tristezas, especialmente en las cosas del amor, que sienten. En el film nuestros protagonistas nunca bailan el tango, el cual hace aparición al final solamente, pero si bailan otro baile carnal, el del deseo, por el cual expresan sus emociones escondidas.
La pareja protagonista está formada por Paul y Jeanne. Él tiene 45 años, ha tenido una vida llena de incontables trabajos hasta acabar regentando un hotel en París. Pero una desgracia acaba de suceder y Paul se encuentra en un estado desequilibrado. Jeanne es una joven descendiente de una familia burguesa que tiene un novio director de cine, el cual pretende filmarla para contar la historia de su vida. Una vez conozca a Paul y comiencen su historia de pasión tendrá sentimientos encontrados, demostrando estar en conflicto con sí misma.

Nada de nombres. Esa es la principal regla que pone Paul a la chica que acaba de conocer, y con la que ha tenido sexo, en el piso. Aunque a medida que avancen sus encuentros contarán experiencias de su vida nunca podrán decir un nombre, ya que eso destruiría la relación que están manteniendo. Son dos desconocidos atormentados e infelices en su vida diaria que se sienten libres dando rienda suelta a sus deseos carnales encerrados entre cuatro paredes, como si el mundo exterior no existiera.

La película tiene tres hilos arguméntales. La relación entre Paul y Jeanne es la base, y las dos historias individuales, más secundarias, fuera del piso que viven cada uno y nos describen su vida. La de Jeanne quizás sea la más floja y la que hace cojear el conjunto, y es que en ella se nos narra la relación de la chica con su novio, un joven y pesado director de cine que no piensa en otra cosa que en cómo sacarla en cámara.
Muchas más fuerza e interés tiene la trama de Paul, verdadero protagonista de la cinta, un ser enfermizo que esta cansado de la realidad que lo rodea y ansía vivir en soledad.

Tres nombres hacen posible que “El Último Tango en París” sea una película maravillosa. En primer lugar el director, el italiano Bernardo Bertolucci, que con 32 años realizó con ésta su sexta película. La panificación, la forma de elaborar las escenas, los movimientos de cámara que se asemejan al baile que da título al film y con el que se inicia el epilogo que cierra la historia consiguen un resultado de una belleza formal irreprochable, con un lirismo visual que transforma una historia dura y enfermiza en una dolorosa balada que no depara más que tragedia. Bertolucci se esfuerza por saber definir a los personajes en todo momento, mostrándonos la soledad que los envuelve y que les hace infelices en su vida diaria.
Tal vez haya tramos que choquen o resulten a día de hoy ridículos, como el momento en el andén de tren en que Tom golpea a Jeanne, pero son tramos cercanos a ese cine verité que se realizó en Europa en la década de los 60 y 70.

En segundo lugar tenemos al director de fotografía Vittorio Storaro, encargado de crear el juego de luces y sombras que ayudan a dramatizar la historia. El personaje de Paul se nos presenta dentro del piso como un hombre que busca la oscuridad en todo momento, se siente cómodo entre las sombras, aislado de todo, pero la llegada de Jeanne hace que la luz exterior entre y con ella el desenfreno y despertar sexual.
Hay que mencionar el buen uso que se le da a las cristaleras a través de las cuales se nos definen las figuras que se encuentran tras ellas, así como también la utilización de la profundidad de campo, como en la escena que abre el film, en que la figura de Jeanne aparece desenfocada tras Paul para luego ser al contrario y quedar él desenfocado tras ella.

Por último tenemos al gran Marlon Brando brindando una de las mejores interpretaciones de su carrera. La cinta se estrenó un año después de que el actor interpretara “El Padrino” realizando en ésta ocasión un personaje totalmente opuesto al patriarca de los Corleone, pues Paul siente animadversión hacia la familia y se comporta como un loco en muchas ocasiones. Brando está pletórico como el americano que vive en París, desprendiendo su enorme magnetismo durante todo el metraje, componiendo un animal desatado que oculta su tristeza y que recita monólogos como nadie, siendo escalofriante el que tiene junto a su fallecida esposa.
El actor improvisó en varios momentos y fue él quien sugirió la famosa escena en que sodomiza a Maria Schneider usando mantequilla, la cual se rodó a la primera y en la que la actriz lloró de verdad.

