A la caza, de William Friedkin

El Agente de policía Steve Burns recibe la misión de encontrar a un asesino de homosexuales introduciéndose en los turbios bajos fondos de clubs nocturnos gays.

Llevaba tiempo queriendo ver esta película, no solo por Al Pacino, sino por su director, William Friedkin, hoy en muy baja forma, que supo crear películas de referencia como “French Connection” o “El Exorcista”, además del reivindicable policiaco “Vivir y morir en L.A.”. La sensación que me ha provocado “A la Caza” es similar a la que me provocó en su día “El Exorcista”, un malestar general durante su visionado por la crudeza y extremismo con la que el director muestra el mundo gay a finales de los 70.

La trama gira en torno a un policía que se infiltra entre homosexuales para atrapar a un asesino. Hasta ahí parece una película policiaca interesante. El problema surge cuando descubrimos que todos los homosexuales del film son clichés basados en los Village People y que nos recuerdan a los barbudos que regentaban La Ostra Azul en “Loca Academia de Policia”. No digo que no haya homosexuales así, pero que todos los que muestre el film estén cortados por el mismo patrón o sean travestís resta veracidad al relato.
Eso por un lado, por otro lado tenemos el mal rollo que nos provoca ver los crueles actos que realiza el asesino con sus víctimas, el más memorable, y altamente terrorífico, es aquel en que acaricia con su afilado cuchillo el pezón de su próxima víctima, coronado con el asesinato mediante cuchilladas en la espalda, similar al que se muestra en “Zodiac” de Fincher.
Es como si Friedkin quisiera incomodar al espectador introduciéndolo en los bares gays con una atmosfera malsana desde el principio en que unos policías abusan de unos travestías pasando por esos planos que muestran un mar de velludos varones sudando y amándose entre sí dentro de los clubs.

La película posee dos partes como son la infiltración de Burns dentro de ese mundo y una segunda en que el agente descubre a su presa y comienza a acosarla hasta atraparla.
Pues bien, si la primera parte posee esos momentos visuales de incomodidad la segunda demuestra que Friedkin no sabe exactamente que contar, echando por la borda la trama detectivesca. La película comienza haciendo alusión al asesino mediante un brazo amputado, para posteriormente no hacer más mención a las amputaciones, solo al cuchillo. En ningún momento se nos dice porque el asesino actúa así, ni aún con los recuerdos de su padre, y la forma que tiene Burns de cazarle es de lo más inverosímil, por no hablar de ridícula con los dos vestidos de la misma manera, en plan moteros.
El final bien podría significar que hay muchos más detrás de lo que parece con ese primer plano de los ojos de Burns mientras su novia se pone su uniforme de infiltrado. Eso podría decirnos que el verdadero asesino de la trama no es el que han cazado sino cualquier otro, incluso cabe la posibilidad de que Burns, tras haber sido exprimido por el caso y haber compartido tantos momentos con homosexuales, se haya convertido en asesino. Claro que eso queda en la opinión de cada uno.

Según cuentan Friedkin no ha sido nunca un excelente director de actores, a pesar de haber contado con verdaderas figuras de primer orden, y de que varias de ellas estuvieran nominadas al Oscar o lo ganaran. Decir que Al Pacino resulta ajustado en su papel sería quedarse corto. El magnífico actor no pega ni con cola como agente infiltrado por muchos abdominales y mucha camiseta corta que se ponga. Su mirada en algún que otro momento da fe de lo gran actor que es, pero no basta para el personaje en esta ocasión. Le secundan Paul Sorvino como el capitán Edelson, culpable de introducir a Burns dentro de ambientes que lo volverán algo desquiciado. Karen Allen es Nancy, novia de Burns, un personaje que pinta bien poco dentro de la trama.

Una película para ver y olvidar, que contiene escenas de lo más discutibles. Posiblemente el policiaco mas flojo del director junto a “Jade” que engrandece sus trabajos para “Vivir y morir en L.A.”.

Lo Mejor: Algún que otro momento en que la atmosfera habla por sí misma.

Lo Peor: Muestra una visión demasiado extremista y ridícula del mundo homosexual, además de no crear una trama policiaca decente.

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