El guión está escrito por el propio Bertolucci y Franco Arcalli, componiendo un libreto en donde se tratan temas como el dolor, la pasión, la muerte, los recuerdos ó los sueños.
La Banda Sonora está compuesta por Gato Barbieri, creando el conocido tema principal.

Acompañan a Brando en el reparto la joven Maria Schneider dando vida a Jeanne, la cual se deja seducir por el desconocido americano que conoce en el piso vacío. Schneider aporta su juventud y frescura a un personaje contradictorio, pero no creo que brille especialmente, claro que estar frente a un genio tampoco la ayuda. Jean-Pierre Léaud es Tom, el novio de Jeanne y cineasta de la nueva ola, un hombre más preocupado del resultado de la película que de la vida de su novia. Maria Michi es la suegra de Paul, una mujer dolida por la perdida y por ver el estado en que se encuentra su yerno. Massimo Girotti es Marcel, huésped en el hotel que comparte con Paul algo más que una simple relación comercial.

La película tuvo problemas entre varios sectores de la censura pero no por ello recibió elogios, siendo nominada a los Oscars para Mejor Director y Actor.

“El Último Tango en París” es la madre de todas las películas posteriores que tenían como demanda el erotismo. Bella, triste, trágica. Una película que hay que ver.

Lo Mejor: La puesta en escena a cargo de Bertolucci y Storaro. El gran Brando.

Lo Peor: La historia de Jeanne en solitario no me atrapa tanto como el resto.

Dancer in the Dark, de Lars Von Trier

Sufrimiento. Agonía. Desesperación. Tristeza. Impotencia. Esos sentimientos despierta “Dancer in the Dark”, película que cerraba la llamada Trilogía “Corazón Dorado” del director Lars Von Trier, iniciada por “Rompiendo las Olas” y seguida por “Los Idiotas”.

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El Color del Dinero, de Martin Scorsese

“El Color del Dinero” es una de las películas que han marcado mi vida cinéfila. Si la memoria no me falla fue a principios de los 90, cuando se reponía en más de una ocasión por televisión, cuando la vi por primera vez, siendo ésta la primera película que vería de Martin Scorsese, claro que por aquel entonces (apenas había excedido la década de vida) para mi era una película protagonizada por el guaperas de Tom Cruise acompañado por un señor que imponía respeto y al que se le tomaba cariño. Así fue como descubrí a ese genio llamado Paul Newman, protagonizando una película del que sería con el tiempo uno de mis directores favoritos.

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El Club de los Poetas Muertos, de Peter Weir

¡Oh capitán, mi capitán!

El género estudiantil es uno al que siempre ha echado mano Hollywood para realizar todo tipo de producciones, ya sean comedias musicales (Grease) o dramas con temática social (Rebelión en las aulas). En la gran mayoría de películas con profesor se intenta transmitir un mensaje, consiguiendo que los alumnos, generalmente indisciplinados, encaucen sus vidas. A partir de los 90 casi todas las cintas, dramáticas, de profesores han bebido de la película dirigida por Peter Weir en 1989, con guión de Tom Schulman.

Nos encontramos en 1959 en el prestigioso Instituto Privado Welton para Jóvenes Estudiantes de Estados Unidos. A un pequeño grupo de estudiantes está a punto de cambiarles la vida gracias al nuevo profesor de literatura, quien les inculcará importantes valores que los lleven a luchar por lo que quieren.

Al contrario que en otras producciones escolares, aquí no nos encontramos con estudiantes maleducados ni revoltosos, sino frente a un grupo de estudiantes elitista que aspira a conseguir un renombrado puesto de trabajo el día de mañana. Son muchachos que viven bajo el conservadurismo y la estricta moral predominante en la institución y bajo la presión paterna, sintiéndose oprimidos por las decisiones que toman por ellos. Pertenecen a una larga dinastía de estudiantes que han acabado triunfando en la vida alcanzando grandes metas, pero ¿de qué sirve llegar tan alto si eso no da sentido a tu vida?

Carpe Diem. El emblema de la película. Verdadero grito de guerra para todos los idealistas que buscan extraer de cada momento algo que complete sus vidas, viviéndolo al máximo. Ese el gran tema de la película, el descubrimiento de que la vida pasa una sola vez como para desperdiciarla.
La primera aparición de John Keating frente a los chicos se produce en un hall en donde se exponen fotos de antiguos alumnos. Los muchachos observan a los que antiguamente caminaron por esos mismos pasillos y estudiaron en las mismas aulas que ellos. No son muy diferentes, salvo que la gran mayoría de los que aparecen en las fotografías han muerto. Ya nadie los recuerda, por muchas metas que hayan alcanzado al final han acabado como cualquier persona. Por eso Keating les transmite a sus nuevos alumnos el Carpe Diem, demostrando ser un profesor peculiar, que no se centra en los libros de texto para dar clase, de hecho hace arrancar a sus alumnos la introducción del libro de Poesía porque le parece un excremento todo lo que se dice en él sobre cómo entender la poesía, cuando, como todo arte, debe hacernos sentir, sin preocuparnos por las formas, figuras y demás elementos que la componen. Keatin quiere que sus alumnos piensen por ellos mismos.

John Keating es el guía y la inspiración para gran parte de los alumnos protagonistas. Gracias a él descubrirán el club de los poetas muertos, una antigua agrupación de jóvenes que se reunía en secreto para leer textos poéticos y así sentirse libres. A partir de ese momento nuestros protagonistas se descubrirán a sí mismos y serán capaces de luchar contra sus miedos. Charlie Dalton es el componente más rebelde y pícaro, será capaz de plantar cara a la propia institución Welton pidiendo que se admitan chicas. Knox Overstreet deja de ser uno más cuando conoce a Chris, novia del hijo de unos amigos de sus padre, por la cual sentirá un irrefrenable sentimiento de amor. Richard Cameron sigue a sus compañeros pero no llega a compartir la misma pasión, demostrando ser un cobarde que teme perder su plaza en el Instituto. Neil Perry es uno de los alumnos con más prestigio del Instituto, que se prepara para ser médico por expreso deseo de su padre, sin embargo el joven sueña con expresarse sobre un escenario convirtiéndose en actor, pero el miedo hacía su figura paterna le impide explicárselo y acabar de forma trágica. Todd Anderson no solo sufre la presión de sus padres sino también la de la sombra de su hermano, quien estudió en Welton antes que él graduándose con grandes notas. Todd se descubre como una persona extremadamente tímida que acaba encontrando su voz.

La conjunción entre la imagen y el texto es extraordinaria. Peter Weir consigue transmitir en todo momento verdad engrandeciendo un guión ya de por sí fabuloso. El director australiano rueda de manera clásica, con especial atención a los actores, quienes forman parte del alma de la cinta.
Weir crea secuencias emocionantes, elevando la situación dramática que se nos describe. Por ejemplo el momento en que Todd Anderson tiene que recitar un poema. El director lo rueda en un travelling circular que acentúe el agobio que está sintiendo el personaje para acabar en un leve contrapicado que subraye su triunfo. Tras esta secuencia tiene lugar la escena que da origen al conocido poster, en que los muchachos, inspirados, juegan al futbol acompañados por el Himno de la Alegría.
Aunque no podemos catalogar a la cinta como juvenil, si que posee características para entrar en ese rango. Los protagonistas son jóvenes estudiantes, es lo primero y más obvio, luego tenemos el episodio de fiesta de instituto en donde Knox intenta acercarse a Chris, pero el momento en que más se acerca al cine juvenil para todos los públicos es cuando los muchachos se dirigen por primera vez a la cueva india en donde tienen lugar las reuniones secretas. Caminan de noche con sus abrigos, encapuchados, consiguiendo que sus figuras recuerden a magos o a criaturas fantásticas. La noche siempre otorga al film un toque de misterio y ensueño, hasta llegar al triste acontecimiento que protagoniza Neil.

Uno de los rasgos más interesantes es cómo se contrapone, tanto visual como argumentalmente, el ambiente interior del exterior. Los jóvenes están encarcelados entre los muros de Welton, ya sea en sus aulas o en sus habitaciones, bajo los principios conservadores de “Tradición”, “Honor”, “Disciplina” y “Grandeza” hasta que aparece Keating y los saca fuera. Las clases del profesor son en gran parte fuera del aula, insistiendo en que los muchachos necesitan escapar y descubrir cualidades propias que no se aprenden en clase. Si las secuencias interiores poseen un tono algo claustrofóbico y monótono, las secuencias en el exterior siempre denotan libertad, con los grandes campos y bosques que rodean la institución invitando a ser explorados y disfrutados. El momento en que Knox Overstreed va en bicicleta y espanta a una manada de pájaros representa muy bien esa sensación.

Hablar de “El Club de los Poetas Muertos” es hablar de uno de los finales más emocionantes de la Historia del Cine. Cuando todo parece acabar mal y los chicos han fracasado contra sus padres y la institución aparece por última vez el profesor Keating en el aula para recoger sus cosas. Sus alumnos, con Todd a la cabeza, sienten que ha llegado la hora de plantar cara a las reglas. Sobran las palabras para describir este maravilloso momento, solo decir que siempre que veo la película el vello se me pone de punta con el grito de “¡Oh capitán, mi capitán!”.

El guión escrito por Tom Schulman ganó merecidamente el Oscar de 1989 a Mejor Guión Original, y no es para menos. La verdad que exhala el film es una de las razones por las que “El Club de los Poetas Muertos” se ha convertido en uno de los referentes dentro de las películas escolares. Los muchachos protagonistas son creíbles en todo momento, acordes a la edad y con apariencia de niños bien. Las conversaciones entre ellos poseen autenticidad y sus actos son del todo comprensibles. Keating posee las frases más elaboradas y destinadas a ser recordadas, entre ellas tenemos “Solo soñando tenemos libertad, siempre ha sido así y siempre lo será.”. A pesar de la fortaleza del guión, encontramos un breve desliz en el momento en que Keating imita a varios actores recitando a Shakespeare, y es que Brando en 1959 no había interpretado aún “El Padrino”.

El hecho de que Keating posea momentos cómicos se debe al actor que le da vida, un Robin Williams soberbio en su vena dramática, capaz de transmitir al espectador tanto como a sus alumnos en el film. John Keating es uno de los personajes más entrañables y queridos que nos ha dado el cine. El plantel de jóvenes secundarios es excelente y supera a cualquier reparto actual que intenta dar vida a estudiantes de instituto. Robert Sean Leonard es Neil, el joven que sueña con ser actor. Leonard es el soñador por excelencia del grupo, pero que no puede vencer a su figura paterna. Ethan Hawke es Todd, el tímido joven que acabará revelándose. Gale Hansen es Charlie, el temerario. Josh Charles es Knox, el romántico. Dylan Kussman es Cameron, el soplón. Norman Lloyd es el Sr. Nolan, director de Welton, figura autoritaria y dictatorial dentro de la institución. Kutwood Smith es el Sr. Perry, padre de Neil, quien no quiere para su hijo más que sea médico, privándolo de cualquier otra actividad.

La Banda Sonora corre a cargo de Maurice Jarre y es una preciosidad, intimista y elegante, otorgando a la cinta un aroma de tristeza.

La película fue un éxito y consiguió cuatro nominaciones a los Oscars: Película, Dirección, Actor (Williams) y Guión Original, ganando éste último.

“El Club de los Poetas Muertos” es todo un canto a la vida, a la libertad de pensamiento, una película que inspira y que nos hace querer ser mejores personas.

Lo Mejor: Todo.

Lo Peor: Nada.

Candilejas, de Charles Chaplin

A la luz de las candilejas la vejez da paso a la juventud entre el sonido de los aplausos, ignorantes de la vida de los artistas a los que aplauden, pobres infelices que pintan su rostro con una máscara de felicidad. Es la historia de una joven bailarina y un viejo payaso.

Con “El Gran Dictador” Chaplin puso punto y final a su carrera muda. La cinta que criticaba de forma satírica el nazismo no sentó bien a gran parte de su público. Tras la II Guerra Mundial, Chaplin sería investigado por el comité de actividades antiamericano de McCarthy lo cual lo llevó al exilio. Esa época coincidió con la realización de “Monsieur Verdoux” y , en especial, con “Candilejas”, ultima gran Obra Maestra del artista.

“Candilejas” no es una cinta más en la carrera de Charles Chaplin. En ella encontramos tintes de lo más autobiográficos a través de una hermosa historia de amor en la cual Chaplin da vida a Calvero, antiguo payaso de éxito que vive olvidado por el público ahogando sus penas en alcohol. Al llegar a su domicilio el viejo payaso salva la vida a una joven vecina que ha intentado suicidarse. Momentos después la muchacha despertará y narrará a su salvador la triste historia en que intentó triunfar por medio del ballet hasta que una enfermedad se lo impidió. Será entonces cuando la vitalidad de la vejez empuje al pesimismo juvenil a conseguir sus sueños luchando contra las barreras que se le presentan.

En esta maravillosa historia encontramos temas como la redención, el amor, el paso del tiempo o la vida del artista. Calvero y Thereza son dos artistas de generación y estilos diferentes, pero artistas al fin y al cabo, que no viven su mejor momento por diferentes razones. El payaso lleva mucho tiempo sin actuar y no recibe ofertas a pesar de haber sido el mejor del mundo, la joven era una excelente bailarina hasta que la visión de su hermana ejerciendo un deshonroso oficio la marcó impidiéndole bailar. Ambos personajes encontrarán la redención gracias al otro, Calvero ayudando a Thereza a confiar en sí misma y triunfar, y ella apoyándolo y quedándose a su lado, lo cual los lleva a vivir un historia de amor cargada de ternura y respeto.
Está claro que Calvero es el alter ego del propio Chaplin, para dejarlo más claro no hay más que observar los carteles y fotos que adornan el hogar del payaso, entre los que descubrimos que una de sus caracterizaciones famosas era como vagabundo. Con Calvero asistimos a lo que vivió el autor en el momento en que dejó de ser Charlot y el cine sonoro hizo aparición. Ya no hay aplausos ni la gente acude en masa a ver sus películas, su edad de oro ha concluido para dar paso a una edad moderna en la que no tiene cabida. Tal es la situación que vive el personaje que a la hora de volver a subirse a un escenario lo hace mediante un pseudónimo, para no manchar el nombre que se labró durante años.

“Candilejas” podría ser la películas más dramática de toda la carrera de Charles Chaplin, al menos en ella encontramos la interpretación más triste y melancólica del actor, quien consigue emocionarnos a través ya no solo de su talento como expresionista gestual sino de sus frases, tan maravillosas e imborrables como “El tiempo es un gran autor, siempre escribe el final perfecto”. El libreto está bien estructura describiendo la vida de los artistas y poseyendo diálogos de carácter aleccionador que levantan el espíritu a pesar de las adversidades.
Respecto a la dirección y puesta en escena hay que decir que vuelve a saber conjugar secuencias de alto dramatismo con situaciones cómicas, aunque éstas queden en segundo plano. Nunca podré olvidar el momento en que el payaso acaba de realizar su actuación y descubre el patio de butacas vacío, o cuando Thereza está a punto de salir a escena y sufre un shock que solo desaparece por una fuerte bofetada de Calvero dando paso al talento de la joven sobre el escenario. Son secuencias dramáticas encadenadas con actuaciones teatrales, imprescindibles para describir a los protagonistas y demostrar su valía en el escenario.

La secuencia final al completo es pura emoción, sin lugar a dudas, a parte de su calidad fílmica, “Candilejas” será recordada siempre por conseguir unir en escena a los dos genios cómicos del cine mudo. El gran final de la cinta no sería el mismo si no estuviera protagonizado por Charles Chaplin y Buster Keaton, quienes ofrecen una divertida, a la vez que nostálgica, representación muda. Además el final no solo sirve para poner fin a la historia que se nos narra sino que ante nuestros ojos dejamos de ver al personaje Calvero para ver al propio Chaplin, quien, ya sí, entierra su personaje de vagabundo, quien cae rendido en los brazos de la muerte entre bambalinas mientras ante él, en el escenario, su joven bailarina sigue encandilando al público. La vejez da paso a la juventud. El espectáculo continua, aunque ahora riamos menos.

Charles Chaplin vuelve a demostrar su gran talento musical con una composición hermosa, de las más recordadas de la Historia, adaptada por diversa variedad de músicos.
Entre el reparto que lo acompañan destaca, como siempre, la pareja femenina Claire Bloom dando vida a Thereza. El hijo de Chaplin, Sydney, es Neville, el compositor que ama a la chica. Buster Keaton acompaña al que fuera considerado su gran rival en la secuencia de cierre, todo un regalo para los amantes del cine.

“Candilejas” no fue bien recibida en Estados Unidos, y en muchos países ni siquiera se vio hasta pasados casi veinte años. En 1973, un año después de que Chaplin recibiera el Oscar honorífico, le fue concedido el Premio a Mejor Música por la composición para la película.

Melancólica, triste, con tintes autobiográficos. La última gran película del genio.

Lo Mejor: Todo.

Lo Peor: No está lo suficientemente reconocida.

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